En el filme del director alemán Wim Wenders sucede una especie de hallazgo que emerge de la convergencia entre personas, lugares, luz y sombra, lo ordinario y lo inefable, y que se despliega como un recordatorio para estar atentos a los 500 milisegundos que dura el presente, pues lo valioso es reconocer la singularidad de cada instante y encuentro que jamás volverá.
Por Luis Cruz-Villalobos
Publicado el 2.7.2026
Qué maravilla,
sobre las hojas verdes
se posa el sol.
Matsuo Bashō
A mediados del año pasado, tuve la alegría de publicar un libro titulado Kotoba / ことば: Poemas desde palabras y proverbios de Japón (Cross-Cultural Communications & NoteBook Poiesis, 2025), en versión bilingüe castellano e inglés, que corresponde a un diccionario poético breve de términos y frases muy propias de la cultura nipona. Allí aparece el siguiente poema:
Komorebi
木漏れ日
Manos de luz
Que sutiles
Como de niñas sonrientes
Se hacen paso para deslumbrar
Con la belleza del cielo
En medio del verdor.
La película dirigida por Wim Wenders y estrenada en 2023, Pāfekuto Deizu (パーフェクト・デイズ, que es una transliteración del título inglés, Perfect Days) se apoya en una interpretación central y muy destacada de Kōji Yakusho, acompañada en el reparto por Tokio Emoto, Arisa Nakano, Aoi Yamada y Yumi Asō, mientras que su escritura se realiza en coautoría con Takuma Takasaki y su puesta en imágenes recae en Franz Lustig, con montaje de Toni Froschhammer.
El filme fue presentado en el Festival de Cannes, donde recibió el premio interpretativo para Yakusho, además la película fue nominada al premio de Largometraje Internacional por la Academy of Motion Picture Arts and Sciences, lo que señala la amplitud de su recepción pese a su tono sobrio e íntimo.
Que el título japonés sea una simple transliteración resulta curioso dada la densidad semántica que implicaba el concepto que Wenders usó como «título de trabajo» y clave filosófica/espiritual del filme: Komorebi (木漏れ日), palabra japonesa que corresponde, como lo evoca el poeta arriba citado, al juego de luz y sombra producido cuando el sol atraviesa hojas en movimiento.
Cuya pertinencia en el largometraje queda evidenciada de modo explícito, ya que el protagonista practica con gran atención y de forma habitual la observación y registro fotográfico de ese fenómeno, pero también de modo tácito, especialmente en la sobrecogedora escena final, acompañada por un magnífico tema de la gran Nina Simone.
Al parecer, la palabra Komorebi fue reemplazada por Perfect Days en el proceso creativo, al asociarse el tono del film con la música y con una idea de día «perfecto», comprendido desde una óptica minimalista, donde lo excelente no depende de logros extraordinarios, sino de una manera de mirar y disfrutar cada instante.
Lo pequeño con nitidez
El punto de partida narrativo de la obra consiste en hacer un seguimiento a la vida cotidiana de Hirayama —un trabajador de limpieza de baños públicos en el distrito de Shibuya de Tokio— a través de una rutina estricta que se inicia antes del amanecer, se despliega en trayectos, herramientas de aseo, gestos de orden minuciosos, pausas de disfrute sencillo y retornos nocturnos.
Así, la existencia diaria del protagonista se ve atravesada, de manera gradual, por encuentros inesperados que resultan como mínimas revelaciones o al menos insinúan sutilmente capas de su pasado, sin convertirlas en explicación ni en giro argumentativo que clausure el carácter amablemente misterioso del protagonista.
La elección estética más determinante reside en el modo en que la repetición se filma como diferencia sutil, pero significativa, ya que el relato insiste en que «no hay dos días iguales» para Hirayama aun cuando la secuencia de acciones parezca idéntica, y esta paradoja —lo mismo que nunca es lo mismo— es precisamente el primer puente hacia komorebi como metáfora estructural de la película: lo que se repite no es el contenido del instante, sino la disposición a recibirlo, de modo que la obra evita convertir la rutina en una prisión tediosa y la reconfigura como una suerte de andamiaje que permite que lo pequeño suceda con nitidez y belleza.
En el filme sucede una especie de hallazgo que emerge de la convergencia entre personas, lugares, luz y sombra, lo ordinario y lo inefable, y que se despliega como un recordatorio de que no tenemos que tener la expectativa de días perfectos de modo estereotipado, sino de estar presentes y atentos a los 500 milisegundos que dura el presente (cf. Francisco Varela), pues lo valioso es reconocer la singularidad de cada instante y encuentro que jamás volverá.
Días perfectos no nos muestra la ciudad como un espectáculo de la modernidad ni como una postal turística, sino más bien como un tejido de escenarios cívicos comunes —baños, parques, calles, comercios de barrio— en los que el bien colectivo depende de prácticas invisibles de mantenimiento, de tal forma que puede emerger en nosotros la pregunta: ¿qué significa vivir en una ciudad si nadie se hace cargo de lo que no luce ni llama la atención, de lo que no se premia abundantemente, de aquello que no se fotografía normalmente?
A nivel sensorial, el filme trabaja con una notoria economía de diálogo que refuerza la agencia constante del espectador, y al mismo tiempo inscribe en su textura la convivencia entre ficción y documental, como si Hirayama fuese seguido «documentalmente» en su trabajo y en sus desplazamientos cotidianos; este régimen de observación no es neutral, porque hace que el espectador experimente, más que «comprenda», el tempo con el que el protagonista vive de forma sencilla y mínima su vida sin ansiedad y, especialmente, sin insatisfacción.
Como se indicó al inicio de este artículo, la palabra komorebi designa la luz del sol filtrándose a través de las hojas de los árboles, y su etimología se suele explicar como una composición de «árbol» (木), «filtrarse o filtración» (漏れ) y «sol/luz» (日), lo cual sugiere que el término implica el ejercicio de atención entrenada a un fenómeno muy concreto, muchas veces desapercibido.
La película explota precisamente esa concreción cuando ubica a Hirayama, en medio de una jornada laboral físicamente exigente, deteniéndose a mirar los árboles sentado en una banca, alzando la vista para luego fotografiar la efímera escena, como si el resplandor y sombra generado por las hojas a contraluz fuese un recurso espiritual de bajo costo y máxima profundidad en su vida.
Nunca volvemos al mismo lugar
Komorebi, sin embargo, no se agota en la denominación de un simple fenómeno, sino que subraya la dimensión irrepetible de cada instante, insistiendo en que lo que ya pasó jamás no vuelve («nunca volvemos al mismo lugar», en palabras de Pessoa), de tal modo que lo fugaz y pasajero puede vivirse como un regalo, íntimo, propio.
Ahora bien, las hojas en movimiento a contraluz pueden ser en realidad cualquier otra cosa, animal o persona. Cualquier encuentro con la realidad es irrepetible, único y, por lo mismo, valioso.
Esa conversación con la pareja que se vio interrumpida por un mensaje irrelevante de WhatsApp o una nueva fotografía de Instagram, no volverá a darse nunca más del mismo modo. Ese abrazo que no se sintió y que se dio con la mente en otra parte a ser querido, no volverá a repetirse. Y si no se aprovechó, se perdió para siempre como oportunidad de encuentro.
La dimensión relacional del filme, que en apariencia es secundaria porque Hirayama habla poco, se vuelve filosóficamente crucial cuando se asocia con ichi-go ichi-e (一期一会), expresión vinculada a la ceremonia del té cuya traducción aproximada, «una vez, un encuentro», invita a tratar cada encuentro interpersonal como único, es decir, la atención total al evento irrepetible.
En la película, los encuentros con desconocidos, colegas, comerciantes y familiares se representan como micro-acontecimientos que reclaman presencia total, mindfulness relacional, un tipo de consciencia que la propia trama destaca con la frase: «Kondo wa kondo. Ima wa ima» (今度は今度。今は今), esto es, «la próxima vez es la próxima vez, ahora es ahora», formulación que funciona como ética del instante presente, que no niega el pasado ni el futuro.
A todo ello se suma ikigai (生き甲斐), que se puede traducir como «razón para vivir» o «vida que merece ser vivida», y que investigaciones recientes han intentado modelar como experiencia y motivación que integra propósito, sentido cotidiano y orientación hacia actividades valiosas.
La vida de Hirayama, tal como se presenta —trabajo meticuloso, pasiones culturales sencillas, aprecio por los árboles y por la lectura— sugiere un ikigai pleno, humilde y minimalista, anclado en el modo concreto de pasar los días.
Y esa lectura adquiere peso cuando se observa que estudios longitudinales y modelos integradores han asociado el ikigai con indicadores relevantes de salud y bienestar, incluyendo hallazgos de cohorte en Japón que relacionan la ausencia de ikigai con mayor riesgo de mortalidad, lo que refuerza la intuición de que el «sentido» es un recurso fundamental en la vida humana (Frankl, 2015; Sartore et al., 2023).
