Sensaciones de un aprendiz de escritor en la Feria del Libro de Buenos Aires

El relato de las emociones vividas por el narrador argentino y colaborador del Diario «Cine y Literatura», en la jornada del 2 de mayo de 2013, luego del lanzamiento de su primer libro de cuentos, titulado «Castillos reales, castillos mentales», a la edad de 73 años, y su posterior encuentro con el famoso actor trasandino Norman Briski y con el también célebre locutor de radio bonaerense Fernando Bravo.

Por Alberto Ernesto Feldman

Publicado el 4.11.2018

La experiencia de ayer fue muy impactante, al menos para un aprendiz de escritor que presenta su primer libro a los 73 años, después de sólo siete años de haber comenzado a relacionarse con la Literatura y la Escritura.

Había ido unos días antes a “pispear”  para ver cómo era la cosa. En el stand de la Editorial Dunken, firmaban varios autores al mismo tiempo en pequeños escritorios, uno al lado del otro.

Como se verá luego, este detalle, se convirtió en una fiesta dentro de la fiesta.

La gente que se aproximó fue muy cálida pero un poco tímida; así que decidí estimular a los que miraban con mayor atención a hojear ejemplares sin apuro y sin compromiso.

Disfruté mucho con el contacto interpersonal, pero económicamente, lo cierto es que de los siete libros que vendí, seis los compraron amigos míos y con mi sistema, vendí uno sólo, pero fue el que me dio mayor satisfacción; a una chica de doce años de mirada muy inteligente, que vino acompañada de sus padres y de su abuela.

Lo grato de la conversación con esa chica y su familia, padres y abuela, por sí sólo valía estar en la Feria.

Al final, cuando iba a firmar su libro, le pregunté: «-Candela… ¿Se lo puedo dedicar también a tus papis y a tu abuela?…  -Claro, me contestó, ¡qué suerte que me lo preguntó, yo quería, pero no me animaba a decírselo!…». Hay circunstancias muy simples que cierran como un “puzzle”.

Luego vino una chica estudiante de Periodismo con un micrófono. Me hizo un reportaje grabado para un trabajo práctico y me sentí cómodo respondiendo sus preguntas.

Creo que estoy dejando atrás eso que repetí tantas veces desde que comencé a hacer lo que me gusta, hace solamente siete años:  “No puedo creer que esto me esté pasando a mí”; pues sí, me pasa, y ojalá nunca “me la crea”, porque es ahí donde se puede ir todo al carajo.

Codo a codo conmigo, en el escritorio a mi derecha, estaba sentado un señor muy parecido a Norman Briski, presentando una novela. Resultó ser el mismo Norman, que resultó ser muy agradable.

Fue un gusto conversar con él, traer a la memoria cosas del teatro y comentar obras y películas como La fiaca (1969) y la española Mamá cumple cien años.

El público lo reconocía; todo el mundo le sacaba fotos pero muy pocos se acercaron. Ese excesivo respeto, ante alguien reconocido y admirado, me hizo pensar que la gente tiene incorporada el vidrio de la TV, la pantalla del cine o la distancia al escenario, aunque esté a dos pasos del personaje de carne y hueso.

Por suerte vinieron alumnos suyos de teatro, y la cosa se puso muy divertida. Cuando terminó nuestro tiempo, intercambiamos nuestros libros y nos despedimos cordialmente.

Fue una lástima que no vino ninguno de mis compañeros del curso de iniciación teatral que habíamos compartido el año anterior; lo mismo que yo, hubieran disfrutado de ese regalito del azar.

Me había olvidado de contar algo que sucedió temprano esa misma tarde. Como por precaución y ansiedad había llegado con mucha anticipación, me puse a recorrer la Feria y al pasar frente al furgón vidriado desde donde trasmitía Radio Continental, no sé de donde perdí mi timidez y desde el pasillo techado, a cinco o seis metros de donde se transmitía, cuando el locutor Fernando Bravo levantó la vista, agité mi libro en el aire, él vio la escena y me hizo señas para que entrara al furgón. Recibió el ejemplar cordialmente y me hizo algunas preguntas.

Quedé muy contento de haber compartido así mi primer libro. Cuando salí del furgón, una persona de guardia, que estaba de civil, me increpó duramente, pero se tranquilizó y me pidió disculpas cuando supo que Bravo me había hecho señas. En un primer momento pensé que quizás el amable locutor y presentador de San Pedro en realidad lo que había hecho era un gesto de impaciencia o espantado una mosca y yo interpreté lo que quise, pero me sentí muy feliz cuando una amiga me llamó días después para decirme que mientras planchaba ese día, había escuchado el comentario de mi primer libro en la voz de Fernando Bravo, a quien le estoy muy agradecido por su atención y su calidad humana, a pesar de pensar distinto que él en algunos aspectos.

 

Una postal del stand de la Editorial Dunken en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires de 2013

 

Alberto Ernesto Feldman nació en Buenos Aires, en 1941, y abandonó estudios de medicina cuando cursaba cuarto año y a partir de allí se desempeñó como chofer en el transporte de pasajeros y de carga. En el año 2006, al jubilarse, tomó clases de clarinete y por sugerencia de su esposa y de su hija, quizás cansadas de escucharlo, se anotó en un taller literario municipal, lo cual a los 65 años le abrió las puertas del quehacer literario. Escribe cuentos cortos y relatos, algunos de ellos han sido premiados o mencionados en la Capital y en las provincias de Buenos Aires, Jujuy, Mendoza, Misiones, Chaco y Santa Fe. Intervino en las antologías El diálogo nos amontona de Editorial Dunken, y en la editada por el Centro Vasco Francés, ambas en Buenos Aires; Cada loco con su temaGula, e Ira editadas en México por el Grupo Editorial BENMA, y en España, participó en Escenarios editada a su vez por la Asociación Española de Neuropsiquiatría en 2013, y en las antologías Facer Españas editadas en 2014 y 2016, respectivamente por la Editorial Orola, de Madrid.

A comienzos de 2013 ha editado por primera vez en forma individual un volumen de cuentos y relatos titulado Castillos reales, castillos mentales; a principios de 2014 su segundo trabajo: Tango final en Saavedra y otros 36 cuentos y relatos, en febrero de 2015 su tercer volumen, Un caballito en el rincón y otros 33 cuentos y relatos. A fines de ese mismo año, su cuarta obra, Miss Alice al mediodía, 28 cuentos, relatos + un poquito de teatro. La obra Tomando café frente al Obelisco y otros 32 cuentos y relatos, en tanto, que es su quinto volumen, fue editado en agosto de 2016.

 

 

Imagen destacada: Los actores Norman Briski y Tino Pascali en el filme «La fiaca» (1969), del realizador argentino Fernando Ayala.