[Crítica] «Oasis: Don’t Look Back in Anger»: Mirar atrás, 30 años después

El largometraje documental de los realizadores Dylan Southern y Will Lovelace es una obra audiovisual magníficamente filmada, muy bien montada y sorprendentemente divertida. Su recorrido por distintas ciudades, el seguimiento de los espectadores antes y después de los conciertos, el diálogo entre archivo y presente y el uso de las propias canciones construyen algo bastante más rico que el registro celebratorio de una reunión entre hermanos que forman una banda de música popular.

Por Daniel Razazi Aylwin

Publicado el 13.9.2026

Hay películas frente a las cuales es difícil fingir distancia. Con Don’t Look Back in Anger me pasó desde los primeros minutos. Escucho Oasis desde su primer disco, fui a su primer concierto en Chile durante la gira de Be Here Now y durante mi adolescencia la banda fue parte de algo bastante más grande que escuchar música.

En mi curso del antiguo Liceo Alemán de Santiago fuimos unos pocos los que comenzamos a seguirlos y alrededor de esas canciones se armó también un pequeño grupo de amigos. Treinta años después, algunos seguimos cerca y otros nos hemos distanciado.

También tengo un hermano tres años menor con quien crecí escuchando Oasis. Por eso, cuando el documental comenzó a alternar imágenes de la gira actual con conciertos de los Gallagher jóvenes, sabía perfectamente dónde me estaba golpeando.

Y me golpeó.

Una de las grandes virtudes del documental está precisamente en comprender que una reunión de Oasis significa mucho más que volver a juntar a Noel y Liam Gallagher sobre un escenario. Durante la gira sigue a personas de distintas edades y en diferentes ciudades, antes, durante y después de los conciertos.

Padres que escucharon a la banda en los 90 conviven con jóvenes que ni siquiera habían nacido cuando apareció Definitely Maybe. Todos tienen una historia que contar sobre esas canciones.

En paralelo, Noel reconoce algo que parece haber descubierto recién con esta reunión: nunca dimensionó completamente lo que Oasis había llegado a significar para otras personas. Le sorprende especialmente ver a menores de 30 años llorando en los conciertos y comprender que muchas de esas canciones pasaron de padres a hijos.

También entiende que pueden significar hoy algo diferente de aquello que significaban cuando fueron escritas. Las canciones permanecieron, pero fueron acumulando experiencias que sus propios autores ya no controlan.

El documental hace algo especialmente inteligente con esa idea. Su banda sonora está construida, naturalmente, a partir de canciones de Oasis, pero la elección de cada una dialoga con aquello que está ocurriendo en pantalla. Letras escritas décadas atrás adquieren nuevos sentidos al acompañar imágenes de reconciliación, envejecimiento, amistad, muerte o reencuentro. La película hace con las canciones exactamente aquello de lo que habla Noel: las resignifica.

Así, el propio título termina adquiriendo una resonancia inesperada. Noel admite en un momento que tiene un problema con el perdón. Le cuesta olvidar lo que le han hecho y sabe que su cabeza funciona de esa manera. Escucharlo decirlo dentro de una película llamada Don’t Look Back in Anger, dedicada en buena medida a su reencuentro con Liam, carga a la vieja canción con una historia que evidentemente no tenía cuando fue compuesta.

 

La reconciliación alcanza a generaciones

La relación entre los hermanos ocupa, como era previsible, el centro del documental. Siguen siendo radicalmente diferentes. Noel es más reflexivo y articulado; Liam conserva esa manera de hablar en la que a veces cuesta entender una palabra, aunque queda claro que entiende perfectamente todo lo que ocurre a su alrededor. En los ensayos puede llegar, cantar e irse, dejando a Noel preocupado porque faltan horas para el concierto. Después sube al escenario y se transforma.

Noel lo sabe. En uno de los momentos más divertidos recuerda que Liam puede pararse frente a miles de personas con una pandereta sobre la cabeza y seguir viéndose increíblemente cool; si él hiciera lo mismo, dice, parecería el tipo más estúpido del mundo.

Liam, por su parte, reconoce abiertamente el talento extraordinario de Noel para escribir canciones. Hay algo conmovedor en ver a dos hombres que pasaron décadas compitiendo, ser capaces finalmente de valorar aquello que el otro siempre tuvo.

La reconciliación alcanza incluso a la generación siguiente. Los hijos de ambos, que prácticamente no se conocían, aparecen ahora compartiendo la gira, abrazándose y carreteando juntos. Los Gallagher mayores parecen haber limado con los años algunas de sus asperezas y sus hijos construyen una relación que durante mucho tiempo parecía improbable.

También está la muerte. El documental se detiene en Mani, bajista de The Stone Roses y amigo de los Gallagher, y Liam vuelve a contar una historia fundamental para entender el origen de Oasis: después de asistir a un concierto de The Stone Roses regresó a su casa decidido a formar una banda.

El homenaje posterior a Mani adquiere así un sentido especial. Liam fue alguna vez uno de esos jóvenes del público cuya vida fue alterada por una banda. Décadas después, Noel observa desde el escenario cómo Oasis provoca algo semejante en personas que podrían ser sus hijos. La música aparece como una transmisión entre generaciones.