Ilustro a continuación las principales dimensiones del ikigai, como suele entenderse hoy en día, por medio de un poema del libro Kotoba:
IKIGAI
生き甲斐
Amar lo que se hace
Hacer lo que se ama
Cumplirlo con pericia
Y aguda exactitud
Respondiendo con ello
A quien lo necesita
Y recibiendo por todo esto
El sustento esencial.
El bienestar en la película no se reduce a una experiencia de interioridad, porque la obra insiste en una ética relacional de igualdad y respeto hacia toda persona, desde quien vive en la calle hasta quien ocupa un lugar alto en la jerarquía económica.
Vale recordar que una amplia literatura epidemiológica y psicosocial ha mostrado que la integración social, el apoyo percibido y la calidad de los vínculos se asocian de manera consistente con salud física, bienestar psicológico y supervivencia, con magnitudes comparables a factores de riesgo biomédicos ampliamente reconocidos (Berkman & Syme, 1979; House et al., 1988; Holt-Lunstad et al., 2010; Umberson & Montez, 2010).
La vida sencilla que lleva el protagonista de Días perfectos no debe entenderse como aislamiento estilizado, pues en él se observa lo fundamental: una forma de conexión sobria y amable en la que los vínculos se sostienen por reconocimiento, límites sanos y actos pequeños de cuidado y atención plena relacional.
Dimensiones que la investigación contemporánea sobre apoyo social, responsividad interpersonal y prosocialidad ha vinculado con bienestar, intimidad, regulación emocional y salud relacional (Gable et al., 2004; Feeney & Collins, 2015; Reis & Gable, 2015; Karremans et al., 2017; Hui et al., 2020).
Es importante, además, no interpretar este filme como una especie de «elogio de la precariedad laboral» o como una versión estetizada de estoicismo minimalista, porque la obra cinematográfica resulta más fecunda cuando se comprende como una meditación sobre la vida plena, el cuidado de lo ordinario y la posibilidad de una existencia significativa que no se identifica con el prestigio, la acumulación ni la posición jerárquica.
Con todo, esta lectura encuentra respaldo en un cuerpo amplio de evidencia sobre materialismo y bienestar: el meta-análisis de Dittmar et al. (2014), basado en 753 resultados estadísticos comparables, procedentes de 259 muestras independientes, documentó una asociación negativa consistente entre orientación materialista y bienestar personal.
Mientras que la tradición de investigación sobre metas intrínsecas y extrínsecas, vinculada a la teoría de la autodeterminación, ha mostrado que priorizar riqueza, imagen y estatus se asocia con menor vitalidad, menor satisfacción de necesidades psicológicas y mayor malestar, especialmente cuando esas metas desplazan aspiraciones ligadas al crecimiento personal, la relación con otros, la comunidad y la salud (Kasser & Ryan, 1993, 1996; Ryan & Deci, 2000; Kasser, 2016; Bradshaw et al., 2023).
Desde esta perspectiva, la opción vital de Hirayama en Días perfectos no aparece como renuncia depresiva ni como resignación conformista, sino como una reorientación hacia valores intrínsecos, donde la sencillez cotidiana adquiere densidad espiritual, estética y relacional al estar conectada bondadosamente con el entorno humano, natural y objetual.
Esta interpretación se vuelve todavía más plausible si se considera que los estudios sobre simplicidad voluntaria, minimalismo y conexión con la naturaleza han encontrado asociaciones positivas con bienestar, sentido, crecimiento personal y conducta prosocial, siempre que la vida sencilla sea elegida de manera autónoma y no impuesta por privación, explotación o precariedad estructural (Brown & Kasser, 2005; Hook et al., 2023; Pritchard et al., 2020).
Referencias bibliográficas:
—Berkman, L. F., & Syme, S. L. (1979). Social networks, host resistance, and mortality: A nine-year follow-up study of Alameda County residents. American Journal of Epidemiology, 109(2), 186–204.
—Bradshaw, E. L., Conigrave, J. H., Steward, B. A., Ferber, K. A., Parker, P. D., & Ryan, R. M. (2023). A meta-analysis of the dark side of the American dream: Evidence for the universal wellness costs of prioritizing extrinsic over intrinsic goals. Journal of Personality and Social Psychology, 124(4), 873–899.
