[Ensayo] «Dónde puedo dejarlo»: Los forados y flores de la memoria común

Pese a no ser ésta una de las grandes novelas de Alejandra Costamagna, o ni siquiera ser un texto que responde del todo a los cánones del género, es una estructura estética y literaria preñada de delicadeza, lo que hace de esta obra una compañía que nos embelesa e inocula más preguntas y enigmas de los que por último resuelve.

Por Alfonso Matus Santa Cruz

Publicado el 2.6.2026

Partir desde lo que no está, desde lo que se fue, desde los escombros de la memoria y la estela de un tacto añorado. La propuesta narrativa de Alejandra Costamagna (1970), autora de varios volúmenes de relatos y novelas, ha procurado habitar esos espacios bajo sospecha en que el deseo y la memoria tratan de ajustar sus cuentas.

Es un territorio al que han acudido varios de los escritores y escritoras de su generación, los nacidos justo antes o a inicios de la dictadura, con todo lo que ello conlleva.

A ese desafío retorna desde una estrategia acaso menos cohesiva o exuberante que en sus anteriores novelas, en su última obra, Dónde puedo dejarlo, editada por Anagrama. Una historia que está trenzada a partir de pedazos, del vacío que deja la partida de Mara, la amiga inolvidable de Manu, que parte amenazándola de muerte si no llega a su último encuentro, sin saber que sería el último por un largo trecho de vida.

Y es así como acompañamos a Manu en sus anotaciones, en su intento de hacer de esta despedida no anunciada un motivo para rebuscar las piezas de una amistad irremplazable. Son los fines de los 80, el período de transición a la democracia, con grandes comillas, y Manu ya sospecha que Mara ha abandonado la escuela de teatro por estar involucrada en grupos clandestinos.

 

Más preguntas y enigmas

Lo que sigue a la interrupción de la amistad es una serie de escenas, un trasunto de historia que más bien se queda en una arquitectura frágil, delicada, repleta de forados, de puntos ciegos y derivas hacia un léxico íntimo.

Parece ser que Costamagna sacrifica lo que podría haber sido una novela por sus andamios y sus flores, por regalarnos una colección de pequeñas palabras hermosas, que añoran una redención doméstica, sutil, a la par de las suculentas, las anécdotas, la pieza oscura en que Rolo, la posterior pareja de Manu, revela sus fotografías.

Aunque haya acción y nudos en la trama, lo que permite respirar a la prosa de Costamagna es su oficio en el arte de trenzar pequeñas frases cargadas de belleza y detalles que nos otorgan la dimensión y la tonalidad de sus personajes, y con eso quiero decir de sus sueños, sus temores, sus confusiones y anhelos.

Quizá estemos ante un ejercicio donde forma y fondo se confunden y contagian: una que parte y otra que se queda; la memoria se desperdiga y riega pétalos arrastrados por el viento otoñal; la confianza en el recuerdo cede y el presente lo asfixia con el peso de la realidad.

Pero hay una ternura que pervive. En particular es rescatable la escena en que Manu representa una pantomima con el padre enfermo de Mara, haciéndose pasar por su hija, tratando de hacer que el teatro sostenga los afectos y ayude a paliar el vacío. Algo de eso hay en toda ficción que apuesta por rescatar lo poco de vida que queda entre los escombros de la historia, de la violencia latinoamericana.

Pese a no ser una de sus grandes novelas, o ni siquiera ser una novela del todo, esa arquitectura de forados preñada de delicadeza, ese trenzado entre la memoria y la sospecha de que hay cosas que parten para no volver, o no volver de la misma manera, es lo que hace de esta obra una compañía que nos embelesa y nos inocula más preguntas y enigmas de los que resuelve.

 

 

 

 

 

***

Alfonso Matus Santa Cruz (1995) es un poeta y escritor autodidacta, que después de egresar de la Scuola Italiana Vittorio Montiglio de Santiago incursionó en las carreras de sociología y de filosofía en la Universidad de Chile, para luego viajar por el cono sur desempeñando diversos oficios, entre los cuales destacan el de garzón, el de barista y el de brigadista forestal.

Actualmente reside en la ciudad Puerto Varas, y acaba de publicar su primer poemario, titulado Tallar silencios (Notebook Poiesis, 2021). Asimismo, es redactor permanente del Diario Cine y Literatura.

 

«Dónde puedo dejarlo», de Alejandra Costamagna (Editorial Anagrama, 2026)

 

 

 

Alfonso Matus Santa Cruz

 

 

Imagen destacada: Alejandra Costamagna.

Comparte: