[Ensayo] «El espíritu de la colmena»: Atracción, fascinación y miedo

El filme del realizador español Víctor Erice (que data de 1973) concentra su reflexión audiovisual en torno al misterio y a la advertencia —del extravío que puede sumir a los niños en un bosque irreal—, si es que los adultos están demasiado lejos de ellos, y ensimismados en su propia amargura.

Por Luis Miguel Iruela Cuadrado

Publicado el 28.4.2026

El espíritu de la colmena (1973) es una película de Víctor Erice (1940), coescrita con Ángel Fernández Santos y producida por Elías Querejeta, considerada como la obra maestra de su director.

Toma el título de una idea del ensayo Vida de las abejas (1910), del Premio Nobel de Literatura 1911, Maurice Maeterlinck, quien utiliza dicha expresión para: «describir ese espíritu todopoderoso, enigmático y paradójico al que las abejas parecen obedecer, y que la razón de los hombres jamás ha llegado a comprender», al decir del propio Erice.

Aunque en la práctica se ha escrito ya todo sobre ella, me resulta inevitable intentar una nueva interpretación. Como es bien sabido, la acción se sitúa en un pueblo castellano deprimido por la contienda tras la Guerra Civil Española. La vida discurre amortiguada y monótona en un lugar donde se refugia la gente a vivir sus heridas físicas y morales. Allí, sucede la infancia de dos niñas con sus padres de rango intelectual y biografía frustrada.

Un buen día aparece un cine itinerante y proyecta la película Frankenstein (1933), de James Whale. En el celuloide, hay una secuencia muy significativa en la que el monstruo juega con una niña a arrojar conjuntamente flores a un lago para verlas flotar.

Cuando estas se acaban, el monstruo excitado y entusiasmado la tira a ella al agua con el resultado de su ahogamiento. Primera manifestación del Mal como algo insípido y amorfo, sin pasión, que no distingue entre un objeto y un ser humano.

Nada pasa de la categoría de constituir una mera cosa para el poderoso aciago.

 

Adultos ensimismados en su propia amargura

Una de las niñas (Ana) pregunta a su hermana: «¿Por qué la ha matado?». Llena de atracción, fascinación y miedo. Representa el primer choque, la tensión del Mal. Llamada que se repite en «el jardín de las setas», en una escena en la que Ana se acerca a los hongos venenosos y susurra: «¡Qué bien huele!», reproduciéndose así la triada anterior de la atracción-fascinación-miedo.

Las hermanas viven en una casa que se asemeja a una colmena con unos vidrios adornados por dibujos hexagonales y una enjambrazón dentro de la vivienda. El padre escribe una interminable casi detenida novela sobre abejas a las que cuida. La madre alberga una esperanza amorosa frustrada. Ambos progenitores amables, pero espiritualmente lejanos.

Ana es una niña imaginativa que habita un mundo fantástico. Un buen día encuentra a un maquis herido en una casamata solitaria en el vasto campo. Y lo identifica con el monstruo de la película. Cumple para ella el papel tan frecuente del «amigo imaginario» en la existencia de las prolongadas y extensas jornadas de algunos sensibles y tímidos infantes.

La niña sufre un verdadero shock emocional cuando el padre la descubre haciendo algo que ella siente como malo, yendo a visitar al maquis-monstruo o cogiendo una seta venenosa. De resultas de esta conmoción, huye y se da a la fuga.

Ana sufre alucinaciones visuales con la presencia de la criatura de Mary Shelley y posteriormente experimenta una inhibición estuporosa, casi catatónica, de la que sale para invocar al monstruo.

Con todo, la niña se ha convertido en la novia del fantasma al identificarse con la que éste mata en la película. Erice nos muestra el desarrollo de una psicosis infantil, cómo va ganando terreno la irrealidad, lo fantástico en la mente de Ana a causa de la necesidad de establecer una relación significativa con un adulto.

La pequeña se entrega con plenitud al deforme prodigio tras la invocación y ahí nos abandona la historia frente a la atracción de lo oscuro en la psicosis infantil. Un misterio que nos advierte del extravío de los niños en el bosque irreal si los adultos están demasiado lejos ensimismados en su propia amargura.

 

 

 

 

 

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Luis Miguel Iruela Cuadrado es un poeta y escritor, doctor en medicina y cirugía por la Universidad Complutense de Madrid. Especialista en psiquiatría, jefe emérito del servicio de psiquiatría del Hospital Universitario Puerta de Hierro (Madrid), y profesor asociado (jubilado) de psiquiatría de la Universidad Autónoma de Madrid.

Dentro de sus obras literarias se encuentran: A flor de agua, Tiempo diamante, Disclinaciones, No-verdad y Diccionario poético de psiquiatría.

En la actualidad ejerce como asesor editorial y de contenidos del Diario Cine y Literatura.

 

 

 

Tráiler:

 

 

 

Luis Miguel Iruela Cuadrado

 

 

Imagen destacada: El espíritu de la colmena (1973).

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