Serie «Cuatro estaciones en La Habana»: Corrupción y homofobia en la Cuba castrista

El autor caribeño —guionista de la obra audiovisual, que basada en sus novelas puede apreciarse a través de la plataforma Netflix— y al igual que otros escritores como el brasileño Rubem Fonseca, o la argentina Claudia Piñeiro usan al género dramático «negro» o policíaco, para presentar su visión de la realidad que los circunda.

Por Sergio Inestrosa

Publicado el 9.6.2020

Una noche de estas vi en el programa Centroamérica —cuenta virtual de Sergio Ramírez—, una entrevista al escritor cubano Leonardo Padura, en ella comentó dos cosas que me resultaron interesantes, la primera es que anunció su nueva novela, y segundo dejó entrever la realización de una segunda temporada similar a la de la serie Cuatro estaciones en La Habana, franquicia que no conocía y que me puse a ver junto a mi mujer: debo confesar que tenía mucha curiosidad por apreciar a Tamara y debo decir que no me decepcionó la selección que recayó en la actriz cubana Laura Ramos, una mujer madura, que encarna perfectamente a ese carácter femenino creado por el narrador caribeño.

Cada una de las cuatro películas de la serie está basada en una novela distinta de Leonardo Padura, quien de paso hizo el guión de la serie junto con su esposa. La mano del narrador habanero se puede ver en toda la serie, pues cada episodio es fiel a la novela en que está basada, tanto así que, al terminar de ver la saga, mi mujer me dijo que no tendría que leer los libros, pues ya sabía lo que pasaba en cada uno de ellos.

El primer capítulo de la serie está basado en la novela Vientos de cuaresma en el cual el detective Mario Conde —encarnado por Jorge Perugorría, la cara más conocida del cine cubano, famoso por su actuación en la película Fresa y chocolate— tiene que investigar el asesinato de la profesora de química del instituto La Víbora, donde Conde y su grupo de amigos estudió de joven, incluyendo a la bella Tamara y a Rafael Morín, su esposo, que será el centro de atención en el segundo episodio.

Cómo era de esperarse Conde, que es además un policía atípico, resuelve al final el crimen a golpe de corazonadas y gracias al trabajo de su compañero, Manolo; no sin antes tener un affaire con la bella Karina, una mujer cuyo marido es un médico que está en el extranjero y ahora regresa y ella tiene que volver con él.

El segundo episodio está basado en la novela Pasado perfecto, y en este Conde investiga la desaparición de Rafael Morín, antiguo compañero suyo del instituto, y además esposo de Tamara. Poco a poco el detective va atando cabos y descubre una trama de corrupción en una de las empresas mixtas, afiliada al Ministerio de Industrias, y que se dedicaba a la importación y exportación. En este episodio, Conde se reencuentra con Tamara —a quien tiene que investigar—, lo cual le da la oportunidad de iniciar una relación afectiva con ella.

A partir de esta segunda novela, Padura va a empezar a ocuparse de asuntos de la vida política en la isla tal como es: en este capítulo, el caso de la corrupción en las altas esferas del poder.

En el tercer episodio Conde tiene que indagar el asesinato del joven Alexis Arrayán, un homosexual, hijo de un alto diplomático cubano. Este capítulo está basado en la novela Máscaras y en este el detective entra en contacto con gente del arte, marginados casi todos ellos por su orientación sexual; además, el investigador roza el tema del cristianismo, y es uno de los pasajes bíblicos (“el de la transfiguración de Jesús”, que la Iglesia celebra el 6 de agosto), el cual le sirve para resolver la trama del episodio: Alexis fue asesinado justamente el 6 de agosto e iba vestido como una mujer, enfundado en un elegante vestido rojo.

En este capítulo Conde entra más en detalle y profundidad respecto a su afición como escritor, de suyo comparte un texto de su autoría con una de la figuras a las que se acerca para tratar de resolver el caso y el cual es un connotado dramaturgo que se ha visto marginado por su orientación sexual.

Como ya es costumbre, el episodio también refleja un ambiente erótico y sensual, y Conde aprovecha una fiesta a la que ha sido invitado por el dramaturgo para engancharse a una chica que conoce en el centro de La Habana, en particular en el paseo El Prado, pleno centro capitalino.

El último episodio está basado en la novela Paisajes de otoño, y en este capítulo Conde investiga el asesinato de Miguel Forcade Mier, quien se exilió en Miami, después de haber sido el encargado de confiscar bienes artísticos a quienes huían de Cuba, a principios de los años sesenta, poco después del triunfo de la revolución. Forcade ha regresado con su esposa a recoger algo importante, pero Conde no sabe qué es eso tan valioso, por lo cual este hombre ha regresado.

Conde, con la intuición que lo caracteriza, resuelve favorablemente el caso, con lo cual logra que le den su baja de la policía, además de limpiar el nombre de su antiguo jefe, quien está siendo investigado como parte de una trama de corrupción que alcanza a la policía y que ya hemos visto está presente en otras esferas de las estructuras de poder de Cuba.

En la parte erótica, Conde, durante la noche de su cumpleaños se reencuentra con Tamara, y a partir de este momento su relación con ella se va a estabilizar.

Padura, cualquiera que haya leído la saga de Mario Conde sabe eso, usa la novela negra para presentar su propia visión de la realidad cubana y de aquellos temas que la Revolución no ha logrado resolver y que, algunas veces, ha favorecido: el oportunismo político, el tráfico (y en menor medida) el consumo de drogas, la homofobia y la corrupción a todos los niveles de la sociedad y del poder político oficialista.

En este sentido Padura, al igual que otros escritores como Paco Ignacio Taibo II, Rubem Fonseca, Sergio Ramírez o la argentina Claudia Piñeiro se valen de la novela policíaca para presentar su visión de la realidad que los circunda; y esta es sin duda una nueva forma que va ganando legitimidad en este género narrativo.

La serie Cuatro estaciones en La Habana fue estrenada en la plataforma Netflix en diciembre de 2016 y está ambientada en La Habana del período especial, durante los años 90.

El proyecto fue dirigido por Félix Viscarret, un director español, quien rodó la filmación en el ambiente natural de la ciudad, particularmente en el barrio de El Vedado. La fotografía estuvo a cargo de Pedro J. Márquez y la dirección de arte recayó en el cubano Carlos Urdanivia, quienes hicieron un trabajo extraordinario al ambientar las escenas de la serie en las distintas locaciones de la ciudad, incluso usaron drones, lo que nos da una visión aérea de la urbe, sin faltar la belleza del malecón habanero.

En general el trabajo artístico tiene, me parece, una notable calidad cinematográfica y muestra que el cine hecho con escasos recursono tiene por qué ser una producción sin ideas y sin calidad.

Le puedo asegurar al lector, que la serie se disfruta de principio a fin, las actuaciones son consistentes y lo mejor de todo, es que el ambiente en que ocurre es muy real, y por si fuera poco, tiene la virtud de tener al autor como guionista, lo cual no siempre coincide.

 

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Sergio Inestrosa (San Salvador, 1957) es escritor y profesor de español y de asuntos latinoamericanos en el Endicott College, Beverly, de Massachusetts, Estados Unidos, además de redactor permanente del Diario Cine y Literatura.

 

 

 

Tráiler:

 

 

Sergio Inestrosa

 

 

Imagen destacada: La actriz Juana Acosta en Cuatro estaciones en La Habana (2016).