En este híbrido texto del gran Claudio Magris —una crónica, una novela, y un ensayo a la vez— se siente al modo de un canto elegíaco de un río y de su gente como símbolo de vida y de muerte, congregación y soledad, desaparición y exhibición, de olvido y memoria.
Por Cristián Uribe Moreno
Publicado el 29.6.2026
El escritor italiano Claudio Magris (Trieste, 1939) viajó a mediados de los años 80 por el río Danubio. Desde su origen, en la Selva Negra del estado federado de Baden-Wurtemberg en Alemania hasta la desembocadura en el Delta del Danubio en el Mar Negro, en un recorrido de cerca de 3 mil kilómetros, el intelectual itálico registró este trayecto vital en su más célebre obra: El Danubio (1986).
La singular crónica ha vuelto a aparecer en la colección Compactos de Anagrama, en su decimo octava edición, y es una gran ocasión para acercarse a un libro excepcional que no solo describe un viaje físico, sino que también es un recorrido histórico y cultural por una Europa de la cual, por lo menos en esta parte del mundo, no estamos muy familiarizados: Europa Central o Mitteleuropa (término usado por los alemanes).
¿Cómo escribir sobre un río? ¿Cómo reflexionar sobre el cauce que da vida a gran parte del Viejo Continente? ¿Qué decir? ¿Qué relatar? La idea de crear una obra en torno a uno de los cursos fluviales más reconocidos del planeta no parecía fácil. Sin embargo, cuando se lee el libro de Magris, se siente que en esta mezcla de novela y ensayo, el emisor logra una refinada y armónica redacción que se mueve entre la erudición, la historia y el pensamiento crítico.
Por sus páginas, siguiendo el rumbo de las aguas, el narrador nos presenta ciudades no muy conocidas: Messkirch, Ulm, Ingolstadt, Passau, Linz, Viena, Bratislava, Budapest, Belgrano, Braila, entre otras. Describe a su gente, sus urbes, sus construcciones, descubriendo el espíritu de los distintos grupos de personas que habitan sus orillas.
Pero en esta exposición, también emerge la turbulenta historia que subyace en sus territorios. La identidad de los distintos pueblos que el río atraviesa, es una crónica de guerras, estallidos, crueldades, disputas, traiciones y un largo etcétera de conflictos humanos que, como el río, sinuosamente el emisor va abordando.
No es una narración que vaya en una línea de tiempo determinada, sino que flota en los recovecos de este río y relato donde brotan las pequeñas historias de vidas privadas o de la existencia cotidiana de su gente, que ha quedado estratificada en calles, casas, palacios, plazas, hospitales, cuadros, fotos, etcétera.
Detalles afectivos y emocionales, por otra parte, que la «gran historia» parece haber olvidado.
La complicada existencia de la diversidad
En estos planteamientos, Magris no se queda en lo meramente anecdótico pues los relaciona con la escritura de sus propios representantes. Por lo que el texto, puede entenderse también, como un rescate literario e histórico de un grupo de intelectuales que no están en el radar cultural occidental: Marianne von Willemer, Franz Grillparzer, Peter Altenberg, Nikolaus Lenau, Franz Liebhard, Ferenc Herczeg, Alfred Kittner, Heimito von Doderer, Paul Celan, Milo Dor, Rolf Bossert, Heinrich Zillich, Miroslav Krleza, Mihaly Babits, Endre Ady, Erwin Sinko, por nombrar a algunos.
Así, estos se mezclan con los más conocidos registros de Thomas Mann, Friedrich Hölderlin, Stefan Zweig, Franz Kafka, Goethe, Joseph Roth, Robert Musil, entre otros, creando un canon no muy habitual que Magris utiliza para desentrañar el sentimiento profundo de lo alemán, lo austriaco, lo húngaro, lo rumano, lo eslovaco, lo yugoeslavo, etcétera. Solo una pequeña muestra de la heterogeneidad que se ha formado durante siglos.
