En 1943, en plena Segunda Guerra Mundial, el realizador alemán Georg Wilhelm Pabst tuvo la oportunidad de rodar este filme —protagonizado por la actriz estadounidense Louise Brooks— dentro del conocido sarcásticamente como «Hollywood de Hitler» bajo la supervisión directa nada menos que de Joseph Goebbels.
Por Luis Miguel Iruela
Publicado el 16.6.2026
Georg Wilhelm Pabst (1895 – 1967) fue una de las figuras más significativas del cine alemán de la primera mitad del siglo XX. Aunque comenzó con el movimiento expresionista, se convirtió en su evolución artística en uno de los principales representantes de una corriente cultural llamada «nueva realidad», que abordaba las características de la vida burguesa de la República de Weimar, en especial las oscuridades psicológicas sexuales y vicios ocultos de sus habitantes, siguiendo los descubrimientos de la obra de Freud.
Así, destacan Bajo la máscara del placer (1925) con Greta Garbo; Misterio de un alma (1926); El amor de Jeanne Ney (1927); Crisis (1928); Tres páginas de un diario o el diario de una perdida para rematar con la que se considera su película maestra La caja de Pandora o Lulú (1929) basada en la obra de Frank Wedekind sobre el mito del pansexualismo en una muchacha seductora a través de su inocencia, víctima de su propia fascinación.
Acerca de dicha obra y en conjunción con El espíritu de la tierra, compondría Alban Berg su famosa ópera atonal homónima. Para el papel protagonista descubrió Pabst a la actriz norteamericana Louise Brooks, quien ocuparía luego un lugar destacado en el cine clásico.
De tendencias intelectuales avanzadas, Georg Wilhelm formó él mismo parte de la Asociación de Ideas Progresistas con el novelista Heinrich Mann (hermano de Thomas Mann), el camarógrafo Karl Freund y el director de teatro Erwin Piscator. El advenimiento del nazismo lo colocó en serias dificultades para poder desarrollar su trabajo.
En 1943, en plena guerra, el realizador germano tuvo la oportunidad de rodar Paracelsus dentro del conocido sarcásticamente como «Hollywood de Hitler» bajo la supervisión directa nada menos que de Goebbels. Se plantea en la película la tensión entre la libertad artística y la exigencia propagandística de un régimen totalitario, con el resultado final de un hálito de ambigüedad que infiltra toda la historia.
No obstante, el filme reproduce con fidelidad dos episodios decisivos de la vida del médico suizo y que sirvió para llamar la atención acerca de la importancia de este en la cultura alemana. Paracelso es un nombre jactancioso que viene a significar «al nivel de o superior al» médico romano Celso. Y representa el paso o bisagra entre el mundo medieval y el Renacimiento.
Su verdadero apelativo era Teophrastus Bombastus von Hohhenheim y concibió un modo radicalmente nuevo de ejercer la medicina, fundamentado en la observación directa de la Naturaleza y no en la experimentación propugnada por Francis Bacon.
Supone así el comienzo de una corriente científica alemana centrada en la experiencia, que alcanza una brillante expresión en Goethe y sus actividades investigadoras con las cuales descubrió el hueso intermaxilar y elaboró la teoría vertebral del cráneo, por citar solo dos ejemplos.
Asimismo, la actitud teórica de Paracelso se refleja en la Naturphilosophie o medicina romántica germana emparentada con el Idealismo Alemán y el propio Romanticismo.
Hasta reencontrarse a sí mismo
Esta actividad teórica generó además una cosmogonía, que interpretaba la Naturaleza, y una antropología sobre la que apoyaba las ideas etiológicas y terapéuticas de su cuerpo médico. Paracelso concebía la aparición del hombre en el mundo como un desarrollo natural que desembocaba en un ser compuesto de soma, alma y espíritu inmaterial al que nombraba como Geist.
Se adivina una actitud mental precursora de la obra de Hegel y su sistema sobre el Geist evolucionando a través de la historia hasta reencontrarse a sí mismo al final. Otro autor más actual en el que se aprecia la influencia de Paracelso es en Carl Gustav Jung, en cuya psicología se traslucen esbozos de las aportaciones más destacadas del médico-alquimista.
Quizá sea el propio Jung quien le ha tratado en sus textos con el máximo reconocimiento y respeto en los últimos tiempos. En la literatura en español, cabe destacar un magnífico análisis histórico y biográfico completado por una valoración ensayística, redactado por Pedro Laín Entralgo.
Es de sobra conocida su influencia en la aparición de la química y su posterior aplicación en la medicina por medio de la iatroquímica de Van Helmont. Otro tanto puede decirse de la farmacología y el empleo de minerales en la curación de enfermedades.
Pero quizá el más importante de los descubrimientos de Paracelso sea el concepto moderno de la «vocación médica» ejemplificado con su vida de viajero en busca de conocimientos y remedios, obtenidos mediante la observación directa de la realidad.
Durante toda su vida puso a los pacientes como centro y meta de sus afanes. Es un mérito de la película reflejarlo, así como el episodio de evitar la amputación de una pierna al impresor Froben (Frobenius), amigo personal de Erasmo de Roterdam, en esos años de profesorado en la Universidad de Basilea.
En este tiempo de docencia, dirigió a los estudiantes hacia la observación de los datos y la experiencia con el consiguiente abandono de la especulación escolástica y de las terapias lesivas (como la sangría) que primaban en la práctica sanitaria de entonces.
Otro pasaje que recoge la película es un brote epidémico de peste bubónica al que tuvo que enfrentarse Paracelso dentro de las oleadas infecciosas que asolaron Europa durante los siglos XIV y XV. El momento culminante del filme, desde una óptica estética, es precisamente una «danza de la muerte» causada por un saltimbanqui que expande sin saberlo la enfermedad por la población de Basilea.
Toda la concepción de las enfermedades como agentes externos que deben ser combatidos con sustancias químicas, debida a Paracelso, aparece recogida en la película. En especial, la aplicación de mercuriales, a dosis moderadas, para luchar contra el morbus gallicus, la terrible y devastadora sífilis.
Al margen de su origen ideológico, el largometraje trata la figura de Paracelso como la de un héroe (eso sí, nacional alemán) en su esfuerzo por comprender la patología y ayudar al necesitado.
Y en tal sentido, supone la recuperación de una figura que hizo avanzar, a pesar de sus peculiaridades de carácter, el curso de la medicina desde su lecho fundamentalmente galénico y conjetural hacia una base objetiva y una metodología rigurosa que abrirían paso a un enfoque científico posterior.
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Luis Miguel Iruela Cuadrado es un poeta y escritor, doctor en medicina y cirugía por la Universidad Complutense de Madrid. Especialista en psiquiatría, jefe emérito del servicio de psiquiatría del Hospital Universitario Puerta de Hierro (Madrid), y profesor asociado (jubilado) de psiquiatría de la Universidad Autónoma de Madrid.
Dentro de sus obras literarias se encuentran: A flor de agua, Tiempo diamante, Disclinaciones, No-verdad y Diccionario poético de psiquiatría.
En la actualidad ejerce como asesor editorial y de contenidos del Diario Cine y Literatura.

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