Esa transmisión tampoco puede separarse del lugar del que proviene Oasis. Noel insiste en que la banda difícilmente podría haber nacido en otra parte. Manchester, el acento, la experiencia de clase, el fútbol y una determinada forma de relacionarse con el mundo aparecen incorporados a su identidad.

En un momento afirma que quizá no sabría explicar exactamente qué es Oasis, pero sí puede decir que Oasis no es una banda de derecha. La frase tiene sentido dentro de esa procedencia que reivindica.

La cercanía con el fútbol forma parte de lo mismo. Siempre estuvo ahí y vuelve a aparecer en esta gira, incluso con la presencia de Pep Guardiola en la iconografía del escenario. Oasis construyó una relación con su público en la que las fronteras entre estrella de rock y vida cotidiana parecían bastante más porosas que en otras grandes bandas británicas de su generación.

Sus peleas, borracheras, rivalidades y excesos ocurrían prácticamente frente a todos. Había una sensación de que los Gallagher se mostraban tal como eran, incluso cuando eso los dejaba bastante mal parados.

Treinta años después, algunas cosas inevitablemente han cambiado. Liam llega incluso a rechazar un cigarro porque está cuidando su voz, una escena bastante divertida para cualquiera que recuerde al personaje de los 90. Y el cuidado parece estar dando frutos: la banda suena extraordinariamente bien. La reunión se sostiene musicalmente en el presente y no depende únicamente del recuerdo de lo que fueron.

Eso vuelve todavía más potente uno de los recursos que el documental utiliza repetidamente: durante una misma canción intercala imágenes de los conciertos actuales con registros de Oasis tres décadas atrás. Ahí fue donde terminó de quebrarme. Los Gallagher envejecieron y quienes los escuchábamos también. Las canciones, en cambio, quedaron disponibles para recibir todo ese tiempo.

 

Canciones que viven en otra parte

Recuerdo el primer concierto de Oasis en Chile, en 1998, durante la gira de Be Here Now. San Carlos de Apoquindo estaba lejos de verse lleno y el público parecía compuesto mayoritariamente por adolescentes de entre catorce y dieciocho años. Yo era uno de ellos. Mirar ahora estadios repletos de personas de varias generaciones produce una sensación extraña. En algún momento aquella banda que seguíamos unos cuantos adolescentes adquirió una dimensión que entonces habría sido difícil imaginar.

Don’t Look Back in Anger sabe explotar esa emoción, pero afortunadamente también sabe reírse. Bonehead aporta algunos de los mejores respiros frente a la intensidad de los Gallagher; Liam continúa siendo Liam; Noel tiene suficiente distancia para reírse de sí mismo y de su hermano; incluso un encargado de seguridad convierte las instrucciones previas a un concierto en una sucesión de títulos de canciones como Roll with It, Stand by Me y Some Might Say. La película entiende que recordar también puede ser divertido.

Por eso mismo habría agradecido que se abriera un poco más el círculo. Gem Archer, Andy Bell y Joey Waronker están sobre el escenario, pero prácticamente carecen de voz propia. Bonehead tiene algo más de espacio y sus apariciones demuestran cuánto habría ganado el documental incorporando otras perspectivas.

Waronker, además, llegaba por primera vez a Oasis y podía ofrecer la mirada privilegiada de alguien entrando desde afuera a una reunión atravesada por 30 años de historia. El centro son Noel y Liam, por supuesto, pero Oasis sobre el escenario sigue siendo una banda.

Es un reparo que impide que el entusiasmo sea absoluto, aunque apenas disminuye la potencia de un documental magníficamente filmado, muy bien montado y sorprendentemente divertido. Su recorrido por distintas ciudades, el seguimiento de los espectadores antes y después de los conciertos, el diálogo entre archivo y presente y el uso de las propias canciones construyen algo bastante más rico que el registro celebratorio de una reunión.

Tal vez yo era un espectador demasiado fácil. Mientras veía a Noel y Liam volver a encontrarse pensé en mi hermano Tomás, en mis amigos, en aquel adolescente que fue a San Carlos de Apoquindo y en todas las personas que quedaron asociadas para siempre a determinadas canciones.

También entendí mejor a Noel cuando cuenta que en algunos conciertos debe darle la espalda al público porque empieza a llorar. Él también parece estar descubriendo algo que durante años no alcanzó a comprender.

Las canciones que escribió dejaron de pertenecerle por completo hace mucho tiempo. Mientras los Gallagher se peleaban, se separaban, envejecían y finalmente volvían a encontrarse, esas canciones siguieron viviendo en otra parte: en nosotros.

 

 

 

 

 

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Daniel Razazi Aylwin es un periodista, escritor, y actual editor general del medio Eltintero.cl. También es estudiante del magíster en literatura de la Universidad de los Andes (Chile).

 

 

 

 

Tráiler:

 

 

 

Daniel Razazi Aylwin

 

 

Imagen destacada: Oasis: Don’t Look Back in Anger (2026).

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