—Brown, K. W., & Kasser, T. (2005). Are psychological and ecological well-being compatible? The role of values, mindfulness, and lifestyle. Social Indicators Research, 74(2), 349–368.
—Cruz-Villalobos, L. (2025). Kotoba / ことば: Poemas desde palabras y proverbios de Japón / Poems based on Japanese words and proverbs. Cross-Cultural Communications & NoteBook Poiesis.
—Dittmar, H., Bond, R., Hurst, M., & Kasser, T. (2014). The relationship between materialism and personal well-being: A meta-analysis. Journal of Personality and Social Psychology, 107(5), 879–924.
—Feeney, B. C., & Collins, N. L. (2015). A new look at social support: A theoretical perspective on thriving through relationships. Personality and Social Psychology Review, 19(2), 113–147.
—Gable, S. L., Reis, H. T., Impett, E. A., & Asher, E. R. (2004). What do you do when things go right? The intrapersonal and interpersonal benefits of sharing positive events. Journal of Personality and Social Psychology, 87(2), 228–245.
—Holt-Lunstad, J., Smith, T. B., & Layton, J. B. (2010). Social relationships and mortality risk: A meta-analytic review. PLoS Medicine, 7 (7), Article e1000316.
—Hook, J. N., Hodge, A. S., Zhang, H., Van Tongeren, D. R., & Davis, D. E. (2023). Minimalism, voluntary simplicity, and well-being: A systematic review of the empirical literature. The Journal of Positive Psychology, 18 (1), 130–141.
—House, J. S., Landis, K. R., & Umberson, D. (1988). Social relationships and health. Science, 241 (4865), 540–545.
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—Karremans, J. C., Schellekens, M. P. J., & Kappen, G. (2017). Bridging the sciences of mindfulness and romantic relationships: A theoretical model and research agenda. Personality and Social Psychology Review, 21 (1), 29–49.
—Kasser, T. (2016). Materialistic values and goals. Annual Review of Psychology, 67, 489–514.
—Kasser, T., & Ryan, R. M. (1993). A dark side of the American dream: Correlates of financial success as a central life aspiration. Journal of Personality and Social Psychology, 65 (2), 410–422.
—Kasser, T., & Ryan, R. M. (1996). Further examining the American dream: Differential correlates of intrinsic and extrinsic goals. Personality and Social Psychology Bulletin, 22 (3), 280–287.
—Pritchard, A., Richardson, M., Sheffield, D., & McEwan, K. (2020). The relationship between nature connectedness and eudaimonic well-being: A meta-analysis. Journal of Happiness Studies, 21 (3), 1145–1167.
—Reis, H. T., & Gable, S. L. (2015). Responsiveness. Current Opinion in Psychology, 1, 67–71.
—Ryan, R. M., & Deci, E. L. (2000). Self-determination theory and the facilitation of intrinsic motivation, social development, and well-being. American Psychologist, 55 (1), 68–78.
—Sartore, M., Buisine, S., Ocnarescu, I., & Joly, L.-R. (2023). An integrated cognitive-motivational model of ikigai (purpose in life) in the workplace. Europe’s Journal of Psychology, 19 (4), Article e9943.
—Umberson, D., & Montez, J. K. (2010). Social relationships and health: A flashpoint for health policy. Journal of Health and Social Behavior, 51 (Suppl.), S54–S66.
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Luis Cruz-Villalobos es un escritor, editor, poeta y psicoterapeuta chileno.
Especialista y posgraduado en psicología clínica de la Universidad de Chile, y doctor en filosofía por la Vrije Universiteit Amsterdam (Países Bajos).
Creador de una amplia obra literaria, con más de 50 libros de poesía publicados, además de varios ensayos sobre afrontamiento postraumático, hermenéutica aplicada y estética, el director titular del Diario Cine y Literatura también fue académico de posgrado en la Universidad de Chile (en el programa de magíster en psicología clínica) y de pregrado en la Universidad de Talca (en la Facultad de Psicología).
El profesor Cruz-Villalobos asimismo es el autor de la reciente versión hispanoamericana del protocolo SPIRIT para terapia espiritualmente integrada, y cuyo texto original es usado en el McLean Hospital de la ciudad de Belmont, en Massachusetts, Estados Unidos, y el cual es un establecimiento de tratamiento psiquiátrico asociado a la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard.

Tráiler:

Imagen destacada: Días perfectos (2023).





