[Ensayo] «En todo hay una grieta y por ella entra la luz»: Polifacético, arriesgado y difícil de definir

La novela del autor argentino Patricio Pron es una obra que desafía a su escritor a lanzarse hacia territorios que no preveía de antemano. Lo que comenzaba como una biografía ajena se transforma de a poco en un examen de conciencia oscura, en una crónica íntima de un malestar existencial tamizado por el caos del período pandémico, la crisis ecológica y el efecto Trump.

Por Alfonso Matus Santa Cruz

Publicado el 12.8.2026

El escritor recibe un encargo que a muchos investigadores enfocados en las vanguardias del siglo XX sería de gran atractivo: escribir una biografía de Benjamin Fondane, poeta, dramaturgo, filósofo y cineasta experimental nacido en Rumania, que viajó a Buenos Aires a rodar una de sus películas, se nacionalizó francés y finalmente fue apresado y asesinado en la última ola del holocausto en Auschwitz. Un personaje polifacético, arriesgado y difícil de definir.

Así comienza el libro; la escritura avanza, pero el contexto se abalanza a la velocidad de los tubérculos, invadiendo todo como una nube radioactiva infiltrada en la mente del autor.

Lo que se encaminaba a ser una biografía por encargo escrita en Nueva York, de pronto se tuerce y bifurca hacia un espacio negativo; una enfermedad misteriosa, un pasado y el amor ambiguo de una mujer, ese tipo de amor moderno que llega hasta cierto límite y ayuda a reflexionar sobre los límites y complejos respectivos, se toman el protagonismo.

Entrar al último libro de Patricio Pron (1975), En todo hay una grieta y por ella entra la luz, editado por Anagrama, creyendo que uno se someterá a la experiencia lectora de una novela extraña e inclasificable, que por más difícil de categorizar que sea sigue siendo novela, es errar la presunción.

Solapas y elogios aparte, no hay nada de novela en este libro.

Hay pensamiento, reflexión insidiosa, digresiones a granel, notas sobre notas, asociaciones a veces reveladoras y a veces acumuladoras. Una prosa densa, que a veces se despliega como un resorte, y a veces se cierra y choca contra un muro para abrir una puerta allí donde antes no había nada.

En efecto, el texto de Pron es cualquier cosa menos una lectura fácil o amena. Es una obra que desafía a su escritor a lanzarse hacia territorios que no preveía de antemano; lo que comenzaba como una biografía ajena se transforma poco a poco en un examen de conciencia oscura, en una crónica íntima de un malestar existencial tamizado por el caos del período pandémico, la crisis ecológica y el efecto Trump.

 

Una forma de expresar el dolor

En todo hay una grieta y por ella entra la luz no es un libro entretenido, no busca serlo, tampoco pretende ser mera autoficción, sino que procura agotar el anonadamiento, o, mejor dicho, se trata de una apuesta purgativa, una forma de expresar un dolor, una herida invisible, para que la luz recobre su terreno.

La sensación al leerlo evoca a la distracción que sufriría Proust de enfrentarse a un navegador con veinte pestañas abiertas; en su lucha con la memoria pediría consejo a David Foster Wallace y la melancolía y las notas a pie de página se multiplicarían hasta el punto de anudar tramas aparentemente inconexas, de indagar en la vida de una artista que vive pegada en un año de la década de los 80 o volver sobre la memoria del abuelo materno.

Este último episodio, del que trata la última sección del libro, es quizá la brecha luminosa. La interrogación de W. Su insinuación de que en la relación con su abuelo hay una pista y una posibilidad de sanación, es el momento en que lo que antes parecía un amasijo de retazos verbales o la colección de una conciencia oscura y mutilada, comienza a tomar su forma y su sentido.

Acaso valga la pena leer hasta ese punto, eso dependerá de cada lector. Pero si hay algo bello en este libro es esa relación, esa forma en que el amor y la amistad de un hombre y una mujer confluyen para enfrentar el dolor en compañía, para no temerle a las preguntas y avanzar, una vez más, hacia lo desconocido, hacia ese pasado maleable que cambia a cada instante.

Ese pasado que acecha o espera su reconocimiento, y nos alarga su espejo para observarnos, para tantear si es que allí habita nuestro verdadero rostro.

 

 

 

 

 

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Alfonso Matus Santa Cruz (1995) es un poeta y escritor autodidacta, que después de egresar de la Scuola Italiana Vittorio Montiglio de Santiago incursionó en las carreras de sociología y de filosofía en la Universidad de Chile, para luego viajar por el cono sur desempeñando diversos oficios, entre los cuales destacan el de garzón, el de barista y también el de brigadista forestal.

En la actualidad reside en la ciudad Puerto Varas, y hace cinco años publicó su primer poemario, titulado Tallar silencios (Notebook Poiesis, 2021). Asimismo, es redactor permanente del Diario Cine y Literatura y director de la revista Crisol.

 

«En todo hay una grieta y por ella entra la luz», de Patricio Pron

 

 

 

Alfonso Matus Santa Cruz

 

 

Imagen destacada: Patricio Pron.

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