«Wildlife»: Cuando arde el sueño americano

Las claves de la ópera prima del también actor estadounidense Paul Dano: las grandes actuaciones protagónicas de Carey Mulligan y de Jake Gyllenhaal, la dirección de fotografía que recuerda a la pintura de Edward Hopper, y el formidable guión inspirado en la novela «Incendios», de Richard Ford.

Por Alejandra Boero Serra

Publicado el 14.10.2019

«Tengo que despertar, pero no sé de qué».
Jeanette

Paul Dano, actor de Ruby Sparks y Prisioneros, se prueba como director adaptando la novela Incendios (1990) de Richard Ford. Un drama que trasciende la temática remanida del derrumbe de un matrimonio de clase media americana gracias a la magnífica dirección, a la elección de actores y a un guión -Dano junto a Zoe Kazan- que sabe plasmar la frustración, el desconcierto y las contradicciones de una familia simple, sin más expectativas que tener una vida digna dentro de un sistema que promete bienestar y posibilidades, también, «para la gente pequeña».

Todo comienza y termina con un incendio y su propagación. Las llamas alcanzan una región -Montana-, una época -1960- y una familia -Jerry, Jeanette y Joe Brinson. También, la idealización de un sueño.

La tranquila y monótona Great Falls es el escenario de este gran incendio. Jerry Brinson (Jake Gyllenhaal), un esposo y padre amoroso, cálido, presente, pierde su trabajo como asistente en un club de golf, lo que genera que Jeanette (Carey Mulligan) deba buscar uno como profesora de natación y Joe (Ed Oxenbould), de 14 años deje sus clases de fútbol y reparta su tiempo entre el colegio y una ayudantía en un estudio fotográfico. La armonía familiar se rompe junto a la autoestima de Jerry, el cansancio de Jeanette y la impotencia de Joe. Todos buscan soluciones desesperadas. La más extrema, la del padre que se alista para contener los incendios forestales que se producen en la región. Mucho riesgo, mala paga y un escape fallido. De aquí en más, el gran logro del filme: el punto de vista desde la mirada de Joe. El miedo y el dolor de un tímido joven frente a los acontecimientos que lo exceden -la huida del padre y las decisiones erráticas de la madre- no pueden con el divorcio y las contradicciones de los adultos pero sí logra que el espectador sienta y vea desde su lugar de protagonista lastimado. El peso que los adultos no consiguen manejar cae en la incomprensión del niño que se consagra como protagonista absoluto.

Wildlife, ópera prima de Dano, resalta en muchos aspectos: una cámara que inscribe una cinematografía teatral -escenas que recuerdan la estética lánguida y distante de Edward Hopper-, los manejos de un tiempo que se dilata y se tensa a partir de diálogos precisos y silencios contundentes; el aporte de Diego Costa en una fotografía prolija -intensas las tomas en un exterior en llamas y un interior pequeño burgués y  un natatorio, que no pueden sostener las caídas-; actuaciones soberbias -Mulligan hace acopio de todos los registros que exhibe la complejidad psicológica del personaje en escenas memorables, Gyllenhaal compone a un hombre roto conteniendo las emociones más extremas y dolorosas, Oxenbould se lleva puesta la película en cada gesto de ternura y desesperación. Una historia mínima, fiel en lo sensible, universal en perseguir sueños que se diluyen en el camino.

No es fácil salir airoso en la adaptación de una pieza literaria y menos si la historia en cuestión resulta, hoy, un lugar común. Aún más, si se sitúa en tiempos y lugares que clasificarían como decadentes. En resumen, un debut que escapa a las modas y prioriza las emociones y una factura bien dirigida y mejor actuada en medio de una puesta en escena -arte y ambientación- que nos meten de lleno en el terreno del suspenso de una discreta y recomendable novela americana. No la del sueño. La del fuego devorador.

 

También puedes leer:

Cine trascendental: Wildlife, de Paul Dano: Del desamparo y de la madurez.

 

Alejandra M. Boero Serra (1968). De Rafaela, Provincia de Santa Fe, Argentina, por causalidad. Peregrina y extranjera, por opción. Lectora hedónica por pasión y reflexión. De profesión comerciante, por mandato y comodidad. Profesora de lengua y de literatura por tozudez y masoquismo. Escribidora, de a ratos, por diversión (también por esa inimputabilidad en la que los argentinos nos posicionamos, tan infantiles a veces, tan y sin tanto, siempre).

 

Carey Mulligan en «Wildlife» (2018)

 

 

 

 

Tráiler:

 

 

Imagen destacada: Un fotograma de Wildlife (2018), de Paul Dano.