[Crónica] «Notas para una autobiografía»: Roberto Bolaño, el implacable

Este autor confiesa y declara su admiración por el autor de «Los detectives salvajes» como un gran escritor en lengua castellana —más hábil en la crónica que en la novela—, pero rechaza las actitudes peyorativas del exiliado intelectual respecto de sus pares, poniendo en duda que el «despiadado» los haya leído a todos en profundidad.

Por Edmundo Moure Rojas

Publicado el 29.5.2026

Las opiniones de Roberto Bolaño (1953 – 2003) sobre los escritores chilenos fueron tan influyentes como polémicas. Tenía la costumbre de emitir juicios tajantes, a veces provocadores, pero detrás de ellos había una concepción muy exigente de la literatura: valoraba el riesgo estético, la originalidad y la integridad del escritor por encima del éxito comercial o institucional. Entre sus pares locales pueden distinguirse claramente sus admiraciones y sus rechazos.

Entre las primeras, Bolaño consideraba a Nicanor Parra una figura fundamental. Lo llamó en diversas ocasiones el mayor poeta chileno vivo y reconoció que la lectura de su obra fue decisiva para su propia vocación literaria. La influencia de la «antipoesía parreana» sobre Bolaño fue profunda y duradera.

También admiró a Enrique Lihn, a quien veía como uno de los escritores más lúcidos y modernos de Chile. En más de una entrevista lo situó entre los autores indispensables de la literatura chilena contemporánea.

Respecto de José Donoso, su posición fue ambivalente. Aunque discrepaba de muchas de sus ideas y era crítico del llamado «boom» latinoamericano, reconocía la importancia de algunas de sus novelas. Llegó a afirmar que había escrito al menos tres grandes libros: El lugar sin límites, El obsceno pájaro de la noche y El jardín de al lado. Asimismo, manifestó aprecio y elogios estéticos por la obra de Gonzalo Rojas y de Jorge Edwards, a quienes consideraba figuras de auténtica relevancia literaria.

Entre las críticas severas, donde este cronista advierte cierta odiosidad literaria, Bolaño fue implacable con autores de gran éxito editorial y resonancia mediática, como Isabel Allende, de quien profirió algunas de sus opiniones más conocidas. Llegó a decir que le parecía «una mala escritora» y consideraba su obra más cercana a la literatura comercial que a la literatura de creación.

También fue muy crítico con Antonio Skármeta. En una entrevista señaló que, si debía elegir entre Antonio Skármeta e Isabel Allende, prefería a Allende, aunque añadió que ninguno de los dos le parecía representativo de lo mejor que podía ofrecer la literatura chilena.

Sus reparos alcanzaron, además, a autores como Luis Sepúlveda, Volodia Teitelboim, Marcela Serrano, Hernán Rivera Letelier y, en ciertos momentos, a Diamela Eltit.

Esta última apreciación, la encuentra desafortunada este cronista y escriba, injusta y odiosa, sobre todo al conocer actitudes egocéntricas y vanidosas de Bolaño que fueron desdeñadas por nuestra querida Diamela Eltit, quien no le prestó la atención que éste consideraba adecuada a su figura de perdonavidas literario.

Así, dentro de esta línea de crítica subjetiva, con buena dosis de resentimiento —esto opina el cronista—, en el caso de la relación con Pablo Neruda adquirió ribetes especiales. Bolaño admiraba enormemente su poesía, pero cuestionaba aspectos de su figura pública y de sus posiciones políticas.

Nunca fue un rechazo literario; más bien una mezcla de fascinación y crítica, aunque no se puede desarmar a un creador, opinando de sus diversas partes constitutivas como si fuese un rompecabezas.

 

Opiniones a menudo exageradas

Si hubiera que resumir el mapa literario chileno de Bolaño, diríamos que sus grandes referentes nacionales fueron Parra, Lihn y, con matices, Donoso. En cambio, desconfiaba de los autores que asociaba con el éxito comercial, el prestigio institucional o una literatura que juzgaba complaciente. Sus opiniones fueron a menudo exageradas y deliberadamente provocadoras, pero contribuyeron a instalar un debate que sigue vivo sobre qué entendemos por literatura de alto valor estético en Chile.

