[Crónica] «Salir de escena»: A la deriva en un nuevo espacio

La novela de Ernesto Águila Zúñiga es entretenida, actual, con lenguaje moderno y buenas descripciones. Voy a ser franco: me quedó la sensación de que el autor pudo haber escrito más y que apuró el final. Pero es una obra que vale la pena porque cumple con todas las funciones de una ficción literaria: llevarnos de paseo entre la reflexión, el entretenimiento y la sorpresa.

Por Jaime Hales Dib

Publicado el 31.10.2026

Un futbolista famoso y todavía exitoso declaraba a los medios que lo entrevistaban al final de un partido: «El próximo año me retiraré. Quiero dejar el fútbol antes de que el fútbol me deje a mí».

Salir del lugar en el que estamos, de la posición que hemos ocupado por años, es quizás una de las tareas más difíciles para una persona de acción. Está ya establecido en la psicología que uno de los momentos más complicados para las personas —pero sobre todo para los hombres— es el de la jubilación, cuando se retiran de su trabajo. Dicen: «Ahora me dedicaré a lo que me gusta», pero muchos se dan vueltas y vueltas por la casa como leones enjaulados, sin saber qué lo que verdaderamente les gustaba era ir a trabajar.

Por cierto, no es el caso de todos, ya que cada vez las personas llegan a edades mayores en condiciones de seguir activas. Claro que, si son empleados, las empresas prefieren prescindir de ellos para reemplazarlos por jóvenes, que son más baratos.

Y aunque las personas quieran seguir haciendo lo que hacen, muchas van siendo dejadas de lado porque se las considera viejas y «es necesario dejar espacio a las nuevas generaciones», despreciando con eso la rica experiencia que los mayores pueden —podemos— transmitir.

En la academia y en la política este fenómeno es muy fuerte. El político requiere, por ejemplo, de las relaciones con los demás; y sin embargo, como cada vez le cuesta más salir a ciertas actividades o desplazarse solo con tranquilidad, va siendo dejado de lado y las personas no lo llaman. Así se construye el mundo de la soledad.

Los escritores soportamos bien la soledad, pues nuestro oficio requiere de silencio externo. Yo decidí cerrar mi Academia y, luego, dejar de hacer cursos y talleres para concentrarme en las consultas y en la escritura. Lo paso bien, pues manejo mis tiempos haciendo lo que más me gusta.

Para otros, en cambio, resulta difícil un proceso que va incrementado un decaimiento cada vez mayor y que puede terminar apagando al sujeto.

 

Cuando hayamos partido

Salir de escena (RIL Editores, 2026), la novela recién publicada por el académico y escritor Neto Águila, trata justamente de este tema.

En un relato fácil de seguir, el autor nos cuenta las vicisitudes que vive Enzo Perotti, un académico universitario y político que llega a una edad indefinida en la que es convencido de retirarse, cerrar su casa, deshacerse de su biblioteca e irse a vivir a un hotel para personas mayores ubicado en el límite de Ñuñoa y Providencia. El lugar —un concepto teóricamente atractivo— se convierte para él en una especie de encierro, pese a que estrictamente no lo es.

Con todo, es el reconocimiento de la vejez y de la dificultad para encargase de todos sus asuntos domésticos, una situación agravada por la inquietud de los hijos (la hija en este caso), quienes sienten que su padre (o madre en otros casos y otros libros) necesita protección y que ya no puede estar solo (tal vez ellos no pueden resistir la soledad) y con todo resuelto.

Así, Enzo Perotti sale de la escena pública y se encuentra a la deriva en este nuevo espacio.

Pero surgen otros personajes —tal vez de una caracterización un poco estereotipada— que lo van convocando a seguir vigente y establecen nuevos nexos, a la vez que recuperan algunos antiguos. Los hechos sociales lo siguen impactando y algo despierta en el anciano profesor.

La novela es entretenida, actual, con lenguaje moderno y buenas descripciones. Voy a ser franco: me quedó la sensación de que el autor pudo haber escrito más y que apuró el final. Pero es una obra que vale la pena porque cumple con todas las funciones de una novela: llevarnos de paseo entre la reflexión, el entretenimiento y la sorpresa.

Salir de la escena es muy, pero muy difícil y lo que seguimos haciendo quizás sólo será conocido cuando hayamos partido.

 

 

 

 

 

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Jaime Hales Dib (1948) es un abogado formado en la Universidad de Chile, poeta, narrador y profesor.

En 1995 fundó la Academia de Estudios Holísticos SYNCRONIA, luego fue agregado cultural en México durante el gobierno del Presidente Ricardo Lagos Escobar. También formó parte del directorio y fue secretario general de la Sociedad de Escritores de Chile (Sech).

Además, integró el Consejo Nacional del Libro y la Lectura de Chile, participó en la comisión redactora de la Ley del Libro, fundó la Editorial Casa Doce, ha publicado varios textos de su autoría y ha dado recitales poéticos en diversas ciudades tanto de Chile como del extranjero (Francia, España, Estados Unidos, Colombia, Ecuador, Panamá, Uruguay, Argentina y México).

 

«Salir de escena», de Neto Águila Z. (RIL Editores, 2026)

 

 

 

Jaime Hales Dib

 

 

Imagen destacada: Ernesto Águila.

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