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[Crónica] «Dark Matter»: Un disco que reverdece viejos sueños

La nueva entrega de la banda estadounidense Pearl Jam es un álbum que da esperanza en que el rock aún es el principal género musical. Entre tanta basura, este vinilo aparece como una válvula de escape y melancolía, una isla en un mar de mierda sonora.

Por Cristián Brito Villalobos

Publicado el 25.4.2024

Saltando y agitando las cabezas. Mis amigos de infancia me acompañaban en aquel ritual. Nos reuníamos en la casa del Negro Cordero, un viejo amigo que hoy las oficia de fotógrafo. Corrían los años 90. En ese entonces cursaba la educación media en el Colegio Chuquicamata, en pleno Desierto de Atacama.

En ese árido y particular lugar, la música era una vía e escape, una ventana hacia lo nuevo y desconocido. Como casi todos los jóvenes de la época, nos refugiábamos en el grunge. Así, pasaba tardes enteras con entrañables compañeros como Mario Caballero, José Pablo Cordero, el Pelao Díaz, el Garra Garrido, el Peti Nielsen y muchos más. Eran tardes mágicas en donde la música era un acto de rebeldía.

Recuerdo que siempre vestía a la usanza de la moda grunge; vale decir, pantalones shorts cargo, bototos, alguna polera de una banda y una camiseta a cuadrille. Chuquicamata era una réplica a pequeña escala de los suburbios gringos. Las casas, el hospital, el colegio, todo era de primer nivel y excelencia.Vivimos en esa fantasía llena de privilegios, en ese otro mundo paradisiaco financiado por Codelco.

Fue en aquellos días cuando conocí a bandas como Nirvana, Pearl Jam, Alice in Chains, Soundgarden Mudhoney, Tenmple of the Dog, Candlebox, Mad Season, y muchas más. Tiempos de furia contenida. Tiempos de búsqueda. En el fondo nos sentíamos identificados con esos gritos rebeldes. Éramos una familia. Fueron años hermosos donde la música fue el motor de nuestra amistad.

 

Una carga eléctrica de delirio y cordura

De eso ya han pasado décadas. Mis amigos de ese entonces y yo hemos cambiado. Muchos con familia, otros solos, pero siempre que recuerdo esos días vienen a mi cabeza temas como Even Flow, In Bloom, Servet the Servents, River of Deciet, Hunger Strike, y muchos otros himnos generacionales.

Hoy, con cerca de 47 años, continúo escuchando música como un poseso. Mi mundo musical se ha abierto a diferentes estilos y bandas, pero fue el grunge el movimiento al que más cercano me sentí. Después de algunos discos mediocres, Pearl Jam, nuestra banda de culto, acaba de lanzar Dark Matter, un disco que reverdece viejos sueños y que nos sacude.

Un álbum que da esperanza en que el rock aún es el principal género musical. Entre tanta basura, Dark Matter aparece como una válvula de escape y melancolía. Una isla en un mar de mierda.

A través de las redes sociales me entero de que aquellos viejos amigos también vibran con lo nuevo de los de Seattle. Y es que temas como el homónimo que da el título al disco, o «Running», y mi favorito «Wating for Stevie», me ha devuelto la fe y me transporta a un pasado lleno de ira, pero también de belleza.

Dark Matter suena de fondo. Canto solo. Bailo. Ya no están mis amigos y sólo quedan recuerdos de un tiempo remoto, pero al cerrar los ojos, nuevamente estoy en Chuquicamata junto a mis amigos, agitando nuestras cabezas, saltando, lanzando cojines y cantando. Porque eso es la música. Un retrato. Una carga eléctrica que nos lleva al delirio y la cordura al mismo tiempo.

—Prende el equipo, Negro, sube el volumen y cantemos, porque aún somos jóvenes.

 

 

 

 

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Cristián Brito Villalobos (Antofagasta, Chile, 1977), además de poeta y escritor es periodista titulado en la Universidad Católica del Norte y magíster en literatura de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

 

«Dark Matter», de Pearl Jam (Republic Records, Monkeywrench, Inc, 2024)

 

 

Tráiler:

 

 

 

Cristián Brito Villalobos

 

 

Imagen destacada: Pearl Jam.

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