Esta travesía del autor triestino por la geografía física, literaria, identitaria e histórica de un territorio donde se funden las huellas de Occidente y de Oriente, que se forma de los vestigios del Sacro Imperio Germánico, el Imperio Habsburgo, luego, Imperio Austrohúngaro, el Imperio Otomano, la Alemania Nazi, también es una muestra de un mundo que ya no existe.
No solo por la distancia de los hitos históricos aludidos por el autor, sino que además por el año en el cual el escritor italiano viajó por el río para crear el libro. Cuatro décadas después (1986 – 2026), el mundo de ese entonces, cambió. Y de manera drástica.
Europa en ese momento, aún estaba dividida por lo que se conocía como la Cortina de Hierro. Y las naciones que el visitó, aunque la mayoría aún existen, otras no tuvieron la misma suerte.
Con todo, el caso más terrible es el de Yugoslavia. Magris al recorrer la región de Panonia, como la denominaban los romanos, se encuentra con esta nación, habitada por numerosas poblaciones: croatas, bosnios, macedonios, serbios, rutenios, eslovenos.
Un «Estado realmente plurinacional» comenta cuando está en Belgrado. Y percibe en la capital una dinámica que no había encontrado en otros sitios: «mantiene en vilo su centrífugo y difícil equilibrio». Es aquí, donde el escritor advierte esta complicada existencia de la diversidad.
Y reflexiona: «el mosaico yugoeslavo es hoy imponente y precario, desempeña un papel muy relevante en la política internacional (…) su solidez es necesaria para el equilibrio europeo y su eventual disgregación sería ruinosa para éste, como la de la doble monarquía lo fue para el mundo de ayer» (pp. 303 – 304).
Este equilibrio se terminó en el año 1991 cuando comenzó un proceso de separación de las distintas naciones que convivían bajo la bandera yugoslava. Y no solo fue ruinoso para el continente, sino para sus propios habitantes que se enzarzaron en un conflicto que duró un lustro, con miles de muertos, desplazados y una zona fracturada en seis nuevas naciones.
Así, El Danubio de Claudio Magris se siente un canto elegíaco de un río y su gente como símbolo de vida y muerte, congregación y soledad, desaparición y exhibición, olvido y memoria.
El río Danubio fue elegido porque es un cauce que baña las riberas de un territorio muy particular de la vieja Europa, un tanto misterioso para gran parte de la región occidental. Y en sus aguas confluyen «pasado y futuro, la vejez y la presencia de siglos, vencedores y vencidos como escribió el poeta Attila Josef (p. 256).
Un poderoso río que fluye indiferente al devenir humano.
***
Cristián Uribe Moreno (Santiago, 1971) estudió en el Instituto Nacional General José Miguel Carrera, y es licenciado en literatura hispánica y magíster en estudios latinoamericanos de la Universidad de Chile.
También es profesor en educación media de lenguaje y comunicación, titulado en la Universidad Andrés Bello. Aficionado a la literatura y al cine, y poeta ocasional, publicó asimismo el libro Versos y yerros (Ediciones Luna de Sangre, 2016).


Imagen destacada: Claudio Magris.


![[Entrevista] Poeta Roman Stănciulescu: "Lo importante de un poema es su capacidad para comunicar y tocar en la distancia" Poeta Roman Stănciulescu fumando pipa, con gesto contemplativo, frente a pared con ventanas amarillas](https://www.cineyliteratura.cl/wp-content/uploads/2021/10/romanstanciulescu.jpg)
![[Entrevista] Hugo Riquelme: "Somos los traumas que hemos superado" Hugo Riquelme en conferencia de prensa, hombre con gafas y barba negra frente a micrófono y póster](https://www.cineyliteratura.cl/wp-content/uploads/2024/08/hugo-riquelme-e1723454118546.jpg)
![[Ensayo] "El silencio del mar": Un hermoso preludio de Bach Escena en blanco y negro de tres personas alrededor de una mesa en interior oscuro, con lámpara iluminando a mujer](https://www.cineyliteratura.cl/wp-content/uploads/2023/11/el-silencio-del-mar-1-e1699442004539.jpg)
