[Crítica] «Obsesión»: La violencia del deseo concedido

Más que revelar el horror de las relaciones afectivas modernas, el filme del director estadounidense Curry Barker — una obra audiovisual protagonizada por los actores Michael Johnston e Inde Navarrette—, se centra en desmontar la romantización y el idealismo de las compulsiones emocionales.

Por Camila Gordillo Varas

Publicado el 12.5.2026

La idea del talismán u objeto mágico que cumple deseos tiene un origen folclórico muy antiguo, y podríamos indicar que una de sus representaciones más populares está en el cuento de horror La pata de mono», escrito en 1902 por W. W. Jacobs.

Esta narración conserva la idea de que pedir un deseo conlleva un castigo, mediante una causalidad horrible, como si el objeto exigiera un precio por cumplir el deseo de su portador.

Con todo, el relato instaló un tropo del horror moderno y esta idea clásica reaparece en la nueva película Obsesión (2025), del director Curry Barker, un realizador de 26 años cuyo debut como director fue en 2024 con la película Milk & Serial.

Esta última, tras tener problemas para encontrar distribuidores, fue liberada gratuitamente por Barker en YouTube, donde recibió una recepción crítica positiva.

Obsesión toma inspiración de un episodio de Los Simpson basado en el cuento de «La pata de mono». La película trata sobre Bear, un empleado de una tienda de música que está enamorado de su compañera de trabajo, Nikki, pero no se atreve a declararle sus sentimientos.

El filme maneja esas primeras escenas con maestría, ya que a través de sus breves interacciones podemos entender que ella no siente lo mismo por él y que todo posible romance es unilateral. Bear decide comprarle un regalo a Nikki en una tienda nueva que encuentra, y adquiere «el sauce de un deseo», un objeto que promete cumplir un deseo a su portador.

Aquí tenemos el talismán, un siniestro palo de madera de sauce, el cual emite una música extraña y debe romperse para, aparentemente, completar el ritual. Si bien el objeto es mágico, no se presenta como una reliquia antigua, sino como un producto moderno: viene en una caja e incluso tiene un número de teléfono incorporado para posibles reclamos.

De esta manera, y al igual que en La sustancia de Coralie Fargeat, el dispositivo mágico aparece inserto dentro de una lógica capitalista perversa, ya que aparenta ofrecer responsabilidad ante el cliente por daños o consecuencias, pero en realidad funciona como un objeto de corrupción.

 

El amor impuesto como horror

Lo que sucede en la historia es que Bear no se atreve a darle el regalo a Nikki y termina pidiendo el deseo de que ella lo ame más que a nadie en el mundo. Inmediatamente, la actitud fría, burlesca, pero amigable de Nikki se transforma en una actitud de codependencia enfermiza, con brotes psicóticos y agresividad ante el mínimo rechazo de su colega.

Así, lo que podría haber sido una simple comedia con matices románticos y dramáticos se transforma en un relato de horror, en el cual el protagonista comienza a observar que esta nueva Nikki que lo «ama» obsesivamente no es la mujer que él quería que estuviera enamorada de él.

El largometraje, sin embargo, esboza un matiz interesante de complejidad en el protagonista. Todos observan el cambio de Nikki y creen que ella está pasando por un mal momento psiquiátrico, pero Bear insiste en convencerse a sí mismo y a los demás de que ella simplemente tiene problemas familiares, aunque realmente lo ama y negar su propia responsabilidad en la situación.

Poco a poco, como espectadores, nos damos cuenta de que el protagonista no es la víctima de una obsesión provocada por el castigo de un mal deseo. La verdadera Nikki es la víctima del relato.

En efecto, el mayor matiz de horror está en la sugerencia de que la verdadera Nikki permanece atrapada dentro del cuerpo de esta nueva entidad obsesionada con Bear, y que ambas coexisten. La película presenta un guion rápido y dinámico, cuyas falencias son mínimas y pueden justificarse por la complejidad y la ambigüedad moral del protagonista.

Con todo, el filme logra un buen equilibrio entre humor y terror, aunque incorpora elementos sumamente grotescos y claramente se inclina más al horror corporal que a la comedia.

De todas maneras, lo verdaderamente espantoso opera principalmente en la despersonalización del personaje de Nikki y en las cuestionables decisiones de Bear. Más que revelar el horror de las relaciones afectivas modernas, la película se centra en desmontar la romantización y el idealismo de la obsesión.

Así, la frase «solo porque tú lo elegiste por ella, no significa que sea menos real», integra esta complejidad moral y afectiva: ¿Bear está realmente enamorado de Nikki o se está aprovechando de que ella está poseída por el deseo del sauce?

La obsesión finalmente se encarna en el cuerpo de Nikki, pero siempre reside en Bear, y el final satisface a la audiencia porque permite reconocer dónde estaba situado realmente el horror.

En última instancia, Obsesión se inscribe dentro de las ficciones cinematográficas del deseo posesivo y del amor patológico, pero desplaza el centro del horror: no teme tanto al rechazo como a la posibilidad de que el deseo sea concedido.

Al igual que en el cuento «La pata de mono», el castigo no es no obtener lo que se quiere, sino obtenerlo de una manera tan literal y monstruosa que revela la violencia contenida en el deseo original.

 

 

 

 

 

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Camila Gordillo Varas es profesora de lenguaje, magíster en literatura y actual estudiante del doctorado en literatura de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Investiga cruces entre literatura y cine, con énfasis en lo monstruoso, lo posthumano, lo gótico y las figuraciones del cuerpo en la cultura contemporánea.

 

 

 

 

Tráiler:

 

 

 

Camila Gordillo Varas

 

 

Imagen destacada: Obsesión (2026).

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