[Crónica] El proceso de colonización cultural

El predominio del idioma inglés en el mundo empresarial (quienes dirigen las empresas ahora se llaman CEO) y el uso de palabras en ese idioma en el comercio, en la publicidad y hasta en las expresiones de los jóvenes, da cuenta de esta compleja evolución.

Por Jaime Hales Dib

Publicado el 11.5.2026

Es inevitable en estos tiempos que vivimos no referirnos a lo que pasa en la política contingente, especialmente cuando se inicia un nuevo gobierno dirigido por personas como el Presidente José Antonio Kast y la ministra Ximena Lincolao.

De mundos completamente distintos en lo cultural, de grupos sociales y étnicos diferentes en su origen, de profesiones tan diversas, de experiencias de vida que no se encuentran en sus trayectorias, sin embargo los unen la soberbia en sus dichos, cierta autosuficiencia, la convicción de que sus ideas son siempre las correctas y la irrefrenable tendencia a culpar a otros de sus problemas.

Por ejemplo, el Presidente culpa de sus propios fallos y de los de sus ministros a la oposición y, ahora, al Partido Comunista.

Junto a eso, el proceso de colonización cultural proveniente de Estados Unidos en los últimos 50 años, tiene un eco formidable en los estilos de un proyecto político que, paradójicamente, se presenta como «nacionalista» y «patriota».

Con todo, el predominio del idioma inglés en el mundo empresarial (quienes dirigen las empresas ahora se llaman CEO) y el uso de palabras en ese idioma en el comercio, en la publicidad y hasta en las expresiones de los jóvenes, da cuenta de esto.

Ejemplo de esto es que ahora ya no decimos «dos mil veintiséis» como decíamos en castellano sino veinte veintiséis, como se dice en Estados Unidos. Todo está dominado por el idioma extranjero, tan distinto del rico castellano (el idioma oficial de España es el castellano) e incluso los valores y estilos de esa sociedad del norte están penetrando con fuerza en nuestro modo de vivir. La imitación ha llegado hasta a las agresiones escolares, tan frecuentes en el territorio imperial de occidente.

Junto estas dos vertientes porque ambas unen al Presidente y a la ministra en estos días. Después de haber anunciado que se presentará un proyecto para establecer el día de la Familia imitando («al estilo», se dijo) al Día de Acción de Gracias de Estados Unidos, la ministra justifica la renuncia del subsecretario de su cartera (ciencias) a que él no logra tomar el ritmo que a ella le gusta: «De dónde provengo las cosas se hacen más rápido», haciendo alusión a su estadía en Estados Unidos.

Es decir, la tónica viene del norte.

 

Para eso no sirven ni la ciencia ni la cultura ni el arte

O sea, ella quiere imponer la velocidad sobre la reflexión, lo que puede estar bien en algunos casos, pero no necesariamente en el tema de las ciencias y la tecnología.

A eso se unen las palabras del Presidente Kast, cuando reclama que está muy bien la ciencia, pero el gasto en investigación científica parece no tener la retribución que él reclama: ¿Cuántos empleos crea una investigación que termina adornando una biblioteca? Dijo en una actividad ciudadana en Puerto Montt el 5 de mayo de este año.

Es decir, nos retrotraemos en el tiempo a aquellas expresiones de Álvaro Bardón en la década de los 70 cuando manifestó que habiendo tanto desarrollo en otros países, no tenía sentido de que en Chile se gastara dinero en investigación cuando todo eso se podía adquirir de lo ya existente y aprovechar lo que en otras partes se investiga. Es un enfoque que no prosperó suficientemente, porque al menos no se redujo el presupuesto, aunque nunca logró pasar del 0,40 %.

La ministra que busca velocidad y el presidente, parecen estar de acuerdo con dejar de hacer investigación en Chile porque ello no produce efectos inmediatos en la economía. No es rápido investigar, no es rápido formar un doctor en ciencias, no es rápido instalar laboratorios de experimentación.

Entonces, la ciencia, el arte y la cultura, no sirven para la velocidad en la creación de empleos, para aumentar la productividad en el corto plazo ni para bajar costos.

Puede servir para mejorar el nivel de los pueblos, para tener personas más felices, para incentivar la creatividad, para fomentar el desarrollo humano, pero no para incrementar en el corto plazo los índices económicos.

¿Por eso renunció el subsecretario de ciencias?

Tal vez porque pensaba que la inversión en ciencias podría ser una prioridad en un esquema de gobierno nacionalista, sin comprender que en verdad ese nacionalismo es una pose necesaria para que no se note tanto la sumisión a los grandes, de los cuales queremos traer todo: la economía, el idioma, los valores, los estilos, los símbolos… y el arte y la cultura.

Error grave: querer hacer cosas que no produzcan frutos inmediatos en lo económico.

Para eso no sirven ni la ciencia ni la cultura ni el arte.

 

 

 

 

 

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Jaime Hales Dib (1948) es un abogado formado en la Universidad de Chile, poeta, narrador y profesor.

En 1995 fundó la Academia de Estudios Holísticos SYNCRONIA, luego fue agregado cultural en México durante el gobierno del Presidente Ricardo Lagos Escobar. También formó parte del directorio y fue secretario general de la Sociedad de Escritores de Chile (Sech).

Además, integró el Consejo Nacional del Libro y la Lectura de Chile, participó en la comisión redactora de la Ley del Libro, fundó la Editorial Casa Doce, ha publicado varios textos de su autoría y ha dado recitales poéticos en diversas ciudades tanto de Chile como del extranjero (Francia, España, Estados Unidos, Colombia, Ecuador, Panamá, Uruguay, Argentina y México).

En la actualidad es columnista y redactor estable del Diario Cine y Literatura.

 

Jaime Hales Dib

 

 

Imagen destacada: Presidente Kast y ministra Lincolao.

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