[Crítica] «Disparos contados»: Apuntes de un ojo humano

Un ensayo de la fotógrafa bonaerense Leila Méndez, una de las artistas visuales más conocidas del país trasandino, y quien ha desarrollado su trabajo a lo largo de más de 30 años, principalmente en Europa, al realizar sus retratos en los campos de la música, la moda y la publicidad.

Por Cristián Uribe Moreno

Publicado el 16.5.2026

La fotógrafa argentina Leila Méndez (Buenos Aires, 1972) publicó un libro sobre su arte gráfico en la editorial Anagrama, en su sección Nuevos Cuadernos Anagrama, titulado Disparos contados. Fotografiar con actitud analógica en la era de la inmediatez (2025).

Así, la obra desarrolla un largo ensayo de una de las artistas más conocidas del país trasandino, quien ha hecho su carrera a lo largo de más de 30 años, principalmente en Europa, al realizar sus retratos en los campos de la música, la moda y la publicidad.

La idea de escribir sobre su arte permite a la fotógrafa revisar su propia labor, los cambios en esta actividad y, por extensión, en la sociedad actual.

Méndez, por su trabajo, ha sido testigo privilegiada de cuánto y cómo ha cambiado la mirada colectiva en relación a las imágenes. Como estás han proliferado de tal manera, que se han transformado en la base de los vínculos que mantienen el día de hoy los individuos, en el día a día de las imprescindibles redes sociales.

Y he aquí la pregunta que ella desarrolla a lo largo del texto: ¿qué puede aportar un fotógrafo, un artista de la imagen, en tiempos de Inteligencia Artificial y millones y millones de imágenes que aparecen constantemente en mensajes personales que se usan y después se desechan?

Sus reflexiones parten desde la premisa del estatus actual de la imagen: «Antes la foto era documento, memoria. Ahora nos interesa el presente, la inmediatez; la foto es fugaz, se captura para compartir y luego ser borrada. Eso implica una nueva dimensión de la temporalidad». (p. 17)

En esa temporalidad dominada por lo urgente y un presente permanente, Leila revaloriza la actividad de la fotografía analógica como un trabajo hecho «a mano», donde importa lo sensible, lo táctil y lo intuitivo.

 

El arte de capturar imágenes

Así, en este repaso por el trabajo fotográfico desde la década de 1990 hasta hoy, ella ve en la fotografía analógica «un aliado del tiempo que invita a la pausa y a la espera».

Desde esa lógica, aborda la fotografía de quienes, por ejemplo, hicieron del error parte de su sello. O de los fotógrafos que hacían magia en el laboratorio. O quienes definen su arte a partir de la elección del formato fotográfico en que producen sus trabajos.

Sin embargo, no todo es exaltación de la fotografía analógica. Méndez también se ríe del fetichismo por las cámaras que en estos tiempos ha aumentado. Como, asimismo, tampoco defiende a quienes elevan el formato químico por sobre el digital, pues ven en el antiguo proceso el resultado del verdadero discurso artístico, desdeñando las herramientas tecnológicas.

La autora no reniega de las nuevas tecnologías de hoy, como los formatos digitales, o el trabajo con Inteligencia Artificial. En efecto, la fotógrafa argentina ha incorporado estas herramientas en su ocupación. No obstante, insiste en mantener un pensamiento analógico a la hora de capturar las imágenes.

Con todo, esta lógica va a contra corriente de la celeridad temporal con que se vive en la sociedad hoy. Por esto, en el arte de capturar imágenes, ella siente que es la persona quien toma las decisiones y es ese ojo humano, ese instinto por tratar de comprender el mundo en imágenes, el que jamás será reemplazado por la técnica digital.

El libro esta muy bien documentado con citas oportunas que respaldan los planteamientos de una artista del siglo XX en tiempos virtuales. Y todo el ensalzamiento de los fotógrafos que ella hace, en el fondo busca darle sentido a un arte que con la era de la inmediatez, el retoque digital y creación por medio de la inteligencia artificial, parece destinado a la extinción.

Y también es un recordatorio que incluso para trabajar y crear con medios computacionales «inteligentes», la labor de los artistas aún es requerida porque se debe actuar con criterio, gusto y bagaje cultural. Componentes que cualquier usuario de computadoras o celulares no necesariamente tiene.

Por ello, afortunadamente, las palabras de Leila Méndez demuestran que el mundo virtual sigue necesitando de estos grandes creadores.

 

 

 

 

 

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Cristián Uribe Moreno (Santiago, 1971) estudió en el Instituto Nacional General José Miguel Carrera, y es licenciado en literatura hispánica y magíster en estudios latinoamericanos de la Universidad de Chile. También es profesor en educación media de lenguaje y comunicación, titulado en la Universidad Andrés Bello. Aficionado a la literatura y al cine, y poeta ocasional, publicó asimismo el libro Versos y yerros (Ediciones Luna de Sangre, 2016).

 

«Disparos contados», de Leila Méndez (Editorial Anagrama, 2025)

 

 

 

Cristián Uribe Moreno

 

 

Imagen destacada: Leila Méndez.

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