[Crítica] «Oblómov»: Víctima de la abulia espiritual

Publicada a mediados del siglo XIX, esta novela del narrador ruso Iván Goncharov coincide en el tiempo con otro personaje ensimismado, el Bartleby de Herman Melville. Ambos caracteres pertenecen a esos seres que se han dado en llamar «hombres superfluos».

Por Eduardo Suárez Fernández-Miranda

Publicado el 7.10.2026

La excelente traductora Lydia Kúper de Velasco nos trae una de las novelas más importantes de la literatura rusa: Oblómov, del escritor ruso Iván Goncharov (1812 – 1891).

Dentro de la impecable colección de clásicos de la editorial Alba, Oblómov presenta a un protagonista cuya inactividad y abulia de espíritu dominan su vida. Prototipo del espíritu ruso del siglo XIX, y dentro de la corriente realista que imperaba entonces, el personaje central de esta novela es un terrateniente que descuida su finca, fraudulentamente administrada, pierde el dinero y la estimación de una mujer por su indecisión e inactividad.

«Estar tumbado no era para Oblómov una necesidad como lo es para el enfermo o para el que tiene sueño, ni una casualidad como para el que está cansado, ni siquiera un placer como para el perezoso; era un estado normal». Su estado natural es la inacción, aburrido de todo e incapacitado para el análisis, la actividad más enérgica que lleva a término es pasear en su roído batín asiático por la casa.

 

Un hombre nuevo e ilusionado

Esta abulia espiritual que parece no tener fin se rompe al cabo de los años, gracias a su amigo Shtolz, un personaje emprendedor y activo que ejercerá sobre él una misteriosa sacudida que por un momento le hará creer en la posibilidad de otra clase de vida, en la que asoman insospechadamente la confianza y el amor.

Con todo, el tedio desaparece durante el verano, en el que se enamora de la joven Olga. Un amor secreto al principio que espera la ocasión propicia para hacerse público. Oblómov se ha transformado en un hombre nuevo, ilusionado, activo, pero llega el otoño.

Publicada a mediados del siglo XIX, coincide en el tiempo con otro personaje abúlico y ensimismado, el Bartleby de Herman Melville. Ambos personajes pertenecen a esos seres que se han dado en llamar «hombres superfluos»; figuras literarias que protagonizaron obras de Pushkin o Turguéniev. Recordemos de este último autor ruso su Diario de un hombre superfluo, también publicado en Alba.

Se destaca en Oblómov la perfecta organización dramática, su humor sostenido y elocuente y una narración distanciada y comprensiva a la vez.

También en Alba Editorial: Narraciones completas, de Alexandr S. Pushkin y Humo, de Iván Turguéniev.

 

 

 

 

 

 

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Eduardo Suárez Fernández-Miranda nació en Gijón (España). Licenciado en derecho por la Universidad de Sevilla, realiza sus estudios de doctorado dentro del Departamento de Literatura Española e Hispanoamericana de la misma Casa de Estudios superiores.

Colabora como crítico literario en las revistas españolas El Ciervo, Serra d’Or, Llegir.cat, Gràffica y Quimera, donde lleva a cabo una serie de entrevistas a escritores, editores y traductores, nacionales y extranjeros.

Asimismo, escribe para las publicaciones americanas Cine y Literatura (Chile), La Tempestad (México), Continuidad de los Libros (Argentina) y Latin American Literature Today (University of Oklahoma). También, colabora de forma ocasional en los diarios asturianos El Comercio y La Nueva España.

 

«Oblómov», de Iván A. Goncharov (Alba Editorial, 2025)

 

 

 

Eduardo Suárez Fernández-Miranda

 

 

Imagen destacada: Iván Aleksándrovich Goncharov.

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