[Crónica] «Loco latir»: El retrato de una familia chilena

La novela de Ana María del Río nos muestra un lugar ubicado en la zona centro sur del país en un momento especial de la naturaleza, la política (plena época de la Unidad Popular) y la intimidad de un clan poderoso, dueño de predios agrícolas enormes en plena producción, durante una lluvia torrencial y agitación campesina.

Por Jaime Hales Dib

Publicado el 22.4.2026

Los escritores siempre decimos que al narrar una historia en cuentos o novelas, combinamos la realidad con la ficción, haciendo que se fundan en una nueva realidad. Muchas veces nos preguntan si acaso esto sucedió tal cual o hay «invento».

Walter Garib dice: los escritores somos mentirosos y falsificamos la verdad. Yo, riendo con él, discrepo y digo: los escritores modificamos los detalles de las historias para entregar relatos cuyo fondo es verdad. Porque escribimos, como si se tratara de un palimpsesto mágico, sobre la realidad concreta.

En el epígrafe de mi novela Baila hermosa Soledad —que gira en torno al atentado a Pinochet y lo que se vivía en esos años—, dije: «Cualquier semejanza con la realidad es perfecto resultado del inconsciente del autor». Lo que es parcialmente cierto.

Para escribir una buena novela se requiere, además de capacidad de redactar bien, entrar en la realidad y, desde una misteriosa conexión interior, ser capaz de meterse en situaciones y personajes.

El autor literario entrega miradas sobre la vida propia y ajena, y se presenta a sí mismo disuelto en los personajes que va creando a partir de sus experiencias.

Así, el escritor muestra acontecimientos y personas, lugares y emociones que empatizan con un lector que se apropia paulatinamente del relato, tomando simpatía o antipatía con los personajes y recreando, en su propia imaginación, cada uno de los rostros y paisajes, el sonido de la voz, los sentimientos y pensamientos de quienes aparecen retratados fidedignamente o a veces con cierto tono de caricatura, que se puede hacer necesario para dar énfasis y no equivocarse.

Todo esto lo hace de modo muy bien logrado Ana María del Río (1948), escritora de largo tiempo, profesora, formadora de escritores, en su novela Loco latir (Editorial Forja, 2026) que acaba de salir publicada.

 

Todos concurren al fundo

Aunque no hay fechas, claramente la novela nos lleva a los años 1971 a 1973, cuando en Chile se profundizó la Reforma Agraria con tomas de fundos, activismo por parte de los funcionarios del Estado en favor de los campesinos, intervenciones de industrias y expropiaciones de propiedades agrícolas.

La autora menciona con frecuencia las leyes que fueron aprobadas y promulgadas durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva (1964 – 1970), lo que jamás fue perdonado por los terratenientes y las familias tradicionales de Chile ubicadas entre los más ricos de la sociedad.

Pero a la narradora no le interesa una crónica histórica, sino entrar en la profundidad de los hechos a través de personajes que un lector avezado podría hasta llegar a identificar.

La novela de Ana María del Río nos muestra un lugar ubicado en la zona centro sur de Chile en un momento especial de la naturaleza, la política y la intimidad de una familia poderosa dueña de predios agrícolas enormes en plena producción, durante una lluvia torrencial y agitación campesina.

Han muerto los abuelos de Make, la protagonista, con pocas horas de diferencia. Esto sucede poco tiempo después de la muerte de su propio padre, y toda la familia concurre al fundo para el sepelio.

Llegan los hijos e hijas de los ancianos fallecidos, todos personajes de peso en sus ambientes sociales, cercanos a las altas esferas de la política, abogados de estudios empingorotados, empresarios, con sus esposas y esposos. Make está acompañada de su madre y está también Tarso, otro nieto, su primo hermano.

Todos estos personajes interactúan mientras permanecen atrapados en el lugar por diversas circunstancias, con una «descripción» de personajes notable. Lo pongo entre comillas, porque no es que la autora diga cómo son. Lo hace, pero brevemente.

Lo interesante es que los personajes se revelan en los diálogos —muy bien logrados— y ahí los lectores podrán reconocer el tipo de personas que son los integrantes de esta familia, los religiosos que llegan para el funeral, las empleadas de la casa, los campesinos. Y otros dueños de fundo cuyo papel, breve, resulta trascendental en la novela misma.

Es un episodio que se inserta en la historia de la segunda mitad del siglo XX chileno, cuyas secuelas las vemos hasta hoy.

Junto con eso tenemos relatos de historias amor, de revelaciones sorprendentes, aspectos íntimos de los distintos personajes, pero sobre todo de la protagonista que, en medio de varias tribulaciones, se va diseñando como una muchacha ya adulta en pleno desarrollo para convertirse en mujer.

Durante esas breves semanas en que transcurre todo, ella madura lo suficiente como para procesar todos los dolores, miedos, emociones intensas, que se viven en los textos de Ana María del Río.

Sin duda la autora, con una enorme trayectoria, demuestra su calidad de escritora con esta novela en que Make, figura narradora, va revelando la situación propia de una muchacha joven que enfrenta situaciones para las que probablemente no estaba preparada.

La novela se lee rápido porque la historia es entretenida y para muchos resultarán sucesos conocidos. Así será con los mayores, pero los jóvenes encontrarán un apasionante libro que cuenta parte de la vida de sus propios padres, cualquiera que sea el lugar en que ellos se ubicaron cuando sucedió ese proceso en nuestro país.

 

 

 

 

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Jaime Hales Dib (1948) es un abogado formado en la Universidad de Chile, poeta, narrador y profesor.

En 1995 fundó la Academia de Estudios Holísticos SYNCRONIA, luego fue agregado cultural en México durante el gobierno del Presidente Ricardo Lagos Escobar. También formó parte del directorio y fue secretario general de la Sociedad de Escritores de Chile (Sech).

Además, integró el Consejo Nacional del Libro y la Lectura de Chile, participó en la comisión redactora de la Ley del Libro, fundó la Editorial Casa Doce, ha publicado varios textos de su autoría y ha dado recitales poéticos en diversas ciudades tanto de Chile como del extranjero (Francia, España, Estados Unidos, Colombia, Ecuador, Panamá, Uruguay, Argentina y México).

En la actualidad es columnista y redactor estable del Diario Cine y Literatura.

 

 

«Loco latir», de Ana María del Río (Editorial Forja, 2026)

 

 

 

Jaime Hales Dib

 

 

Imagen destacada: Ana María del Río.

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