[Crítica] «Armonías corales»: El barroco frente a la intensidad dramática del siglo XX

El quinto concierto de la temporada 2026 de la Gran Sala Sinfónica de la Universidad de Chile, tuvo en su programa regular la «Magnificat BWV 243» de Johann Sebastian Bach y a la «Sinfonía N°6» de Dmitri Shostakóvich, en una propuesta que contrastó estilos musicales, bajo la batuta del experimentado maestro suizo Nicolas Rauss.

Por Jorge Sabaj Véliz

Publicado el 10.5.2026

El concierto inauguró con el Magnificat BWV 243 de Johann Sebastian Bach, obra cumbre del barroco vocal e instrumental, interpretada por la Camerata Vocal de la Universidad de Chile junto a los solistas Paulina González (soprano), Sarah Migliori (mezzosoprano), Felipe Catalán (tenor) y Arturo Jiménez (barítono).

La velada concluyó con la Sinfonía Nº 6 de Dmitri Shostakóvich, en una propuesta que contrastó la luminosidad policromática del barroco con la intensidad dramática del siglo XX.

 

«Magnificat»: Sarah Migliori fue la figura vocal más destacada

La interpretación del Magnificat mostró un conjunto vocal y orquestal con buenos momentos, pero también desigualdades en el equilibrio sonoro y la precisión.

Magnificat anima mea Dominum (Coro inicial): Inicio ágil, aunque con cierta descoordinación. Las trompetas destacaron en el tema principal, pero la orquesta resultó algo pesada para la agilidad requerida.

El coro (dispuesto en cuatro voces por cuerda) se perdió frecuentemente detrás de la masa orquestal, perdiéndose detalles de la polifonía y el juego de voces. No se logró un equilibrio satisfactorio entre orquesta y coro.

Et exultavit (Aria de soprano): La solista mostró voz melódica con buenos armónicos y cuerpo en todo el registro. Al principio hubo algo de tensión expresiva, pero la línea fluyó con naturalidad.

Quia respexit (Aria de soprano): Paulina González ofreció una voz grande de carácter lírico, con mucho control para no sobrepasar el volumen. En las notas largas del final del aria estuvo al filo de la afinación.

Omnes generationes (Coro): Mejoró algo el equilibrio al contenerse más la orquesta, aunque los chelos siguieron destacando en volumen. El coro ganó presencia respecto al primer número, pero aún se perdía en ciertos momentos.

Quia fecit mihi magna (Aria de bajo/barítono): Arturo Jiménez entregó buen timbre y color. Además, aporto musicalidad y entendimiento con la dirección. La línea de canto en ocasiones no se mostraba completamente homogénea en todo el registro.

Et misericordia (Dúo mezzosoprano y tenor): Uno de los momentos más logrados de la velada. Precioso dúo, en línea e intención, con buena comunicación entre las voces.

Sarah Migliori adaptó inteligentemente su timbre y volumen al tenor más ligero. Tal vez algo de excesiva tensión, pero la orquesta prestó un apoyo eficaz y se destacó el clavicordio. Hasta aquí, el número más completo.

Fecit potentiam (Coro): Desde el principio hubo problemas para seguir el ritmo del director. Trompetas y chelos volvieron a destacar en volumen, escondiendo al coro.

Deposuit potentes (Aria de tenor): Felipe Catalán mostró gran maestría técnica, destacando especialmente en la respiración y la construcción de la línea de canto.

El acompañamiento orquestal y la dirección fueron perfectos. Sólo se echó en falta mayor contacto visual con el público, pues el solista pasó gran parte del aria mirando la partitura.

Esurientes implevit bonis (Aria de mezzosoprano): La solista Sarah Migliori volvió a brillar con una voz excepcional, de tono profundo y armónico. Encontró el equilibrio ideal con flautas y clavicémbalo, creando un momento emotivo y refinado.

Suscepit Israel: Cuerdas femeninas con acompañamiento reducido (violines y clavicémbalo). Las voces pudieron lucir su color y el bello contrapunto con gran intención.

Sicut locutus est: Coro acompañado solo por chelos. Desempeño correcto, aunque algo contenido en los forte; los bajos quedaron algo débiles.

Gloria Patri – Sicut erat in principio (Coro final): Mejor acoplamiento y mayor equilibrio entre coro y orquesta en el tramo final, cerrando la obra con mayor solvencia.

En general, la Camerata Vocal mostró buena intención y momentos de bello canto, pero sufrió por la falta de equilibrio con una orquesta a veces demasiado potente. Sarah Migliori fue la figura vocal más destacada por su calidad excepcional y adaptabilidad.

 

La mezzosoprano Sarah Migliori (vestido azul) fue la figura vocal más destacada por su calidad excepcional y adaptabilidad

 

«Sinfonía Nº 6»: Mucho más lograda y convincente

La segunda parte fue más convincente. Nicolas Rauss logró una lectura atmosférica y enérgica de esta obra de estructura inusual (Largo – Allegro – Presto).

Largo: Inicio imponente de las cuerdas graves y contrabajos con un sonido dramático. Excelente uniformidad de los violines primeros, buen trabajo de los contrabajos y solos bien presentados. El director creó una atmósfera densa y concentrada.

Nitidez en los timbres de los distintos grupos orquestales y un pianísimo final de gran nivel. La flauta traversa sorprendió gratamente en su solo. Destacó el arco dinámico de los violines primeros. Una interpretación sólida y conmovedora.

Allegro: Entrada explosiva, a todo ritmo, con cambios dinámicos alucinantes. Rauss mantuvo unificada a toda la orquesta como una gran danza de múltiples timbres, sacando lo mejor de cada sección instrumental.

Presto: Conversación y juego orquestal con control dinámico impecable y cambios de volumen efectivos. Gran despliegue de energía del flautín y un final grandioso y arrebatador.

La Sinfonía Nº 6 fue el punto alto de la noche. La orquesta respondió con precisión, color y energía bajo la batuta clara y motivadora de Nicolas Rauss, quien supo resaltar tanto los aspectos sombríos y líricos del Largo como la vitalidad casi circense de los movimientos rápidos.

Así, un balance general nos entrega una primera parte irregular en el Magnificat, marcada por problemas de balance entre la orquesta y el coro, pero con momentos solistas valiosos (especialmente Sarah Migliori). Y una segunda parte mucho más lograda y convincente en la sinfonía de Shostakóvich.

Después del intermedio el director suizo demostró buen oficio, aunque en Bach se echó en falta mayor contención orquestal para dejar brillar la polifonía vocal. El público respondió con entusiasmo, especialmente tras la sinfonía.

Un concierto que dejó gratas impresiones para el recuerdo de esta temporada 2026 de la Gran Sala Sinfónica de la Casa de Bello.

El próximo viernes 15 y sábado 16 de mayo el ciclo regular continuará bajo la dirección del maestro Luis Toro Araya, cuando la Orquesta la Sinfónica Nacional presente la monumental Sinfonía alpina de Richard Strauss, además del estreno mundial del Concierto para trombón, violín y orquesta de Ignacio Teillerie.

 

 

 

 

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Jorge Sabaj Véliz es un poeta, crítico musical y abogado formado en la Universidad de Chile.

 

Jorge Sabaj Véliz

 

 

Imagen destacada: El maestro suizo Nicolas Rauss (por Jacqueline Uribe, CEAC).

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