[Crítica] «Evil Dead: En llamas»: Lo monstruoso en el núcleo familiar

Con una premisa sencilla, pero todavía fértil, el filme del realizador francés Sébastien Vanicek demuestra que la franquicia aún conserva potencia después de más de cuatro décadas de existencia. Su escena postcréditos sugiere además la posibilidad de una continuación, lo que confirma que este universo, pese a sus múltiples instalaciones en distintos medios, todavía parece tener nuevas formas de invocar a sus demonios.

Por Camila Gordillo Varas

Publicado el 8.7.2026

Evil Dead: En llamas (Evil Dead Burn, 2026) es la sexta película de la franquicia creada por Sam Raimi, cuya primera entrega, The Evil Dead, se estrenó en 1981 y se convirtió rápidamente en un objeto de culto para los fanáticos del horror. Desde entonces, la saga ha dado lugar a una amplia variedad de obras en distintos medios: cómics, novelas gráficas, videojuegos e incluso una serie de televisión.

Con todo, esta nueva entrega dialoga con las anteriores a nivel de universo y mitología, aunque no funciona como una secuela directa, ya que no recupera personajes centrales de las películas previas. La historia se renueva, pero conserva el núcleo reconocible de la franquicia: personajes que, tras encontrar accidentalmente un grimorio llamado Necronomicón o Libro de los muertos, liberan fuerzas demoníacas que deberán enfrentar.

El filme está dirigido por Sébastien Vanicek, director francés que debutó en 2023 con su ópera prima de horror, Infested, y cuenta entre sus productores con Sam Raimi, creador de la franquicia, y Rob Tapert, colaborador habitual de las entregas anteriores.

La historia sigue a Alice, interpretada por Souheila Yacoub, quien, tras la muerte de su esposo, decide pasar un periodo de duelo junto a la familia de este en una casa aislada en medio del bosque. Desde esa premisa, el largometraje recupera varios elementos clásicos de la saga: el encierro, la amenaza sobrenatural, el cuerpo violentado que no muere y una progresión narrativa marcada por el exceso.

 

El Necronomicón como archivo filial

Como en las entregas anteriores, Evil Dead: En llamas trabaja con una mezcla abrupta de horror, humor negro y violencia extrema. La película evita una comicidad paródica al estilo de Scream, donde el género se comenta a sí mismo desde una distancia metatextual. Su humor es más seco y cruel: aparece en líneas de personajes secundarios, en reacciones desproporcionadas o en la manera en que lo sobrenatural se vuelve casi cotidiano.

Esa hibridez puede resultar desconcertante para espectadores ajenos a la saga, especialmente para quienes esperan una película de horror sostenida únicamente en la tensión o el miedo. Para quienes conocen la franquicia, en cambio, ese desequilibrio entre lo grotesco, lo cómico y lo brutal forma parte de su identidad.

Uno de los elementos más interesantes de esta nueva entrega es el modo en que el Necronomicón adquiere una dimensión simbólica vinculada a la herencia familiar y a la violencia doméstica. El libro, además de seguir funcionando como dispositivo narrativo para liberar posesiones demoníacas, aparece también como una figura asociada a aquello que se transmite, se oculta y retorna de forma monstruosa en el núcleo familiar.

Esta mirada se conecta con el pasado de Alice y con su trauma, otorgándole a la historia una capa inesperada de profundidad al conflicto sobrenatural. La película podría limitarse a encadenar posesiones, mutilaciones grotescas y escenas de supervivencia, pero encuentra en la experiencia de su protagonista un eje emocional que vuelve más significativo el despliegue de violencia.

 

El exceso como virtud y límite

En términos de gore, el filme no escatima. Como suele ocurrir con las secuelas de franquicias de horror, aquí parece operar la exigencia de aumentar la intensidad, expandir los límites del cuerpo destruido y satisfacer a una audiencia que espera imágenes cada vez más extremas.

Sin duda, Evil Dead: En llamas es una de las entregas más violentas de la saga. Ese exceso será probablemente uno de sus mayores atractivos para los fanáticos del horror corporal, aunque también puede sentirse reiterativo dada la duración de la película.

A esto se suma un uso insistente del jumpscare: en varios momentos, el sobresalto reemplaza una construcción más paciente del miedo, lo que vuelve algunas escenas previsibles y reduce el impacto de sus imágenes más perturbadoras.

El tropo del encierro —personajes atrapados en una casa aislada, sin posibilidad de huir hasta enfrentar la amenaza— concentra la acción en un espacio reducido, y la acumulación de violencia durante buena parte del metraje puede acercarse, por momentos, al territorio del torture porn.

A pesar de ello, el punto más sólido del filme a está en la construcción de Alice y en la manera en que su historia personal sostiene el conflicto. Su intento de sobrevivir es más que una reacción al peligro insistente, dado que se configura como una extensión de una experiencia previa de violencia doméstica, duelo y resistencia.

Souheila Yacoub logra darle presencia y vulnerabilidad al personaje, y convierte a Alice en un centro emocional convincente dentro de una película marcada por las muertes imaginativas, los torrentes de sangre y la desmesura a veces caótica de la violencia.

La saga Evil Dead nunca se ha caracterizado por una lógica narrativa demasiado cohesionada. Su fuerza ha estado más bien en la energía visual, en la imaginación grotesca y en su capacidad para combinar horror y humor sin pedir permiso.

En ese contexto, Evil Dead: En llamas resulta una entrega destacable porque intenta dotar de una capa simbólica a la violencia desbordada que exhibe. En algunos aspectos, recuerda a Ready or Not, película de 2019, por el protagonismo de una mujer enfrentada a una familia hostil en un espacio cerrado, donde la supervivencia se vuelve una forma de revancha física y emocional.

Con una premisa sencilla, pero todavía fértil, Evil Dead: En llamas demuestra que la franquicia aún conserva potencia después de más de cuatro décadas de existencia. Su escena postcréditos sugiere además la posibilidad de una continuación, lo que confirma que este universo, pese a sus múltiples instalaciones en distintos medios, todavía parece tener nuevas formas de invocar a sus demonios.

 

 

 

 

 

 

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Camila Gordillo Varas es profesora de lenguaje, magíster en literatura y actual estudiante del doctorado en literatura de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Investiga cruces entre literatura y cine, con énfasis en lo monstruoso, lo posthumano, lo gótico y las figuraciones del cuerpo en la cultura contemporánea.

 

 

 

 

Tráiler:

 

 

 

Camila Gordillo Varas

 

 

Imagen destacada: Evil Dead: En llamas (2026).

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