[Ensayo] «Desnudez»: Volver extraña la vida cotidiana

Los diez ensayos del pensador italiano Giorgio Agamben reunidos por la editorial Anagrama en este libro, sostienen el interés del autor europeo por diversos asuntos estéticos, políticos y filosóficos. Su principal dificultad aparece en los desarrollos teológicos más minuciosos, cuya extensión vuelve trabajosa la lectura.

Por Daniel Razazi Aylwin

Publicado el 22.10.2026

El mayor acierto de Desnudez, de Giorgio Agamben (Roma, 1942), es convertir la erudición en una herramienta para mirar de nuevo experiencias corrientes. Comer, contemplar un cuerpo o habitar una ciudad adquieren sentidos inesperados cuando el filósofo examina las tradiciones que atraviesan esos actos.

Los diez ensayos reunidos por Anagrama sostienen ese interés del filósofo europeo a través de asuntos diversos. Su principal dificultad, sin embargo, aparece en los desarrollos teológicos más minuciosos, cuya extensión vuelve trabajosa la lectura.

Agamben conversa con Benjamin, Kafka, san Agustín, Tomás de Aquino y otros autores de distintas épocas. La amplitud de sus lecturas interesa por las conexiones que construye. En «Un hambre de buey», un rito descrito por Plutarco sirve para reconsiderar la alimentación y la fiesta. La expulsión de un siervo que personificaba el hambre voraz abre, en su interpretación, el espacio para otra forma de comer.

Así, el alimento deja de estar subordinado exclusivamente a satisfacer una necesidad y participa de una celebración. La escena antigua modifica así nuestra percepción de una experiencia cercana: festejar supone alterar el sentido de lo que hacemos habitualmente.

El ensayo que da título al volumen comienza con una performance de Vanessa Beecroft. Ante un grupo de mujeres expuestas a la mirada del público, Agamben plantea una paradoja: los cuerpos están descubiertos, pero la desnudez parece no acontecer.

Desde esa perplejidad el autor indaga los vínculos entre cuerpo, vestido y gracia. El recorrido teológico cobra aquí una función precisa: rastrear los significados heredados que intervienen en nuestra mirada, incluso cuando creemos estar simplemente observando un cuerpo.

Especialmente revelador resulta el pasaje en que, siguiendo a Sartre, aborda el deseo sádico de hacer aparecer la carne del otro. Desvestirlo no basta. El intento consiste en despojar al cuerpo de su gracia, interrumpir la soltura de sus movimientos y someterlo a posturas forzadas.

Las imágenes incorporadas al ensayo ayudan a comprender esa diferencia: el contraste entre una mujer en su apariencia cotidiana y su presentación bajo constricciones hace visible lo que el argumento describe. En estas páginas, las ilustraciones ofrecen un apoyo concreto para seguir las distinciones conceptuales.

 

La brevedad de los ensayos no equivale a facilidad

«El cuerpo glorioso» muestra tanto el atractivo como la dificultad de este procedimiento. Agamben expone las preguntas de los teólogos sobre los cuerpos resucitados y deja aparecer el humor contenido en sus respuestas: la perfección corporal conduce a un Paraíso de treintañeros, mientras que la carne ingerida por un antropófago plantea problemas de identidad y pertenencia. Esas discusiones desembocan en una pregunta que excede la resurrección: qué puede hacer un cuerpo cuando sus capacidades dejan de responder a sus finalidades habituales.

Con todo, el recorrido, sin embargo, se demora en considerar sucesivamente la conservación de los órganos, la posibilidad de alimentarse sin necesidad y el destino de lo ingerido. Cada cuestión introduce nuevas distinciones dentro del problema del cuerpo resucitado. Esa insistencia en las funciones fisiológicas ocupa un espacio considerable y llega a restar impulso a la reflexión sobre sus posibles usos.

El humor hace más llevadera la exposición, pero no evita el cansancio. A ello se suman los conocimientos que algunos textos presuponen y que obligan al lector a detenerse y completar antecedentes. La brevedad de los ensayos no equivale a facilidad.

Otros textos permanecen en la memoria por el cambio de perspectiva que proponen. En «¿Qué es lo contemporáneo?», pertenecer al presente exige una distancia que haga perceptible lo que ese mismo tiempo oculta. La cercanía con lo arcaico cuestiona la identificación inmediata entre contemporaneidad y actualidad.

En el ensayo sobre los espectros, Venecia y las lenguas muertas llevan esa interrogación hacia las formas de supervivencia del pasado: aquello que ha terminado puede seguir determinando nuestra manera de vivir.

Con el avance de la lectura, la diversidad inicial gana cohesión. La inoperosidad vincula las reflexiones sobre el cuerpo y la fiesta mediante la suspensión de sus usos acostumbrados y la apertura de otras posibilidades. Los ensayos se complementan, y algunas correspondencias se vuelven más claras retrospectivamente.

El cierre, «El último capítulo de la historia del mundo», concentra esa capacidad de llevar la filosofía hacia la vida. Después de desplegar tantas referencias, Agamben se pregunta por nuestra manera de convivir con lo que ignoramos. Propone atender a aquello que se nos escapa sin convertirlo necesariamente en un territorio por conquistar.

Así, el libro termina pensando el lugar que el desconocimiento puede tener en el arte de vivir. Su despliegue de erudición desemboca en una invitación que permanece después de la lectura: aprender a dejar espacio a lo que no comprendemos.

 

 

 

 

 

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Daniel Razazi Aylwin es un periodista, escritor, y actual editor general del medio Eltintero.cl. También es estudiante del magíster en literatura de la Universidad de los Andes (Chile).

 

«Desnudez», de Giorgio Agamben (Editorial Anagrama, 2026)

 

 

 

Daniel Razazi Aylwin

 

 

Imagen destacada: Giorgio Agamben.

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