Sobre este particular, hemos conversado a menudo con David Hevia, poeta, escritor, ensayista y académico destacado, quien comparte lo esencial de la crítica de Bolaño, sosteniendo que, en materia estética, «no se casa con nadie». (El cronista a veces percibe ser, en esta materia, asaz benevolente).

Un aspecto interesante es que, con el paso de los años, muchas de las valoraciones positivas de Bolaño sobre Parra, Lihn y Donoso han sido ampliamente compartidas por la crítica, mientras que sus ataques a Allende o Skármeta continúan generando controversia.

Al cronista, en su mitad peninsular, le escuecen un tanto las críticas de Roberto Bolaño a Francisco Umbral y a Camilo José Cela, que fueron de las más duras que dirigió contra escritores españoles contemporáneos. No se trataba, en todo caso, de una enemistad personal, sino de un rechazo literario.

Bolaño veía en ambos autores una prosa excesivamente ornamentada y una concepción de la literatura que consideraba alejada de la intensidad narrativa y moral que él admiraba en escritores como Borges, Rulfo, Cortázar, Chéjov o Carver.

Su frase más conocida aparece en el texto «Consejos sobre el arte de escribir cuentos», donde afirma: «Un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral».

La afirmación está formulada con el humor provocador que caracterizaba a Bolaño, pero expresa una convicción real. En ese mismo texto contrapone a Cela y Umbral con Borges, Rulfo, Bioy Casares, Cortázar, a quienes considera modelos para cualquier narrador.

Cuando murió Camilo José Cela en 2002, gran parte de la prensa española publicó elogios casi unánimes. Bolaño reaccionó a contracorriente con un artículo titulado «Las palabras y los gestos», donde cuestionó esa virtual canonización, aunque no negaba la importancia histórica de La familia de Pascual Duarte ni de La Colmena, pero consideraba que la figura pública del autor había terminado eclipsando al escritor.

Le molestaba especialmente el carácter espectacular y mediático del personaje, así como lo que veía como una progresiva pérdida de vigor literario.

Respecto de Francisco Umbral, el reproche era distinto. Bolaño admiraba la literatura que avanza mediante la narración, el riesgo y la exploración de zonas oscuras de la experiencia humana.

En Umbral veía más bien un extraordinario estilista, pero demasiado concentrado en el brillo verbal. Consideraba que su prosa podía convertirse en un fin en sí misma, una literatura que privilegia el estilo y no una literatura que, según Bolaño, debe jugarse algo esencial en cada página.

Lo curioso es que hoy la crítica suele reconocer que tanto Bolaño como Umbral y Cela terminaron ocupando lugares centrales, aunque muy distintos, en la literatura en español de finales del siglo XX. El tiempo no confirmó plenamente a unos contra otros; más bien los incorporó a todos al canon, cada uno por razones diferentes.

El cronista confiesa y declara su admiración por Roberto Bolaño como gran escritor en lengua castellana —más hábil en la crónica que en la novela—, pero rechaza las actitudes peyorativas del exiliado intelectual respecto de sus pares, poniendo en duda que el «implacable» los haya leído a todos en profundidad.

 

Roberto Bolaño será el tema que animará la tertulia de este martes 2 de junio en la Sociedad de Escritores de Chile

 

 

 

 

 

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Edmundo Moure Rojas (1941), escritor, poeta y cronista, asumió como presidente titular de la Sociedad de Escritores de Chile (Sech) en 1989, luego del mandato democrático de Poli Délano, y además fue el gestor y fundador del Centro de Estudios Gallegos en el Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago de Chile, casa de estudios superiores en la cual ejerció durante once años la cátedra de Lingua e Cultura Galegas.

Ha publicado veinticuatro libros, dieciocho en Sudamérica y seis de ellos en Europa. En 1997 obtuvo en España un primer premio por su ensayo Chiloé y Galicia, confines mágicos. Uno de sus últimos títulos puestos en circulación corresponde al volumen de crónicas biográficas Memorias transeúntes.

Exdirector titular del Diario Cine y Literatura (2020 – 2024), en la actualidad ejerce como la cabeza visible y responsable de la prestigiosa casa impresora Unión del Sur Editores.

 

«Notas para una autobiografía», de Roberto Bolaño (Editorial Alfaguara, 2026)

 

 

 

Edmundo Moure, escritor y académico, bajo sombrilla en jardín, mirando a cámara con expresión serena
Edmundo Moure Rojas

 

 

Imagen destacada: Roberto Bolaño.

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