La Casa de Moneda de Chile: El origen de nuestros problemas

En febrero de 1782, a solicitud del superintendente Mateo de Toro y Zambrano, el arquitecto italiano Joaquín Toesca presentó el diseño definitivo de lo que sería el edificio símbolo del poder presidencial durante la República.

Por Rodrigo Barra Villalón

Publicado el 22.5.2020

Nuestro problema está en las causas finales, las que no se muestran.

La construcción de La Moneda partió a fines del 1700 y continúa allí; estoica pese a sus 236 años de vida. Ha sido destruida varias veces por terremotos, incendios y por supuesto; la bombardearon las Fuerzas Armadas. Entonces… ¿es el edificio original? ¡Claro que lo es! Pese a estar reparado y con materiales nuevos. ¿Es posible considerar que sea la misma? Por supuesto. Siempre será la original, porque su propósito es el que sobrevive: la causa final.

La ausencia de moneda fue una traba permanente para el desarrollo comercial del Chile colonial. Buscando solución al problema, en 1548 el Cabildo de Santiago solicitó al Consejo de Indias la autorización para labrar monedas en la ciudad, petición que junto a otras cursadas en los siglos XVII y XVIII, no prosperó.

Casi 200 años después, en 1733 el Cabildo de Santiago pide al Rey Felipe V la instalación en Chile de una casa de acuñación de monedas. Frente a la demora en la respuesta Francisco García Huidobro —comerciante español avecindado en Santiago— solicita en 1741 al rey de España permiso para instalar una fábrica de monedas y así solucionar el problema de creación de circulante que se producía cuando, desde Perú, se atrasaba el envío de monedas.

Por su parte, Huidobro se comprometía a costear la instalación de la fábrica, dotarla de herramientas, pagar operarios y comprar los metales para la acuñación. A cambio solicitaba el cargo de Tesorero Perpetuo y el usufructo de las utilidades de la amonedación, privilegios que debían ser heredados a sus descendientes.

Por Real Cédula del 1º de octubre de 1743, el Rey de España acogió la proposición, permitiendo crear la Casa de Moneda de Chile la cual inició sus actividades al sur poniente de calle Huérfanos esquina de Morandé: las primeras monedas fueron entregadas el 10 de septiembre de 1749 y fueron acuñadas en oro, con un valor de media onza, llevaban el busto de Fernando VI.

En agosto de 1770 debido a la rentabilidad de la que no participaba la corona, el Rey Carlos III dicta una Real Cédula mediante la cual se incorpora la Casa de Moneda al patrimonio de la corona, poniendo fin después de 21 años, a los privilegios otorgados a García –Huidobro.

En 1772 se nombra a don Mateo de Toro y Zambrano como Superintendente de la Institución, quien decidió trasladar la Casa de Moneda al Colegio Máximo de San Miguel, antigua propiedad de los jesuitas ubicado a un costado de la iglesia de la Compañía. Sin embargo, las instalaciones no reunían las condiciones que se requerían para sus funciones por lo que el gobierno propuso construir un edificio para tal fin.

El primer lugar seleccionado fue un sitio a los pies del convento de Santo Domingo, pero una crecida del Río Mapocho destruyó la obra gruesa construida. Tras la pérdida, se decide encontrar una nueva ubicación. En febrero de 1782, a solicitud del Superintendente De Toro y Zambrano, el arquitecto italiano Joaquín Toesca presenta el diseño definitivo de lo que será el nuevo edificio. Los trece pliegos de los planos fueron enviados a Lima, logrando la aprobación en 1783. El arquitecto determinó que el lugar más apto para la construcción del edificio, era donde se encontraba el Colegio Carolino conocido entonces como el Solar de los Teatinos, los terrenos ubicados en la calle Real, actual Moneda, fueron adquiridos en $ 9 mil de la época.

En 1784 comienzan a construirse sus cimientos, para lo cual se ocuparon once millones de ladrillos, roble del Maule, ciprés y alerce de Valdivia, piedras del San Cristóbal y cal de Polpaico. Durante el gobierno de Ambrosio O’Higgins —quien consideraba que el edificio superaba en mucho la obra para la cual estaba destinado— Toesca encarga a España el resto de los materiales; los cuales fueron traídos en la fragata “El África”, llegando al puerto de Valparaíso en marzo de 1792. Ese listado comprendió: 104 rejas para ventanas, 42 balcones, chapas y pestillos, 620 clavos de media vara, 5.500 clavos de tercio, 18.000 de cuarto y 28 quintales de clavos medio tillado.

