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«No basta con amar», de Cristián Mamani: La difícil deconstrucción

La ópera prima del realizador nacional denota oficio cinematográfico y dedicación en detalles tan cuidados como la fotografía y el montaje. El largometraje de ficción -que se acaba de estrenar este jueves 12 de septiembre- cuenta con las actuaciones protagónicas de los actores Daniela Ramírez, Néstor Cantillana y del joven intérprete Samir Sukni.

Por Alejandra Boero Serra

Publicado el 12.9.2019

Hoy se estrena en los cines de Chile No basta con amar. Es el debut como director de Cristian Mamani. Una película que toca temas sensibles y cuya apuesta no es menor. Porque si en la superficie hay una familia joven lidiando con una separación, en los bordes se deslizan temas urticantes y candentes, poniendo el foco en los roles de la mujer: la decisión entre mandatos y vocación, entre el sufrimiento que provoca el amor romántico (desigualdad, sacrificio, sumisión), el dolor que conllevan los desencuentros en toda apuesta amorosa y cómo hoy se gestionan estos vínculos.

Javiera (Daniela Ramírez), una astronóma que trabaja en los grandes observatorios del norte, después de seis meses, regresa al lugar en que José (Néstor Cantilana) -su pareja- y Samir (Samir Sukni) -el hijo de ambos- viven, para hablar. Y acá hablar significa decirle a Samir algo que él ya sabe desde su percepción de niño atento y sensible. Hablar significa romper. Y separarse. Una elección dilatada por las excusas y la culpa. Una fractura que baja desde el desierto y se interna en el bosque y no puede disolverse en ningún mar.

Entre el desierto -lejano, inhóspito- donde Javiera hace lo que sabe y lo que ama, a costa de saberse cuestionada y demandada por los afectos y el paisaje costero de la zona central -acogedor, doméstico, «maternal»- donde padre e hijo conviven en contacto con «la naturaleza» hay una disrupción, un trastocar y desandar roles naturalizados.

Mamani como director y co-guionista, junto a Feisal Sukni y Göizeder Urtasun, no se arropa en estereotipos ni se instala en la comodidad. Arriesga y se mete en el barro de los des-re-encuentros de esta pareja en donde él elige un estilo de vida que le permite hacerse cargo -¿por qué debería esto ser una excepción?- de la crianza de su hijo y ella elige realizarse como profesional y persona sin quedar entrampada en la dinámica familiar -¿por qué es tan difícil y dolorosa esa decisión de mujer y madre? El director muestra estas idas y vueltas emocionales, estas encrucijadas sin juzgar. Sigue a los personajes en sus silencios y en sus diálogos a medias en donde todo está en proceso. Y donde las decisiones no resuelven los conflictos de vivir. De arriesgarse a vivir, a sentir, a asumir el deseo propio y dejar a los adultos ser adultos, sin romanticismos ni sentimentalismos, y a los niños sin subestimarlos en este tránsito de ver cómo sus padres resuelven la situación.

Conmueve el conflicto familiar. Conmueven, también, las cuidadas, sutiles y bellas escenas. La fotografía de Juan Millán, el montaje -precioso en todas las acepciones- de Rodrigo Sandoval y la música a cargo de Darío Seguí y Fernando Holgado hacen del dolor, la pérdida, el romperse física y emocionalmente un lugar de empatía y de tránsito amoroso aunque el amor no baste. Y sí, y muy bien, las actuaciones protagónicas de Ramírez, Cantilana y Sukni secundadas por actores no menos potentes como Paola Giannini, Pablo Schwarz, Laura Martínez, Luna Martínez y Javiera Arce.

Podríamos decir que hay cuestiones que quedan en el aire, perdidas en el mar, en el desierto: el porqué se llega a la ruptura de pareja, el porqué de los meses de distancia física entre madre e hijo (los roles maternidad-paternidad) sin ahondar. Prefiero sentir esas faltas-desiertos como vacíos que posibiliten seguir pensando, seguir preguntando. La ambigüedad como posibilidad de vernos en las contradicciones, en afrontar la hondura del instante sin red. Eso, siento, hizo Cristian Mamani: darle a las relaciones de pareja-familiares el poder de la deconstrucción. Como escribe María Magdalena, poeta argentina: «El amor, en estos tiempos, pude ser disruptivo. No le quitemos su poder de transformación. Aunque duela». Y sí: «No basta con amar». Pero, sí, bien valen los intentos. O extrapolando lo que dice Javiera: «…yo tengo que estar en un observatorio grande porque allí se pueden ver más cosas, allí podemos descubrir lo que no sabemos dónde está, pero está. Y eso sólo podemos hacerlo desde el desierto». Desde allí el amor, la vida, la falta. Y el riesgo.

 

Alejandra M. Boero Serra (1968). De Rafaela, Provincia de Santa Fe, Argentina, por causalidad. Peregrina y extranjera, por opción. Lectora hedónica por pasión y reflexión. De profesión comerciante, por mandato y comodidad. Profesora de lengua y de literatura por tozudez y masoquismo. Escribidora, de a ratos, por diversión (también por esa inimputabilidad en la que los argentinos nos posicionamos, tan infantiles a veces, tan y sin tanto, siempre).

 

La actriz Daniela Ramírez en «No basta con amar» (2019)

 

 

 

 

Tráiler:

 

 

Imagen destacada: Los actores Daniela Ramírez y Néstor Cantillana en un fotograma del largometraje No basta con amar (2019).

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