Disponible en el streaming de HBO Max para su visionado, el segundo largometraje de ficción del director colombiano Simón Mesa Soto interpela varias ideas acerca del arte y de la realidad latinoamericana a través del absurdo, la incomodidad y el humor.
Por Camila Gordillo Varas
Publicado el 30.4.2024
La película Un poeta, del director colombiano Simón Mesa Soto (1986), debutó en el Festival de Cannes 2025, en la sección Un Certain Regard, donde obtuvo el Premio del Jurado. La cinta podría clasificarse como una tragicomedia, en tanto sigue las tribulaciones de su protagonista, Óscar Restrepo, interpretado por Ubeimar Ríos, a través de situaciones tristes, humillantes, tiernas y cómicas, atravesadas además por una fuerte dimensión satírica.
En efecto, la historia sigue a un poeta en decadencia, alcohólico, cesante, endeudado y dependiente económicamente de su madre. Óscar vive con ella y con su hermana, mientras carga con una carrera literaria prácticamente pausada, puesto que sus últimos libros fueron publicados hace años y no recibieron mayor atención.
Si bien en el pasado obtuvo algunos reconocimientos locales, su figura actual aparece marcada por una mezcla de dignidad, patetismo y obstinación y se declara un gran admirador de José Asunción Silva (1865 – 1896). Óscar parece reconocerse en la figura del poeta colombiano incomprendido, cuya vida estuvo atravesada por el fracaso y cuya consagración fue más bien póstuma.
Desde ahí, el filme instala una de sus preguntas centrales: ¿cuándo se debe dejar de perseguir un sueño y aceptar el fracaso? La historia de Silva, o incluso la de otros escritores como Kafka, alimenta en Óscar la fantasía de que la falta de reconocimiento actual no necesariamente invalida su vocación y además, justifica sus miserias como necesarias en la vida de un poeta, cuando afirma: «Me identifico con Wilde cuando dice: donde hay sufrimiento, hay suelo sagrado».
Este matiz tragicómico permite que el espectador empatice con él, aun cuando sus decisiones sean muchas veces irresponsables. La película no solo se pregunta qué significa amar lo que se hace cuando eso no produce dinero, sino también qué lugar tiene el artista en un contexto latinoamericano donde el campo cultural y el mercado operan como espacios de exclusión.
Óscar se define a sí mismo como «un sempiterno, un pequeño soñador, buscador de quimeras a través de la palabra», pero esa autoimagen convive con una realidad mucho más precaria: está envejecido, sin trabajo, con deudas, una hija que necesita dinero para estudiar y una madre anciana que todavía lo sostiene.
La poesía entre la vocación y el mercado
El filme está dividido en cuatro partes. Este recurso, que en otros casos podría convertir el relato en una sucesión rígida de segmentos, aquí aporta dinamismo y organiza los principales ejes temáticos. En la primera parte, «El fracaso», se presentan las coordenadas de la vida fallida de Óscar: su obstinación en seguir declarándose poeta, su alcoholismo y la imposibilidad de transformar la escritura en una forma de sustento.
Presionado por su familia, acepta trabajar como profesor de lenguaje en un colegio, no tanto como una verdadera renuncia a la poesía, sino como una concesión práctica ante la necesidad económica.
La segunda parte funciona como el centro de la historia. En el colegio, Óscar conoce a Yurlady, una alumna que escribe poemas y en quien él cree descubrir un talento genuino. Su deseo de ayudarla a participar en un concurso de poesía tiene una dimensión ambigua: por un lado, parece haber en él una intención generosa; por otro, también proyecta en ella sus propias frustraciones.
Al impulsar el talento de Yurlady, Óscar intenta vivir su sueño a través de ella, y es por eso que la joven pueda ser entendida como su posible magnum opus, como un proyecto y obra humana, una discípula capaz de alcanzar el reconocimiento que él nunca obtuvo.
El problema es que Yurlady no parece estar demasiado interesada en hacer una carrera literaria ni en participar del concurso. Su familia acepta la idea principalmente cuando Óscar les asegura que podría haber una retribución económica.
