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[Ensayo] «Vecino»: La poesía telúrica y desbocada de Alfonso Alcalde

Desterrado de los focos y de las banales disputas de los círculos literarios, el autor chileno se recluyó en la galaxia de Tomé, como llamaba a la pequeña caleta pesquera del Biobío, cuyos pasajes de tierra caminaba como un detective anónimo de las costumbres y el humor de sus comuneros.

Por Alfonso Matus Santa Cruz

Publicado el 28.7.2022

Si paseamos por el amplio y enrevesado museo de la poesía chilena, un edificio agrietado y deslumbrante, con secciones en mantención, andamios a la vista y un montón de dioramas en que el horror de diversos períodos históricos convive con escenificaciones de una tarde en un hospital de provincias, algunos excesos surrealistas y artificios antipoéticos, eventualmente, tras pasar la sección de las vacas sagradas y anti sagradas, llegaremos al aula de los poetas a la intemperie.

Lugar constantemente abatido por la lluvia del sur, los espejismos del desierto y los vientos en cuyo canto se cifra el destino del territorio. En ella podemos encontrar las obras de algunos poetas subterráneos, exuberantes y comprometidos con nada más que con la caprichosa intensidad creativa de una vocación poética itinerante.

Uno de los últimos en esta línea, que volvió a poner el foco en el habitar poético de la vida misma, fue Bolaño, sobre todo el joven nómade Bolaño que descendió y trepó por Sudamérica hasta México justo cuando las guerras floridas, como las llamaba, que gatillaron las dictaduras, comenzaban a segar millares de vidas.

Lo que no muchos saben, fuera de los devotos lectores de poesía cuyo olfato los guía tarde o temprano a contactar con estas voces peculiares y magnéticas, es que un escritor nacido en Punta Arenas, un viajero melancólico e intrépido, fue uno de los primeros de esta estirpe.

Hablo de Alfonso Alcalde Ferrer (1921 – 1992), cuya obra ha sido rescatada en las últimas décadas, en gran parte gracias a la labor del escritor Cristian Geisse, pero cuyo legado nunca ha dejado de encantar a los lectores más omnívoros.

Simplemente porque es difícil no asombrarse ante la torrentosa versatilidad de sus prosas breves, empapadas de un tono carnavalesco, con personajes comunes y marginales, cuyo humor y desolación resplandecen gracias a su destreza lírica y narrativa.

Un escritor que hizo casi de todo, desde contrabandear caballos en la frontera entre Bolivia y Argentina, hasta trabajar en las minas, escribir para la televisión chilena y hacer monografías sobre futbolistas y boxeadores, no merece ser olvidado, sobre todo por el calibre de su escritura, que ocupa un lugar singular en la literatura chilena.

Baste como mención la mítica anécdota de cuando, apadrinado por Neruda, el joven poeta Alcalde, en vez de lanzarse al estrellato literario, auspiciado por el patriarca mismo de la poesía latinoamericana, decide quemar en una pira la edición casi completa de su primer poemario. Lo que le costaría un largo destierro por parte de la mafia editorial de ese tiempo (léase: estar en la lista negra de Neruda).

 

Un autor agobiado por la gracia

Precisamente su obra poética posterior, que lenta, pero consistentemente, ha ganado lectores, es reeditada en una antología de la editorial Lumen, titulada Vecino.

Un título enfático, directamente inspirado en una palabra que Alcalde utilizaba mucho en sus poemas, como dirigiéndose al interlocutor que está del otro lado de las páginas, del otro lado del muro, en el mismo barrio, tan cerca y a la vez tan lejos de sus pasiones y experiencias cotidianas. Una declaración de principios vital y poético para nada camuflada.

El Alfonso Alcalde poeta se revela como un ser arrastrado por los embates del destino y el hechizo de la vocación poética. Cumple con lo que decía María Zambrano sobre los herederos de Orfeo: el poeta, agobiado por la gracia, ya no sabe qué hacer.

Así, Alcalde describe sus tormentos y gozos sin caer nunca en el pecado de la moderación, experimentando con el poder expresivo de las metáforas y el lenguaje coloquial, tomando elementos tanto de Vallejo, como de Huidobro, Neruda y Parra, generando un estilo peculiar, sonoro y torrentoso, cuyo punto final se descifraba en varios versos, como los siguientes: «Por solidaridad / con el suicida / todos los gallos del lugar se hicieron / el harakiri y el último en despacharse / ese, fue ladrón de gallinas».

Desterrado de los focos y las banales disputas de los círculos literarios, Alcalde se recluyó en la galaxia de Tomé, como llamaba a la pequeña caleta pesquera del Biobío, cuyos pasajes de tierra caminaba como un detective anónimo de las costumbres y el humor de sus vecinos. Fue esa la zona que inspiró a Alcalde su proyecto más desmesurado, un poemario cuyo título presenta sus pretensiones: El panorama ante nosotros.

Como todo libro descomunal posee sus altibajos y relieves, pero no deja de ser una obra apabullante y riquísima, que cada vez gana más enteros frente a proyectos de un calibre similar, como el Canto general de Neruda, y esto es porque la obra de Alcalde nace de un ímpetu radical, territorial y carnavalesco.

La necesidad de grabar en tinta la experiencia cotidiana, la montaña rusa de las pasiones y las peculiaridades de los distintos oficios; las lágrimas, el sudor y las risas que compartimos y ocultamos, sea a orillas del mar, en las manos ajadas de las madres chilenas o en la buhardilla donde se plasma la escritura.

 

 

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Alfonso Matus Santa Cruz (1995) es un poeta y escritor autodidacta, que después de egresar de la Scuola Italiana Vittorio Montiglio de Santiago incursionó en las carreras de sociología y de filosofía en la Universidad de Chile, para luego viajar por el cono sur desempeñando diversos oficios, entre los cuales destacan el de garzón, el de barista y el de brigadista forestal.

Actualmente reside en la ciudad Puerto Varas, y acaba de publicar su primer poemario, titulado Tallar silencios (Notebook Poiesis, 2021). Asimismo, es redactor permanente del Diario Cine y Literatura.

«Vecino», de Alfonso Alcalde (Editorial Lumen, 2022)

 

 

 

Alfonso Matus Santa Cruz

 

 

Imagen destacada: Alfonso Alcalde.

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