[Crítica] «Hope»: El espectáculo dramático del agotamiento

Un filme de acción puede construir personajes mediante sus decisiones y movimientos, sin detenerse a explicar sus vidas. En este largometraje del realizador surcoreano Na Hong-jin, sin embargo, la insistencia en las mismas secuencias reduce ese margen. Perseguir, escapar y sobrevivir por poco, acaban por transformarse en un dispositivo audiovisual que aquí se repite durante demasiado tiempo.

Por Daniel Razazi Aylwin

Publicado el 12.10.2026

Diez años después de The Wailing, Na Hong-jin vuelve con Hope. El primer impacto, una producción de unos US $74 millones, presentada como la más cara de la historia del cine surcoreano. La película compitió por la Palma de Oro en Cannes, pero su comienzo eficaz desemboca en combates que dejan de aportar tensión y prolongan una historia que apenas se desarrolla.

Una vaca aparece muerta con heridas que nadie consigue explicar. Alguien propone que fue un tigre. Un grupo se interna en el bosque y el policía encargado de investigar descubre, además, que los vecinos disponen de un arsenal cuya existencia parece sorprenderlo únicamente a él. El comienzo administra bien esa mezcla de desconcierto, amenaza y absurdo. Hay algo peligroso cerca, pero todavía no sabemos qué es ni hasta dónde puede llegar.

Durante ese primer tramo, la película encuentra su principal apoyo en el jefe de policía interpretado por Hwang Jung-min. Sus preguntas organizan nuestra entrada al misterio, mientras su desconcierto ante las armas introduce una veta de humor. Después seguimos su desplazamiento hacia un pueblo donde el desastre ya está ocurriendo.

Primero en auto, luego a pie, el recorrido transforma la investigación en una lucha por sobrevivir. El hombre que buscaba a una criatura termina huyendo de ella. Cada descubrimiento modifica su situación y nuestra percepción del peligro.

Na Hong-jin también consigue que la destrucción exceda lo que vemos. Las explosiones a distancia y el estruendo que llega desde otros sectores sugieren un ataque que avanza por el pueblo mientras el protagonista apenas alcanza a comprender lo que sucede frente a él. Ese manejo del espacio da fuerza a la amenaza. Las detonaciones convencen y la incertidumbre hace el resto: todavía podemos imaginar algo más aterrador que cualquier criatura visible.

La aparición de los monstruos rompe buena parte de esa ilusión. El contraste se vuelve evidente cuando la amenaza que conocíamos por edificios destruidos y explosiones fuera de campo adquiere un cuerpo que corre y golpea a sus víctimas. Su aspecto digital no transmite la contundencia de los destrozos que la precedían. La presencia física y visible de la criatura convence menos que sus consecuencias.

 

La catástrofe adquiere proporciones descomunales

Pero el problema va más allá de los efectos. A medida que aparecen nuevos personajes y monstruos, Hope se entrega a una sucesión de carreras, disparos, golpes y desmembramientos. La muerte de una criatura abre paso a otras. Cada combate exige uno nuevo y cada aumento de escala parece justificar la prolongación del siguiente. Hay acontecimientos de sobra, pero escaso desarrollo dramático.

El líder de los cazadores, interpretado por Zo In-sung, y la policía que auxilia al protagonista, encarnada por Jung Ho-yeon, amplían las posibilidades de acción. Sin embargo, el relato les concede poco espacio para desarrollarse más allá de sus funciones en la emergencia. Sus intervenciones multiplican los enfrentamientos, pero sus vínculos y conflictos quedan apenas esbozados. El problema alcanza también al personaje de Hwang Jung-min: conforme crece el espectáculo, el policía cuya mirada sostenía el comienzo del filme pasa a ser otro cuerpo que corre, dispara y trata de sobrevivir.

Una película de acción puede construir personajes mediante sus decisiones y movimientos, sin detenerse a explicar sus vidas. Aquí, sin embargo, la insistencia en las mismas situaciones reduce ese margen. Perseguir, escapar y sobrevivir por poco, acaban siendo un mecanismo repetido durante demasiado tiempo.

Los combates ofrecen pocas variaciones capaces de renovar el interés dramático, y las muertes se acumulan sin que hayamos llegado a conocer suficientemente a quienes las sufren. A Hope le sobran fácilmente treinta o 40 minutos.

El arsenal de los habitantes introduce una posible lectura sobre la respuesta armada ante lo desconocido. El desconcierto del policía contrasta con la naturalidad con que los vecinos exhiben sus armas, hasta desembocar en un despliegue de lanzacohetes y potencia de fuego desproporcionada.

Con todo, ese absurdo podría sostener una mirada crítica sobre una comunidad preparada para combatir antes que para comprender. Sin embargo, esa lectura queda subordinada a la exhibición de los enfrentamientos: la película dedica mucho más tiempo a prolongar las batallas que a explorar las consecuencias de esa disposición a disparar.

Tampoco la dimensión extraterrestre consigue articular mejor el conjunto. La combinación de tecnología espacial y criaturas entregadas al combate físico puede ser válida dentro de la ciencia ficción. Lo que falla es su incorporación a una historia que introduce nuevas explicaciones y amenazas cuando las anteriores todavía carecen de un desarrollo satisfactorio. El conflicto se expande, pero esa expansión obliga a esperar nuevamente un desenlace.

La imagen de una nave gigantesca cayendo hacia la Tierra concentra el problema. La catástrofe adquiere proporciones descomunales, aunque el tamaño de lo que ocurre ya no guarda relación con lo que está en juego para el espectador. Después de tanta destrucción, la película todavía parece estar abriendo otra etapa.

Por eso su final produce una sensación de interrupción. Quedan conflictos pendientes y un universo que el relato apenas comienza a desplegar. Tras un metraje tan prolongado, esa apertura pesa como otra postergación. Hope consigue que al principio queramos descubrir qué amenaza al pueblo; al terminar, lo que queremos es salir de la sala.

 

 

 

 

 

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Daniel Razazi Aylwin es un periodista, escritor, y actual editor general del medio Eltintero.cl. También es estudiante del magíster en literatura de la Universidad de los Andes (Chile).

 

 

 

 

Tráiler:

 

 

 

Daniel Razazi Aylwin

 

 

Imagen destacada: Hope (2026).

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