De esta manera, mientras para ellos el premio representa una posibilidad material, para Óscar significa la reparación simbólica de su propio fracaso. Es en ese desplazamiento dónde aparece una tensión fundamental de la película, que es la del arte como vocación personal frente al arte como promesa de movilidad social o beneficio económico.
En la tercera parte, «El arte nos salvará», la película agudiza su sátira del mercado cultural. En la escuela de poesía, a Yurlady le sugieren que, por ser de situación vulnerable y morena, su escritura debería hablar de esas experiencias para resultar interesante, sobre todo ante quienes financian y validan esos concursos.
La crítica apunta a la exotización de la marginalidad y a la forma en que ciertas instituciones culturales moldean la producción artística según una mirada externa. A Yurlady le gustaba escribir sus pensamientos e ideas, pero ahora se ve empujada a encarnar una identidad codificable para el mercado y por ello debe hablar de pobreza, raza y falta de oportunidades, es decir, de aquello que otros esperan consumir como «auténtico» en ella.
Una redención incompleta
El clímax del relato ocurre durante la ceremonia del concurso. Óscar, que debía cuidar a Yurlady, se descuida al volver a beber durante este evento y permite que ella beba alcohol hasta desmayarse.
Como se trata de una menor de edad, la responsabilidad recae completamente sobre él, y la situación deriva en una sospecha grave que termina destruyendo su vínculo con el colegio y profundizando la distancia con su hija. El episodio devuelve a Óscar al punto de partida, dado que pierde el trabajo, la legitimidad y la posibilidad de redimirse a través de su alumna.
La última parte, «Un poema feliz», abre finalmente una mirada algo más compasiva sobre el protagonista. Después de acumular fracasos, malas decisiones y vínculos rotos, Óscar vuelve a encontrar cierta inspiración para escribir. En su poema final que le envía a Yurlady se define como «un poeta triste que trata de escribir un poema feliz» y es esta la frase que condensa el tono de la película, porque manifiesta que no hay una redención plena ni una solución exitosa para el personaje, pero tampoco una clausura completamente pesimista.
El cierre, marcado por la muerte de su madre, el reencuentro con su hija y la resolución favorable de la sospecha que pesaba sobre él, no convierte a Óscar en un triunfador, pero sí le permite una forma mínima de reconciliación.
Un poeta interpela varias ideas acerca del arte y la realidad latinoamericana a través del absurdo, la incomodidad y el humor. La película se burla del narcisismo del artista, de la precariedad del campo cultural y de los discursos institucionales que prometen que «el arte nos salvará», mientras reproducen otras formas de exclusión.
Sin embargo, no cae en una mirada totalmente cruel hacia su protagonista, dado que si bien Óscar es irresponsable, patético y muchas veces egoísta, también conserva una forma de ternura y de fe en la palabra. Su vida parece haberse convertido en una extensión de su propia poesía: fragmentada, fallida, llena de decepciones, pero todavía atravesada por el deseo de belleza y nobleza.
El filme sugiere que madurar no significa abandonar la escritura o los sueños, más bien implica tomar responsabilidad de uno mismo y renunciar a la fantasía de que el arte justifica cualquier forma de vida.
Un gran poeta puede haber estado sumido en la miseria y los fracasos, pero no todos aquellos que están sumidos en la miseria y los fracasos son grandes poetas. Óscar no alcanza una redención absoluta; alcanza, más bien, una lucidez o maduración final: seguir escribiendo, no como garantía de éxito futuro, sino como una manera de continuar viviendo.
***
Camila Gordillo Varas es profesora de lenguaje, magíster en literatura y actual estudiante del doctorado en literatura de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Investiga cruces entre literatura y cine, con énfasis en lo monstruoso, lo posthumano, lo gótico y las figuraciones del cuerpo en la cultura contemporánea.

Tráiler:

Imagen destacada: Un poeta (2025).

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