Lo más llamativo del filme dirigido por el realizador finlandés Renny Harlin es que ni siquiera funciona como cine de serie B. Los mejores largometrajes de tiburones que abrazan el absurdo entienden que el exceso forma parte del espectáculo. Aquí ocurre exactamente lo contrario.
Por Daniel Razazi Aylwin
Publicado el 5.8.2026
Hace unas semanas vi el tráiler de Impacto mortal antes de otra función de prensa. Recuerdo haber pensado que parecía una de esas películas construidas a partir de una sola idea: un avión que cae al océano, tiburones por todas partes y personajes destinados a morir uno tras otro.
Quise creer, con algo de esperanza, que la secuencia exageraba, como suelen hacerlo los buenos tráileres. Después llegó la invitación para verla. Mi mayor temor era que el filme fuera exactamente eso. No me equivoqué.
Dirigida por Renny Harlin y protagonizada por Aaron Eckhart y Ben Kingsley, Impacto mortal parte de una premisa que, sobre el papel, promete un thriller de supervivencia eficaz: un accidente aéreo deja a un grupo de pasajeros atrapados en el océano, mientras varios tiburones convierten cualquier intento de escape en una carrera contra el tiempo. El problema no está en la idea. Está en todo lo que la película hace con ella.
Harlin construye el suspenso a fuerza de acumulación. Apenas ocurre el accidente comienzan las muertes, luego aparecen los tiburones y, desde ese momento, el filme entra en una carrera interminable por aumentar la cantidad de sangre, ataques y sobresaltos.
Cada escena intenta ser más intensa que la anterior. Cada secuencia parece diseñada para funcionar como el clímax. El resultado es paradójico: cuando todo pretende ser el momento más espectacular, ninguno consigue serlo. Ese es el gran problema de Impacto mortal.
Cuando una amenaza aparece sin descanso
Tampoco ayuda que sus personajes existan solo en función de la próxima muerte. Aaron Eckhart y Ben Kingsley apenas alcanzan a convertirse en algo más que funciones narrativas.
Los personajes, por otra parte, son un montón de clichés. Un collage de roles presentes en todas las películas que involucran viajes en avión —solo faltó el terrorista—. Como nunca llegamos a conocer realmente a quienes intentan sobrevivir, las muertes terminan funcionando como un mecanismo repetitivo antes que como verdaderos golpes dramáticos.
Ni siquiera los tiburones consiguen sostener la amenaza. Su acabado digital resulta poco convincente y su presencia es tan constante que dejan de provocar miedo para convertirse en un obstáculo mecánico que aparece cada pocos minutos. La lógica es siempre la misma: cuando una amenaza aparece sin descanso, termina dejando de ser una amenaza.
Lo más llamativo es que Impacto mortal ni siquiera funciona como cine de serie B. Los mejores filmes de tiburones que abrazan el absurdo entienden que el exceso forma parte del espectáculo. Aquí ocurre exactamente lo contrario.
Cada ataque, cada muerte y cada estallido de violencia buscan producir impacto, pero sin el humor ni la autoconciencia que vuelven disfrutable el exceso. La violencia se acumula, la tensión nunca encuentra un ritmo que permita respirar al espectador y, más que entretener, la película termina por agotar.
Al salir del cine recordé aquel primer tráiler. Por un momento pensé que había sido injusto al desconfiar de él. Después entendí cuál había sido mi verdadero error: creer que el resto de la película todavía estaba por aparecer.
***
Daniel Razazi Aylwin es un periodista, escritor, y actual editor general del medio Eltintero.cl. También es estudiante del magíster en literatura de la Universidad de los Andes (Chile).

Tráiler:

Imagen destacada: Impacto mortal (2026).


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