[Crónica] «Wakefield»: Literatura y procrastinación

El relato del escritor estadounidense Nathaniel Hawthorne recogido en su libro «Cuentos de doble fondo», y el cual narra la peripecia de un burgués gentilhombre que tiene la ocurrencia de fingir un viaje para alojarse en la misma Londres cerca de su casa.

Por Luis Miguel Iruela Cuadrado

Publicado el 22.9.2026

Existe en el campo de las ciencias de la salud mental y en las sociales escritas en español la moda de incorporar a su cuerpo teórico términos anglosajones como «resiliencia» y «procrastinación». Lo paradójico del caso es que la etimología de ambas palabras se encuentra en el latín. Y procede de la dominación romana de Britania, sin olvidar tampoco el aporte de voces del Lazio que llegó a Inglaterra a través de la conquista de los normandos.

Así que nos encontramos con la bonita figura de recibir como nuevas, palabras que provienen de nuestra propia lengua madre desde muy antiguo. Este es probablemente uno de los ejemplos más claros del papanatismo del mundo culto y profesional español ante el empuje universal de un idioma menos rico, armonioso y de sonido más áspero. Pero no hay que desesperar, pronto adoptaremos los ideogramas del chino mandarín.

El origen de «resiliencia» es el vocablo romano resiliere, que significa «volver hacia atrás», «rebotar», «regresar atrás». Se ha utilizado en diferentes ciencias como, por ejemplo, la Física de Materiales para describir la recuperación de la forma de una materia en concreto que ha sido desfigurada por la acción de una fuerza cuando deja de aplicarse dicha fuerza.

También alude, en la Ecología de Poblaciones, a la reposición de una especie animal o vegetal que se ha visto diezmada por un incidente del estilo de una caza abusiva o un fuego extenso. Más popular es su uso en Psicología en la que señala el concepto de «capacidad de recuperación» cuando alguien padece un sufrimiento mental debido a una crisis. Aquí incluye el matiz de incorporar para el restablecimiento todo lo aprendido durante las circunstancias vividas.

La procrastinación encuentra su procedencia en el verbo latino procrastinare, que quiere decir «aplazar para mañana». Y nombra un fenómeno o síntoma común en personalidades de tipo evitativo y obsesivo, que consiste en diferir las decisiones necesarias de tomar.

Puede entenderse la procrastinación como una especie de compulsión inversa. Esta segunda consiste en el sentimiento imperioso de actuar, de tener que hacer algo concreto, en general un movimiento como un tic psicógeno. Si la persona en cuestión no lo ejecuta, experimenta una incomodidad creciente que desemboca en nerviosismo y angustia, y que se alivia drásticamente al efectuarlo.

En el caso de la procrastinación ocurre justo lo contrario, el lenitivo sucede al postergar la acción o la decisión aun cuando se acompañe de un sentimiento de vergüenza y se fantasee con hacerla en un futuro. Parece, por tanto, un triunfo del estado de inercia. Como ilustración clásica, es una denominación que se encuentra varias veces en los discursos jurídicos de Cicerón y que apunta hacia aquellos recursos ideados para enlentecer la marcha de la justicia.

 

«Me he recluido»

Wakefield es un relato de Nathaniel Hawthorne recogido en su libro Cuentos de doble fondo el cual narra la peripecia de un burgués gentilhombre que tiene la ocurrencia de fingir un viaje para alojarse en la misma Londres cerca de su casa.

El propósito, gastarle una travesura a su mujer y hacer que ella lo añore. En definitiva, gozar con la insensata idea de que es muy querido. Piensa en volver a su casa en cualquier momento deseado. Pero poco a poco va dilatando la decisión de hacerlo, y cuando se decide han transcurrido ya veinte años.

Advierte el autor que, si se deja establecer una grieta caprichosa en una relación humana, puede suceder que se cierre con rapidez llevándose por delante dicha relación, o bien que no se cierre nunca generando el mismo efecto.

En su ensayo dedicado a Hawthorne, transcribe Borges un párrafo de la carta del escritor a Longfellow en 1837. Dice así: «Me he recluido; sin el menor propósito de hacerlo, sin la menor sospecha de que eso iba a ocurrirme. Me he convertido en un prisionero, me he encerrado en un calabozo, y ahora ya no doy con la llave, y aunque estuviera abierta la puerta, casi me daría miedo salir». Esta situación duraría unos doce años.

Con todo, es muy tentador aventurar que esta singular experiencia se encuentra en la base de Wakefield, si bien la narración está inspirada en una noticia de la prensa.

La novela La casa de las siete buhardillas también presenta el influjo de este episodio de su vida. Asimismo, parece tentador en gran medida adivinar el fenómeno psicológico de la procrastinación como motor del comportamiento del personaje y del creador de la historia.

El relato de Herman Melville Bartleby, el escribiente lleva el tema de la inacción hasta la rebeldía pasiva y la muerte. Wakefield, en cambio logra volver a casa. Ambas historias se consideran un antecedente de la literatura de Franz Kafka y nos indican que esta implacable y melancólica destrucción del ser humano que se muestra en el siglo XX comienza ya en la centuria anterior sin olvidar a otros escritores como Nicolai Gógol y su cuento El capote.

Así, en cualquier caso, la raíz de todo este proceso no se encuentra tanto (sin desestimar dicha causa) en la organización social como en algo que se tuerce en nuestro interior y nos impide contemplar el paraíso. En esta ocasión, la constancia en procrastinar, la inercia de la quietud, quizá un deseo de eternidad.

 

 

 

 

 

 

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Luis Miguel Iruela Cuadrado es un poeta y escritor, doctor en medicina y cirugía por la Universidad Complutense de Madrid. Especialista en psiquiatría, jefe emérito del servicio de psiquiatría del Hospital Universitario Puerta de Hierro (Madrid), y profesor asociado (jubilado) de psiquiatría de la Universidad Autónoma de Madrid.

Dentro de sus obras literarias se encuentran: A flor de agua, Tiempo diamante, Disclinaciones, No-verdad y Diccionario poético de psiquiatría.

En la actualidad ejerce como asesor editorial y de contenidos del Diario Cine y Literatura.

 

«Cuentos contados dos veces», de Nathaniel Hawthorne (Acantilado, 2007)

 

 

 

Luis Miguel Iruela Cuadrado

 

 

Imagen destacada: Nathaniel Hawthorne.

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