Toesca no pudo ver terminada su obra, pues murió en 1799, continuando su labor el ingeniero militar Agustín Cavallero. En 1805 y faltando algunas terminaciones, el Gobernador Luis Muñoz de Guzmán dio por inaugurada la Real Casa de Moneda de Santiago de Chile, considerado uno de los mejores y más armoniosos edificios civiles de la América Colonial que entró en funciones en su nuevo edificio construido en dos pisos. El costo aproximado fue de más o menos $ 1 millón, de la época.

Originalmente, el Palacio de la Moneda tenía cien metros de frente por ciento veinticinco de fondo. Funcionó en aquella construcción la “Casa de Moneda” hasta 1846, fecha en que el presidente Manuel Bulnes determinó que el Palacio de Gobierno ubicado al costado norte de la Plaza de Armas quedaba estrecho para las actividades requeridas y dispuso trasladar a la Casa de Moneda la residencia de los presidentes, las oficinas de la presidencia y algunos Ministerios.

De esta manera cohabitaron durante muchos años la Presidencia de la República en el segundo piso que da a Morandé; el Ministerio del Interior; el Ministerio de Relaciones Exteriores; el Ministerio de Hacienda; la guardia de Palacio; el Tribunal de Cuentas; la Dirección de Contabilidad; y los talleres de acuñación de moneda.

En 1927 cuando ya se había difundido el papel moneda como medio de pago habitual, la Casa de Moneda se fusiona con los Talleres de Especies Valoradas, fábrica de billetes que desde 1914 funcionaba al interior de la Quinta Normal de Agricultura. Desde ese momento se da origen a la “Casa de Moneda y Especies Valoradas” que en 1953 se denominaría: Casa de Moneda de Chile.

Actualmente las oficinas de la Presidencia están ubicadas en el segundo piso hacia Teatinos, a continuación, el Ministerio del Interior y la Secretaría General de Gobierno. El edificio del Palacio de la Moneda construido entre 1786 y 1805, ha sufrido modificaciones y reparaciones en 1929, 1935, 1973 y 1981. En su interior contiene verdaderas y auténticas joyas históricas como cuadros, columnas, relojes, espejos, alfombras, gobelinos, platería, una lámpara de cristal francés: pieza única en el mundo, que el gobierno galo ha reclamado repetidamente. Allí se encuentra también el baúl de alcanfor, el escritorio de Bernardo O’Higgins y la primera caja de la Casa de Moneda.

¡No!, no puede ser el edificio original, dirán muchos… pero, a ver, si una mujer se somete a una cirugía plástica, ya sea porque quiere sentirse más segura, tuvo la mala suerte que le diera cáncer, o porque llegó a un acuerdo y quiere darse el gusto con su pareja… ¿Es la misma mujer? … ¡Por supuesto! Solo se arregló una parte y es la causa final lo que persiste.

 

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Rodrigo Barra Villalón nació en Magallanes, zona austral de Chile, en 1965. Cirujano dentista titulado en la Universidad de Chile, ejerció durante algunos años para luego dedicarse a la actividad empresarial en un ámbito del que recién se comenzaba a hablar: Internet. La literatura siempre fue una pasión, pero se mantuvo inactiva por razones de fuerza mayor. Hasta que en 2018, alejado ya de temas comerciales, tomó la decisión de convertirla en un imperativo.

Durante ese año sometió su escritura al escrutinio de diversos editores, talleres y cursos: lanzó su primer libro de cuentos y de crónicas políticas del período de la dictadura (1973-1991), Algo habrán hecho (Zuramerica, 2019), el cual obtuvo una positiva reacción por parte de la crítica especializada y del público lector.

Luego vendría Fabulario (Zuramerica, 2019), una colección de 37 narraciones de ficción alegóricas y se encuentra trabajando en su primera novela: Un delicioso jardín. Es socio activo de Letras de Chile.

Asimismo es redactor estable del Diario Cine y Literatura.

 

Rodrigo Barra Villalón

 

 

Crédito de la imagen destacada: Reuters.