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[Ensayo] «Canadá 5351»: El filme chileno acerca de la tortura carcelaria que remece a España

El cortometraje de la realizadora nacional Catalina Brügmann, bautizado así por la calle en el cual se encuentra el centro de reclusión de menores de la comuna de San Joaquín en Santiago, se exhibe hasta este miércoles 9 de diciembre —vía streaming— en el Festival de Cinema i Drets Humans de Barcelona, uno de los más prestigiosos en su género a nivel mundial.

Por Jordi Mat Amorós i Navarro

Publicado el 8.12.2020

Otro año más y nuevamente se celebra el Festival de Cinema i Drets Humans de Barcelona, un excelente certamen —dirigido por Toni Navarro— y cuyo objetivo es “fomentar la DUDH y sus valores humanistas y fraternales, y —asimismo— la cultura de la paz mediante el cine y la cultura”.

Esta 17° edición viene condicionada por las restricciones sanitarias debidas al Covid–19. Así las películas a concurso se ofrecen on line en la página oficial del certamen donde pueden visionarse gratuitamente agrupadas en trece secciones de periodicidad semanal.

La primera de ellas lleva por título Exilio. Exiliados y presos. Entre las películas programadas destaca el cortometraje documental Canadá 5351 de la chilena Catalina Brügmann sobre las torturas —pasadas y presentes— cometidas en el recinto penitenciario San Joaquín de Santiago de Chile. Está disponible —al igual que el resto de las agrupadas en esta primera sección— hasta el próximo miércoles 9 de diciembre.

 

Las prisiones

Las prisiones son el reflejo de una comunidad determinada, de una nación. En ellas cumplen condena los ciudadanos a los que su Estado considera culpables de algún delito, el punto está en qué tipo de Estado administra la justicia y los centros de internamiento, qué es punible y qué significa estar recluido.

En un sistema con voluntad constructiva la reclusión se entiende como una oportunidad para que el preso pueda reflexionar sobre el error cometido y buscar salir del propio pozo con la ayuda de profesionales cualificados.

Ese tipo de Estado aboga por la reinserción en una labor pedagógica social que abarca tanto a los de dentro como a los de a fuera de los muros carcelarios. Como es sabido lamentablemente pocos países ostentan ese entender y ese obrar.

Frente a esa necesidad, lo tristemente común es la reclusión entendida como castigo social en la que el reo fácilmente se hunde aún más en el propio pozo. Esos centros penitenciarios para nada cumplen la función de rehabilitación y reinserción. Muchos de ellos son guetos que se convierten en escuelas de inhumanidad, en esos microcosmos impera la ley del más fuerte donde el objetivo prioritario del reo es la supervivencia.

Los Estados totalitarios lideran ese triste entender y en sus prisiones además abundan los disidentes y desahuciados por el sistema opresor. En estos centros opacos la única esperanza para el recluso o la reclusa es un cambio real de régimen.

 

Catalina Brügmann

 

San Joaquín, un centro nada modélico

Brügmann nos ofrece un cortometraje que recoge testimonios de internos de la prisión santiaguina tanto de tiempos pasados como del presente. Testimonios sin nombre ni rostro, voces que han sufrido la represión y no se sienten seguras en un sistema —el chileno— en el cual el poder aún está en manos de los allegados a la dictadura.

Se nos muestran imágenes del centro de reclusión tal cual es hoy. Unas paredes repintadas con colores vivos entre las que destaca el mural del patio que firman “Los peligrosos”. Un mural simbólico, sobre fondo blanco vemos el dibujo de un árbol cual mandala con pájaros en sus ramas cortado en su copa por la reja carcelaria y en su base distinguimos una flor cuyo centro es una calavera.

El recuerdo a tantos muertos entre esos muros y la esperanza de alcanzar la paz, la paz en/con uno mismo y la paz social. Un bello objetivo que lamentablemente para nada refleja la realidad del centro ni la del país.

Porque esas paredes maquilladas que durante la dictadura contuvieron a presos sin derechos, presos torturados y muertos, hoy en día siguen siendo grises. San Joaquín alberga jóvenes delincuentes a los que se les maltrata, se les administran medicamentos dopantes e incluso en ocasiones también se les tortura.

Si estremecen los testimonios de supervivientes —cuántos no pueden contarlo— de la época de Pinochet, como el relato de una mujer que fue torturada allí por funcionarios de ambos sexos, tanto o más sobrecogen los de esos jóvenes en tiempos de democracia.

En el centro penitenciario impera la violencia, el atroz lema “la letra entra con sangre” propio de regímenes autoritarios aún rige como si Pinochet siguiera gobernando. En palabras de uno de esos jóvenes: «el centro no ha cambiado su esencia que es un campo de concentración”.

Son chavales torturados de distintos modos como el de sumergir sus cabezas en agua llegando al borde del ahogo. Y que sufren todo tipo de vejaciones, en San Joaquín desafortunadamente las violaciones están al orden del día, por ese motivo muchos internos se embadurnan con sus propios excrementos para no ser abusados.

“El mismo conflicto, la misma aberración, la misma crueldad” sentencia una mujer al final de este duro documental mientras se nos ofrecen simbólicas imágenes exteriores. Un muro con pintadas de recuerdo a la sangre derramada de tantos chilenos masacrados por la dictadura militar en la que destacan mitos como Allende o Jara. Y un árbol con ramas secas.

¿Podrá la sociedad chilena honrar a sus grandes deshaciendo los opresores muros de la injusticia? ¿La nueva Constitución será la base para la reconstrucción nacional? ¿O tienen que morir más árboles —más vidas— en la tierra seca de la indolencia de los pocos que lo tienen y lo quieren todo?

 

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Jordi Mat Amorós i Navarro es pedagogo terapeuta por la Universitat de Barcelona, España, además de zahorí, poeta, y redactor permanente del Diario Cine y Literatura.

 

 

 

Tráiler:

 

 

Imagen destacada: Canadá 5351 (2019).

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