[Columna] El errado diagnóstico que asesinó a Dylan Thomas

El poeta galés murió a raíz de una triste y lamentable negligencia médica luego de caer enfermo en un hospital neoyorkino, pues el profesional de la salud que estaba a cargo de su cuidado aceptó un dictamen mal efectuado de delirium tremens sin revisarlo mayormente: no hubo pruebas de confirmación, las cuales dada la sintomatología del paciente, se deberían haber realizado.

Por Omar Pérez Santiago

Publicado el 20.5.2022

El poeta galés Dylan Thomas murió de neumonía en 1953 a los 39 años. Sus amigos, sin embargo, le diagnosticaron erróneamente Delirium Tremens.

Mal diagnóstico llevó al desastre.

Ese traspié de diagnóstico ocurre en la medicina. Pero también acaece en la política. De derecha o de izquierda. De gobierno o de oposición.

El mal no está en el moribundo. Está alojado en sus amigos o asesores. Sus camaradas imaginan un diagnóstico de modo que calce con sus prejuicios.

Dylan Thomas cumplió 39 años el 27 de octubre de 1953 y ese día estaba en la taberna White Horse de Manhattan. Entonces le dijo a Liz Reitell, su amiga y amante de 33 años, que se sentía como el ajo. Estaba enfermo. Se fue al hotel Chelsea, donde hospedaba.

Sus dos amigos más cercanos —el poeta John Malcom Brinnin y Liz Reitell— insistieron en que Thomas sufría de Delirium Tremens.

Dylan Thomas había dado recitales gloriosos en Nueva York. Cientos de fans lo aplaudían de pie. Fue su victoria protagónica. Luego era el trasnoche, la marcha nocturna de bar en bar por el Greenwich Village, centro de la dulce bohemia de artistas.

Sí. Dylan Thomas era una especie de chico malo atractivo de pelo ondulado, que bebía, perseguía mujeres y contaba anécdotas joviales. Sí. Era un embaucador. Sí. Dylan Thomas era dipsómano. Sí. Bebía. Sí.

Sí. Sí. Sí. Pero. Pero. Pero.

El alcohol no tuvo mucho que ver con su muerte. Thomas murió de neumonía. Tenía fiebre, no podía respirar.

El día 4 de noviembre estaba en cama en el Chelsea y se sentía cada vez peor. Llamaron al médico, un tal Milton Feltenstein, que le dio morfina. Dylan protestó, pero no le sirvió de nada. La morfina le provocó un severo ataque de náuseas. El paciente se comenzó a poner azul. Llamaron una ambulancia y lo llevaron al St Vicent Hospital. Dylan entró en coma. Ya no volvió a despertar. Cagó.

El día 6 de noviembre le practicaron una traqueotomía. Un hoyo en el cuello para respirar.

John Malcom Brinnin, Liz Reitell y los médicos pasaron cinco días sentados alrededor del moribundo. Se daban vuelta en lo mismo: Delirium Tremens, gastritis alcohólica, cirrosis, crisis hepática, envenenamiento alcohólico, shock diabético, etcétera.

El 9 de noviembre Dylan Thomas muere en el St Vicent Hospital.

 

Los prejuicios adquiridos

¿Por qué murió el paciente?

El poeta galés Dylan Thomas murió a raíz de una triste y lamentable negligencia médica. El médico aceptó el diagnóstico del delirium tremens sin auscultar al paciente. No hubo pruebas diagnósticas que, dada la sintomatología del paciente, estaban indicadas para realizar.

El diagnóstico erróneo inicial arrastró un error de valoración de los otros médicos del hospital. El grosero error agravó al paciente. El procedimiento dispensado era el contraindicado y generó un daño mortal.

El mal no estaba en Dylan Thomas. El mal estaba en su entorno, sus amigos. El error puede ser cognitivo, como dicen los psicólogos. Es decir, son procesos (un complejo de superioridad, por ejemplo) que los hace adaptar la evaluación a sus propios prejuicios adquiridos.

¿Por qué?

No leen los síntomas. No son observadores.

Se dejan llevar por sus monomanías adquiridas.

Tienen falta de capacidad adaptativa para ver una nueva realidad.

Tienen incapacidad para salir de su visión de grupo, de cofradía cerrada.

No saben cambiar de opinión, ni tienen apertura mental.

Se toman las cosas de forma personal. Creen que es un asunto moral.

Pierden el humor y tratan de hacerse los listos. Obstinados.

No son versátiles, no saben buscar una nueva forma de ver.

Dejan pasar el tiempo.

 

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Omar Pérez Santiago es un escritor y cronista chileno que egresó de la Escuela de Ciencia Política de la Universidad de Chile, y el cual luego estudió historia económica en la Universidad de Lund (Suecia).

Sus últimos libros publicados son: Julia, la belleza y el sentido de la vida (novela), El pezón de Sei Shonagon (novela), Caricias, poemas de amor de Michael Strunge (traducción), Allende, el retorno (novela), Introducción para inquietos, de Tomas Tranströmer (traducción, 2011), Nefilim en Alhué y otros relatos sobre la muerte (cuentos, 2011), Breve historia del cómic en Chile (2007) y Escritores de la guerra. Vigencia de una generación de narradores chilenos (ensayo, 2007).

 

Omar Pérez Santiago

 

 

Imagen destacada: Dylan Thomas.