[Crónica] «Cyrano de Bergerac»: La miseria del héroe

El personaje del poeta y dramaturgo francés Edmond Rostand —inspirado a su vez en la vida histórica de un escritor parisino del siglo XVII— representa el éxito de la emoción morbosa. La obra supone una tragedia de la sensibilidad más destilada porque el protagonista malogra su vida, siendo alguien dotado tanto para la literatura como para las armas. Y eso, que le hace ser un superdotado, no le basta.

Por Luis Miguel Iruela Cuadrado

Publicado el 11.10.2026

Oscar Wilde decía: «La belleza es superior a la inteligencia porque no necesita explicación». Cyrano parece pensar lo mismo.

La obra teatral, que se estrenó en París en 1897, se basa en el personaje histórico Savinien de Cyrano, un escritor del siglo XVII que firmaba como Cyrano de Bergerac. Está muy bien documentada y recoge bastantes aspectos biográficos del auténtico personaje, quién dejó escritos muy esclarecedores de su idiosincrasia:

«Si adoráis a una mujer, ¿no es por su belleza? ¿Por qué, pues, continuar vuestras genuflexiones cuando la vejez ha hecho de ella un fantasma que amenaza de muerte a los vivos?». Texto que recuerda a los versos de Baudelaire en Las flores del mal sobre las ancianas de París, describiéndolas como monstruos que fueron mujeres.

La tragedia de Cyrano es la de un hombre feo que considera a la belleza física el valor supremo. Es la visión de un poeta.

Edmond Rostand (1868 – 1918) registra en la obra muchas características del personaje histórico. Parece ser que poseía una gran nariz y era exaltado, quisquilloso, independiente y rebelde con la autoridad. Muy susceptible con su aspecto físico y dotado de un temperamento belicoso. Se le conocen cerca de cien duelos a espada.

Molière tomó una de las escenas de su obra El pedante burlado para la comedia Las picardías de Scapin. Lo que indica su prestigio entre los autores del París de su tiempo. También se relata que estando en casa de su mecenas le cayó encima una viga que lo incapacitó y le condujo poco después a la muerte.

Cyrano vivió en el citado siglo y conoció un agitado periodo de cinco años de la historia de Francia denominado «La Fronda», que se distinguió por la oposición política de la nobleza a que el cardenal Mazarino gobernara el país durante la infancia de Luis XIV. Los dos bandos (Cyrano era antimazarinista) se obsequiaban con panfletos, parodias, sarcasmos, munición burlesca y poesía satírica. En todo ello destacó su actividad.

 

El triunfo de lo sentimental

El lugar en la historia de la literatura lo debe Cyrano a un relato titulado Historia cómica de los estados e imperios de la luna, más conocido por Viaje a la luna, publicado tras su muerte. Se trata de una visión crítica y burlona de las costumbres y los conocimientos filosóficos, científicos y religiosos de la sociedad de su época.

De Bergerac era seguidor del pensador Gassendi y pertenecía a un grupo cultural llamado de los libertinos (hoy diríamos más bien los librepensadores), algo así como la vanguardia del intelecto de aquellos años.

Hay, por tanto, un Cyrano histórico y un personaje dramático en un sentido estricto, creado por Edmond Rostand, que hizo de él un arquetipo de las letras universales en su apartado de los clásicos populares.

En efecto, es un carácter que ha persistido como Peter Pan, Drácula, Sherlock Holmes, Don Juan, etcétera. Cuando una creación de este estilo pervive en el tiempo es porque de alguna manera conecta con la psicología del espectador y del lector.

Cyrano representa el triunfo de lo sentimental (no exactamente del sentimiento). Es el éxito de la emoción morbosa. La obra supone una tragedia de la sensibilidad más destilada porque el protagonista malogra su vida, siendo alguien dotado tanto para la poesía como para las armas. Esto, que le hace ser un superdotado, no le basta.

Prefiere centrar toda su trayectoria en torno a su nariz. Vulnerable frente a las burlas (al parecer se ha sentido rechazado por las mujeres y por su propia madre), adopta una actitud provocadora ante los demás, haciendo pagar al mundo social su defecto. Como en tantas otras ocasiones, aquí el talento se pone al servicio de una deficiencia estética. Es muy posible que su habilidad con las armas y con las letras acabara por hipertrofiarse para compensar el gran tamaño de su nariz.

Con todo y con eso, parece un personaje agraciado por un lirismo romántico y afilado, pero en realidad es esta una impresión engañosa ya que desperdicia su vida y no lleva la felicidad a los otros.

Elige la belleza masculina de Christian para darle voz y capacidades poéticas, y poder de este modo ser él correspondido por Roxana, convirtiendo al joven en un simple intermediario entre el propio Cyrano y la amada sin saberlo esta. El amor de este modo se falsea.

¿Qué habría pasado si Christian no muere después de casarse, cuando Roxana hubiera descubierto que a su galán le escribían los guiones de pasión? Amargura para ella y para sus recuerdos, así como para Cyrano que propició con engaños esa unión.

En el fondo, lo del espadachín es un estar ahí, sin saberse retirar. Un sacrificio narcisista tardorromántico, morboso e inútil. Sobre todo, porque Roxana podría haberle amado a él con nariz y todo lo demás (es algo que se aprecia a la conclusión de la obra).

Cyrano es otro ejemplo a añadir de un personaje romántico celebrado por el público; adopta una independencia y presume de ella de manera desafiante, como corresponde a un «yo» hipertrofiado. La provocación y el «hacer pagar» a los demás su defecto llega a extremos desmesurados. Por ejemplo, detiene una representación teatral porque quiere y lesiona de gravedad a un joven que no tiene posibilidades reales en el duelo ante él. Casi un asesinato.

En efecto, Cyrano es alguien trágico no por su sacrificio lírico, sino por ser una persona profundamente equivocada, inútilmente errada. Dadas sus características, se tiene la necesidad de concluir que, como héroe de ficción, a pesar de su aceptación popular y de su fama, resulta ser un héroe bastante miserable.

 

 

 

 

 

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Luis Miguel Iruela Cuadrado es un poeta y escritor, doctor en medicina y cirugía por la Universidad Complutense de Madrid. Especialista en psiquiatría, jefe emérito del servicio de psiquiatría del Hospital Universitario Puerta de Hierro (Madrid), y profesor asociado (jubilado) de psiquiatría de la Universidad Autónoma de Madrid.

Dentro de sus obras literarias se encuentran: A flor de agua, Tiempo diamante, Disclinaciones, No-verdad y Diccionario poético de psiquiatría.

En la actualidad ejerce como asesor editorial y de contenidos del Diario Cine y Literatura.

 

«Cyrano de Berberac», de Edmond Rostand (Alianza Editorial, 2016)

 

 

 

Luis Miguel Iruela Cuadrado

 

 

Imagen destacada: Cyrano de Bergerac (1990).

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