[Ensayo] «Pickpocket»: Sin encajar en ningún lado

Disponible en la exclusiva plataforma de streaming Mubi, la ópera prima del realizador chino Jia Zhiangke es una obra audiovisual que fue filmada en 16 mm, con mucha cámara en mano, y a través de largos movimientos de su lente, los cuales son contrastados con tomas prolongadas de personajes estáticos, en un contrapunto que muestra a un cineasta en pleno dominio de su arte, pese a lo joven que registró este crédito: apenas a los 27 años.

Por Cristián Uribe Moreno

Publicado el 25.7.2022

El filme Xiao Wu (Pickpocket, 1997) del director chino Jia Zhiangke significó su primer largo cinematográfico y su rápido reconocimiento internacional. Ese mismo año se exhibió en Berlín, comenzando una relación fructífera que se ha extendido a Cannes y Venecia, donde fue premiado por Naturaleza muerta el año 2006.

Cineasta no muy estimado por las autoridades que, sin embargo, han dejado que realice sus obras con relativa independencia dando muestra del relajo y nuevos aires en el país.

La película tiene una historia muy mínima. Xiao Wu (Wang Hongwei) es un ladrón de poca monta, un carterista. En su deambular, se entera que su amigo de fechorías, devenido en «joven empresario», se casará y que él no ha sido invitado. Desde ese momento, el personaje comienza a vagar por las calles de la pequeña localidad de Fenyang, sin un propósito claro.

La realización de la película coincide con la nueva política China en materia económica. Donde en ciertas zonas del país, dio comienzo a una vía más abierta a la economía de mercado, lo que acabaría cambiando ciertas áreas de la nación de manera radical.

Este cambio de ciclo, se percibe en el relato. En el momento de comenzar la película, aparecen ciertos elementos del país comunista como las imágenes de Mao o esa voz omnipresente que se escucha por altoparlantes y que advierte del endurecimiento de penas contra los criminales. La actividad delictual de Xiao Wu parece estar en extinción.

Por otra parte, las señales de una modernidad más mercantil van apareciendo: los estéreos, la música pop de las radios, los jingles, el karaoke. La combinación de estas señales con elementos de la vieja ciudad, los callejones, las casas, las paredes derruidas dan una extraña sensación de un fin de era, algo que está acabando. Pero también se siente que algo nuevo está naciendo.

 

Esos salones de rojo y amarillo

En medio de esta atmósfera, Xiao Wu se comporta como un antihéroe. No tiene ningún fin declarado. Vaga. Roba en la calle para gastarlo con sus amigos o con prostitutas. Solo piensa en él. No tiene ningún valor que el espectador aprecie.

Y, sin embargo, su errar sin destino, lo hace una figura patética difícil de olvidar. «¿Qué quieres?», le preguntan un par de veces sin lograr ninguna respuesta de él. Ese desajuste vital que está viviendo, cuando todos se están adaptando a los nuevos tiempos y su mundo, sus compinches, su amigo, la vista gorda de las autoridades hacia su actividad delictiva, va desapareciendo.

Hay una soledad que irradia el personaje. Un no encajar en ningún lado. Así como uno intuye que tampoco encajaba en la sociedad comunista china.

Este personaje en tono gris es un espejo de una ciudad que se está transformando. Asimismo, se percibe que algunos de sus habitantes también sentirán ese desarraigo por los nuevos tiempos. Como el padre de Xaio Wu que representa una generación de ancianos que ya está a punto de morir y cuyas ideas ya no son compartidas por su familia. No existe ese respeto por las generaciones más ancianas.

Ese tono gris también se ve en las calles, en los interiores de las casas. Y por eso, llama la atención el contraste con los colores vivos que exhibe la casa de citas donde acude Xiao Wu para estar con Mei Mei (Hongjian Hao). Estos son los únicos momentos donde el protagonista se siente cómodo y disfruta de algo: canto y baile. Esos salones en que predominan el rojo y el amarillo.

Allí, como si fuera un oasis, Xiao Wu cree que está finalmente su destino.

 

El cronista de los cambios de su país

La película fue filmada en 16 mm, con mucha cámara en mano. A través de largos movimientos de cámara, contrastando con tomas prolongadas de personajes estáticos. Un contrapunto que muestra a un cineasta en dominio de su arte, pese a lo joven que realizó este filme: 27 años. Por esto, es uno de los grandes debut cinematográficos que se recuerden.

Jia Zhiangke es el llamado cineasta de la sexta generación china. Generación que viene después de la liderada por Zhang Yimou, quizá el cineasta chino más reconocido. La generación de Zhiangke se acerca más al individualismo que comienza a aparecer en China, menos romántica y más centrada en la vida urbana contemporánea.

Estos aspectos de situar a sus personajes en estas nuevas sociedades que comienzan a configurarse con los cambios económicos y sociales que ocurrieron en China, que lo llevarían a convertirse en el gigante económico que es ahora, son la base de la propuesta de Zhiangke.

En sus siguientes cintas continuará siendo el cronista de los cambios de su país. Así lo muestran Plataforma (2000), Placeres ocultos (2002) y la ya nombrada Naturaleza muerta (2006). Todas películas (y otras más) se pueden encontrar en la plataforma de MUBI. Al igual que su opera prima, la inolvidable Xiao Wu.

 

 

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Cristián Uribe Moreno (Santiago, 1971) estudió en el Instituto Nacional General José Miguel Carrera, y es licenciado en literatura hispánica y magíster en estudios latinoamericanos de la Universidad de Chile.

También es profesor en educación media de lenguaje y comunicación, titulado en la Universidad Andrés Bello.

Aficionado a la literatura y al cine, y poeta ocasional, publicó en 2017 el libro Versos y yerros.

 

 

 

Tráiler:

 

 

 

Cristián Uribe Moreno

 

 

Imagen destacada: Pickpocket (1997).