[Crítica] «Un cementerio perfecto»: La narrativa zen de Federico Falco

La destreza del autor argentino en estos cuentos se encuentra en la forma bajo la cual su prosa nos hipnotiza a punta de detalles, mientras mastica la confusión de sus personajes con una claridad apabullante, además de la sensibilidad con la que otorga vida a estos mismos.

Por Alfonso Matus Santa Cruz

Publicado el 3.1.2026

Retornar al relato breve como quien vuelve a respirar el aire fresco de una mañana campestre, los yuyos empapados de rocío, las liebres que asoman entre los arbustos, el sol que comienza a entibiar la piel sin apuro mientras el mate calienta el cuerpo.

Pero no nos dejemos seducir por el idilio, tras toda atmósfera apacible palpita una luz lejana, una amenaza invisible, una muchacha dispuesta al sexo por el precio de la violencia, un engaño que alguien elige dejar de ver.

Esa ambigüedad entre la calma de las sierras cordobesas y los secretos y afanes a contracorriente de algunos personajes es lo que se respira de entrada al comenzar a zambullirse en los relatos de Un cementerio perfecto, el espléndido conjunto de cuentos del escritor argentino Federico Falco (1977) que ha sido reeditado por Anagrama.

Leyendo a Richard Ford o a Raymond Carver a veces uno se topa con relatos que orbitan alrededor de la vida de unos pocos personajes inmersos en la vida de los pueblos pequeños donde los infiernos a escala esperan a la vuelta de la esquina, como también la belleza a orillas de un arroyo o un cambio de vida cifrado por una pequeña conversación, por un encuentro entre desconocidos.

En la narrativa breve latinoamericana los entornos rurales pocas veces están bajo la lupa atenta de un narrador de fuste, con la excepción del maestro Rulfo, y más recientemente del peruano Luis Hernán Castañeda, pero entre los autores en activo quizá el más dotado para desglosar los avatares de la vida rural ha sido Federico Falco, que nació y reside en la provincia de Córdoba.

 

Un aporte a la tradición del mejor relato breve

Falco es de sus valles y sierras, de sus poblados asolados circundados de pinares y senderos que se pierden entre las colinas que ha construido una obra en que el impresionismo se toca con pequeños estallidos de delirio o de contrapuntos propios de la vida cotidiana.

Es así como en el primer relato nos topamos con el rey de las liebres, un ermitaño escurridizo cuyas incursiones al pueblo sirven para atisbar la vida de los otros, las pequeñas disputas y obsesiones, mientras él se refugia ladera arriba.

Luego, en el segundo relato, Silvi y la noche oscura, pasamos de lleno a explorar la vida de una adolescente que enfrenta las contradicciones de los preceptos religiosos de su madre con la pasión que despierta en ella ante el encuentro de un rubio mormón llamado Steve con aroma a desodorante Axe verde.

Y en el relato que otorga su título al conjunto nos topamos con un diseñador de cementerios, un hombre que viene a descubrir la problemática relación del alcalde con su padre, así como a recordar lo que hay de vida en la existencia al relacionarse con la señora Mahoney.

Más allá de que diseñar cementerios pueda ser la mismísima labor de la ficción, la de crear paisajes bellos y fríos donde podemos descansar bajo la sombra de los árboles, la destreza de Falco está en como su prosa nos hipnotiza a punta de detalles, rumiando la confusión de sus personajes con una claridad apabullante.

Dejaré que el lector descubra los otros dos relatos. Bastará confiar en el oficio de Falco para introducirnos en sus hermosas arquitecturas narrativas, infalibles en su disposición, resplandecientes en sus detalles.

La sensibilidad con que otorga vida a sus personajes y nos ayuda a respirar un aire zen, no sin dejar de penetrar en los deseos y pulsiones extrañas que movilizan nuestras acciones, es lo que hace de sus relatos un aporte a la tradición del mejor relato breve.

 

 

 

 

 

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Alfonso Matus Santa Cruz (1995) es un poeta y escritor autodidacta, que después de egresar de la Scuola Italiana Vittorio Montiglio de Santiago incursionó en las carreras de sociología y de filosofía en la Universidad de Chile, para luego viajar por el cono sur desempeñando diversos oficios, entre los cuales destacan el de garzón, el de barista y el de brigadista forestal.

Actualmente reside en la ciudad Puerto Varas, y acaba de publicar su primer poemario, titulado Tallar silencios (Notebook Poiesis, 2021). Asimismo, es redactor permanente del Diario Cine y Literatura.

 

«Un cementerio perfecto», de Federico Falco (Editorial Anagrama, 2025)

 

 

 

Alfonso Matus Santa Cruz

 

 

Imagen destacada: Federico Falco.

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