«Misión imposible: Repercusión»: Las tensiones increíbles de la existencia

Este capítulo de la saga no cesa en su ritmo, a tal punto que padecemos la misma angustia del héroe cuando le siguen por las calles de Paris y choca, y nos paramos con él del asiento, para seguir. Mientras, la fotografía (Rob Hardy) y la música (Lorne Balfe) están al servicio de la dinámica: se trata de un tremendo cine de acción que se debe a la mano de su director (Christopher McQuarrie), y que encuentra en Tom Cruise un ícono absoluto. Será muy difícil superar a la presente entrega, que es la más intensa de todas las vistas.

Por Cristián Garay Vera

Publicado el 13.8.2018

Aunque la probabilidad de apoderarse de un control situado en el cuerpo de su adversario, en otro helicóptero, sea en la realidad nula, el incombustible Tom Cruise (Ethan Hunt), de 56 años, logra no solo eso, sino sobrevivir a muchas piruetas que en la vida real no pasarían con éxito treintones. Es la energía de Cruise, y su negativa a dejar escena a los dobles, lo que explica porque la sexta entrega de esta saga adquiere caracteres épicos comparables a Harrison Ford como Indiana Jones y en la vida. Por la salud de esta saga, ojalá no le pase nada en el futuro. Es que si algo define esta franquicia es su incremento en interés y estilo. Así compite con los episodios de James Bond y Bourne, cruzando temas como el espionaje, el crimen organizado y las tensiones entre estados nacionales.

En este caso, prosigue la lucha contra el Sindicato, que busca implosionar el mundo con ataques anarquistas. El tema del agente renegado, en este caso el jefe del Sindicato, se proyecta hacia las traiciones y dobles militancias de otros muchos. En este sentido, Misión imposible pasa del cine de aventuras al de espionaje con relativa facilidad, ya que los dilemas (las apariencias, la doble moral, la defensa del mundo y del Estado, y los asesinatos “institucionales”) son el ambiente en que se desenvuelve Ethan, nuestro sufrido héroe. Tres escenas son de antología: la pelea en el baño, la persecución por las calles de París, y la persecución en helicópteros, que suscriben absolutamente la caratula de cine de acción.

Pero la otra parte es su adscripción al cine de espionaje y de las agencias secretas. A diferencia de otros héroes, este agente pertenece a la FMI, una agencia de segunda orden con un grupo especial, que se cruza con varias cofradías y mandos. En la vida real este cruce de competencias, servicios y agendas se ha reproducido desde los tiempos de Reagan, cuando la DEA y la CIA cooperaban para enviar armas a los «contras» en Nicaragua por medio de los iraníes. Por otro lado, la cooperación entre agencias de inteligencia para el 11-S se vio refrendada porque el Presidente George W. Bush no estaba informado de qué organismos existían… para que no tuviera que mentir.

Hecha esta introducción, este capítulo de Misión imposible no cesa en su ritmo, a tal punto que padecemos la misma angustia del héroe cuando le siguen por las calles de Paris y choca, nos paramos del asiento, para pararse y seguir. Mientras la fotografía (Rob Hardy) y la música (Lorne Balfe) están al servicio de esta dinámica.

La trama hace que nuestro protagonista, consumido por el recuerdo de la mujer que ha amado y se ha alejado, sepa que se han robado tres bolas de plutonio que se le encarga recuperar. Por desgracia, la captura de uno de sus subordinados, hace que pierda en un rescate las tres bolas que amenazan ser parte de bombas para el grupo radical que quiere el caos. De ahí se entera que debe encontrar a una traficante, que al final trabaja con la CIA, para transar las mismas por el jefe anarquista y traidor al servicio británico.

En una operación llena de reveses y también de pistas, Ethan es protegido por una de sus mujeres, mientras un sinnúmero de asesinos va en busca del plutonio y del jefe del sindicato. Mientras las agencias se entorpecen mutuamente, y el traidor –un odioso August Walker (Henry Cavill)- está asignado por la CIA a través de (Angie Bassett). Ethan debe proteger a su equipo en París y en Londres, mientras se va acercando al alma del grupo terrorista.

La captura de aquél no soluciona mucho, pero intensifica el escenario de la lucha final que será, en los términos de la mente criminal en Cachemira, donde ha diseminado antes la viruela. En ese escenario Ethan encuentra a su ex mujer, dedicada a una ONG financiada por el mismo grupo terrorista. Es ahí donde las escenas de acción vuelven a ser trepidantes y no admiten distracción alguna. De algún modo, la victoria de Ethan es una victoria a sus escrúpulos morales, que los hay, y también una reivindicación sutil a su propia vida emocional, fragmentada y diluida por su profesión.

De algún modo, tras tanta violencia desatada, no es una película puramente masculina, pues hay reciprocidad y cariño sin muchas condiciones –afortunado él- de su amada Ilse Faust (Rebecca Ferguson) y de su ex esposa, Julia (Michelle Monaghan). Un final, acorde al ritmo que durante todo el metraje no nos deja distraernos. Un tremendo cine de acción que se debe a la mano de su director Christopher McQuarrie, y que encuentra en Tom Cruise su ícono absoluto. Será muy difícil superar esta entrega, que es la más intensa de todas las vistas.

 

Misión imposible: Fallout. Dirección y guión: Christopher McQuarrie. Fotografía: Rob Hardy. Música: Lorne Balfe.  Reparto: Tom Cruise, Rebecca Ferguson, Simon Pegg, Ving Rhames, Vanessa Kirby, Angela Bassett, Sean Harris, Alec Baldwin y Michelle Monaghan. País: Estados Unidos. Duración: 2 horas y 28 minutos. Año: 2018.

 

Cristián Garay Vera es el director del magíster en Política Exterior que imparte el Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago de Chile.

 

 

 

 

 

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