El próximo jueves 24 de septiembre se estrena en las salas locales este largometraje de ficción que dirigido por el realizador alemán Derrick Borte cuenta con las actuaciones protagónicas de los famosos intérpretes Russell Crowe, Luke Evans y Teresa Palmer, entre otros.
Por Daniel Razazi Aylwin
Publicado el 18.9.2026
A cierta edad, incluso los criminales empiezan a pensar en la jubilación. En el caso de Manco Kapak (Russell Crowe), la revelación llega de una manera bastante menos solemne de lo que podría esperarse: después de excederse con el Viagra sufre un episodio cardíaco que lo obliga a reconocer que quizás ha llegado el momento de abandonar el negocio.
Su plan parece sencillo. Quiere vender su club nocturno por el precio que considera justo, tomar el dinero acumulado durante años y marcharse junto a Sunny (Teresa Palmer), su mujer.
A partir de esa premisa, El último gran golpe, dirigida por Derrick Borte y basada en la novela Strip, de Thomas Perry, construye un enredo criminal donde cada nuevo personaje parece empeñado en dificultar la jubilación de Manco. Ladrones improvisados, policías corruptos, agentes federales, narcotraficantes y colaboradores desleales giran alrededor de un hombre que, paradójicamente, solo quiere que lo dejen tranquilo.
Russell Crowe funciona bien como centro de ese pequeño universo. Su Manco tiene la presencia suficiente para hacer creíble a un hombre acostumbrado a moverse entre delincuentes, aunque el personaje también carga con algunas decisiones difíciles de comprender.
La principal es su origen albanés. La película lo menciona y Crowe sostiene durante todo el metraje un acento muy marcado, pero esa nacionalidad apenas tiene consecuencias sobre la historia o sobre su manera de relacionarse con los demás.
Manco podría provenir de muchos otros lugares sin que la trama cambiara demasiado. El esfuerzo vocal se hace entonces más visible de lo necesario y, por momentos, algo cansador. Es también un ejemplo pequeño de una tendencia que atraviesa la película: acumular rasgos, conflictos y personajes atractivos sin detenerse siempre a desarrollarlos.
El cine como forma de vida
Crowe está mejor cuando Manco simplemente observa cómo el mundo a su alrededor se vuelve cada vez más absurdo. Él sabe qué quiere desde el comienzo y mantiene ese objetivo hasta el final. Quienes pierden progresivamente el control son los demás.
Una de las líneas más divertidas corresponde a Jeff (Aaron Paul), un profesor que complementa sus ingresos escribiendo fraudulentamente ensayos de admisión universitaria. Entre sus clientes está el hijo de Slosser (Josh McConville), un policía que esperaba que el texto consiguiera además una beca para el joven.
La universidad lo acepta, pero no lo becan. Slosser decide responsabilizar a Jeff y lo extorsiona para obligarlo a robar a Manco.
Después del primer golpe, Jeff intenta manejar el botín con una prudencia bastante discutible: deposita US$9 mil 999 para mantenerse bajo el monto que, según cree, levantaría sospechas. La maniobra produce exactamente el efecto contrario. Carrie (Nina Dobrev), la cajera que recibe el depósito, comprende de inmediato lo que está haciendo y le pasa una nota para citarlo después del trabajo.
Uno podría esperar una amenaza o un intento de chantaje. Carrie tiene otros planes.
Fascinada por Point Break (1991), ve en Jeff la oportunidad de convertir una fantasía cinematográfica en una forma de vida. Compra máscaras de presidentes estadounidenses, propone nuevos robos e incluso incorpora el disfraz a sus juegos sexuales.
El dinero tampoco parece importarle demasiado: parte del botín conseguido junto a Jeff desaparece rápidamente en el casino. Para Carrie, delinquir tiene algo de aventura, erotismo y representación. Dobrev entiende perfectamente el tono y compone uno de los personajes más entretenidos de la película.
La relación entre ambos aporta buena parte del humor porque Jeff y Carrie llegan al delito desde lugares opuestos. Él está atrapado en una situación que intenta controlar; ella descubre una experiencia que llevaba años imaginando. Aaron Paul aprovecha bien ese desconcierto permanente, mientras Dobrev empuja cada situación un poco más lejos.
El problema aparece cuando esa misma lógica de escalada afecta a personajes construidos con menos detalle. Slosser funciona inicialmente como un policía corrupto y mezquino capaz de extorsionar a alguien por el fracaso de una beca universitaria. Después asume riesgos cada vez mayores hasta llegar a enfrentarse y amenazar a un agente federal.
La exageración forma parte del tono de El último gran golpe y funciona especialmente bien con Carrie porque desde su primera aparición queda claro que busca el riesgo y la aventura por sí mismos. Con Slosser ocurre algo distinto.
Hasta ese momento conocemos su corrupción principalmente a través del abuso y la extorsión; falta algún antecedente que revele una disposición a la violencia, una ambición criminal mayor o, simplemente, que está dispuesto a arriesgar su propia posición.
Cuando cruza esas fronteras, el guion ya necesita que sea mucho más peligroso de lo que el personaje había demostrado ser.
Una cajera empeñada en recrear «Point Break»
Mientras Jeff y Carrie improvisan su carrera criminal, sobre Manco se cierran otras amenazas. Joe Carver (Luke Evans), agente del FBI, pretende utilizar el club como pieza de una operación contra el cartel que lava allí parte de su dinero.
En su caso, la motivación está mejor delimitada: Manco y su negocio son piezas circunstanciales dentro de una investigación cuyo objetivo es la organización criminal.
Al mismo tiempo, Rodríguez (Daniel Zovatto) y los hombres del cartel deciden eliminar a Kapak por los robos. A ello se suma Spence (Benedict Hardie), hombre de confianza de Manco, cuya lealtad cede ante la posibilidad de apoderarse del dinero.
Son muchas líneas dramáticas para una película de estas características, y Derrick Borte consigue mantenerlas en movimiento con bastante soltura. La violencia aparece cuando corresponde y está bien ejecutada, especialmente cuando las distintas tramas empiezan a encontrarse.
El guion depende de coincidencias, exageraciones y decisiones bastante insensatas, aunque buena parte de ellas encajan con el tono elegido. Desde el episodio con el Viagra hasta una cajera empeñada en recrear Point Break, hay suficiente humor para entender que la película conoce el carácter disparatado de su propio mecanismo.
Dentro de ese caos, Sunny ofrece un contrapunto agradable. Teresa Palmer interpreta con tranquilidad a una mujer que conoce perfectamente al hombre con quien está y permanece a su lado mientras todo se derrumba. Su relación con Manco ayuda también a darle sentido al retiro: detrás de las maletas llenas de dinero existe la posibilidad concreta de una vida distinta.
El desenlace reúne prácticamente todas las piezas. Manco sobrevive al ataque del cartel con ayuda de Carver, el FBI encuentra en Slosser una salida para explicar parte del desastre y Spence paga su intento de traición cuando Carrie interviene. El acuerdo entre Carver y Manco cobra entonces sentido dentro de la operación federal: una vez neutralizada la amenaza del cartel, el agente ya no tiene mayor interés en perseguir al dueño del club. Le pide que entregue el local, le devuelve sus documentos y le permite marcharse con el dinero.
Después de tanto rodeo, Manco consigue aquello que buscaba.
El último gran golpe funciona mejor cuando confía en sus personajes y en el humor que surge del choque entre ellos. Su mecanismo pierde fuerza cuando acumula elementos que luego apenas desarrolla, como ocurre con la nacionalidad de Manco o con la evolución de Slosser.
Son debilidades que le restan espesor, aunque tampoco arruinan una propuesta que se mueve con soltura, ofrece buenas dosis de violencia y humor y mantiene el interés hasta el desenlace. Crowe sostiene el centro con oficio, mientras Nina Dobrev y Aaron Paul aportan algunos de sus mejores momentos.
Una película entretenida, consciente de su cuota de absurdo y bastante más divertida de lo que inicialmente promete: un 5,5 de 7. A veces, conseguir retirarse exige sobrevivir primero al entusiasmo de quienes todavía encuentran emocionante seguir jugando.
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Daniel Razazi Aylwin es un periodista, escritor, y actual editor general del medio Eltintero.cl. También es estudiante del magíster en literatura de la Universidad de los Andes (Chile).

Tráiler:

Imagen destacada: El último gran golpe (2026).


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