[Crítica] «Depresión intermedia»: La locura y el abandono en las calles de Talca

Las vías de la capital del Maule, con sus barrios, sus parques y edificios, son el escenario del personaje creado por Alejandra Moya Díaz, y al cual acompañamos durante casi un año, desde mayo a enero específicamente, conociendo su errabundo pasar y sus reflexiones desde una perspectiva que me recuerda al protagonista de «La náusea» de Jean Paul Sartre.

Por Elvis Muñoz Cruz

Publicado el 23.2.2022

«Ahora recién se acuerdan de los locos, ahora que nos volvimos locos».
Caluga o menta

Depresión intermedia es la fosa tectónica que en nuestra región es denominada llano fluvio-glacio-volcánico y que en el Maule va de los 45 kilómetros de ancho, por Curicó, hasta casi 80 kilómetros por Talca.

Consiste en una serie de fallas, cuyo origen data del periodo terciario hace unos 66 millones de años, en el que producto del levantamiento de los dos extremos (Cordillera de los Andes y la Cordillera de la Costa) se hunde el terreno dando paso a una planicie que sería nuestro valle central, lugar de asentamiento para las primeras señales de vida que pisaron el continente, en un contexto y forma de organización muy distinta a la actual.

En otras palabras, habitamos un hoyo y el concepto de depresión intermedia vendría siendo algo así como un eufemismo para evadir la palabra hoyo o hundimiento o fosa. Y qué paradójico que sea más de uso común la palabra «depresión» que llano, por ejemplo.

Pero dejemos de lado las reflexiones geológicas y pasemos al libro. Es en este territorio donde transcurre la trama de la obra de Alejandra Moya. Las calles talquinas, con sus barrios, sus parques y edificios, son el escenario de un personaje al que acompañamos durante casi un año, desde mayo a enero específicamente, conociendo su errabundo pasar y sus reflexiones desde una perspectiva que me recuerda al protagonista de La náusea de Sartre.

Este sujeto con su relato, en forma de diario de vida mezclado con poesía, que el escritor Santiago Azar califica como: «una corriente de la memoria […] frente a un país que se nos ha tornado agobiante», está sumido en una soledad invernal que frustra los deseos de cumplir con las responsabilidades sociales, carentes de sentido frente a las ruinas de una ciudad.

A propósito: ¿han paseado por Talca considerando la gran cantidad de edificios emblemáticos caídos, incendiados, abandonados por años?

Desde antes del estallido para ser precisos.

 

El verdadero hoyo en el que se vive

Donde más se impregna del dolor del abandono es en el Hospicio de Talca; también en la villa Las América, separada por un muro al estilo Trump, pero que ha ido cayendo al estilo del muro de Berlín, por la pura necesidad de la gente de verse unida; otro dolor, percibido como propio, es el que siente en la 11 Oriente ante la contemplación del abandono de personas en situación de calle que se amparan en la pasta base; o frente a los desechos en el paso bajo nivel que conecta hacia la Nueva Holanda, cito:

«Que nunca falte el wáter en tu foto o un escombro de cemento y cerámicas de construcción, un buen pañal con caca y una ladysan con alas al lado de un condón lacio de sol. Hastiado de la gente y sus desechos, de la psiquiatría y mi proyecto, escribo en un basural cercano a la carretera, desde donde observo el crecimiento exponencial de esta ciudad campesina».

Así es el transitar de estos ojos misericordiosos, pero más que esto se trata de una compenetración que lleva a la resistencia de no alienarse con la vida moderna. Las preguntas salen a la vista y espontáneamente, cito nuevamente:

«¿Cuánto me gustaría negar con la memoria, la naturaleza de este cuerpo, que permanece instante por instante involuntario? ¿Y cómo reconciliar la contradicción que me desarraiga? Así sea razón, inconsciente o psicosis…».

Digámoslo nuevamente y con fuerza, la palabra depresión es un eufemismo para no aceptar el verdadero hoyo en el que se vive. Cito otra vez:

«Finalmente admiras la locura, al tiempo de entender que su forma única te relega más del mundo que al resto, apartándote incluso de ti mismo, al punto de boicotear la identidad y criterio del que la padece».

«No era depresión, era capitalismo», se ha dicho en estos últimos dos años, desde que se inició la revuelta popular que vino a coronar el sentir de quienes crecimos y nos criamos al alero del neoliberalismo chilensis. Otro hoyo sistémico en el que vivimos. Un hoyo geográfico, anímico y socioeconómico.

Se deja entrever que, en el fondo, el protagonista padece de locura, si hasta está recluido unas semanas al parecer, donde no por ello deja de escribir y pensar. Pero ¿qué es la locura? ¿de dónde nace? Difícil pregunta, compleja respuesta.

Pero lo que sí es cierto es que hemos estigmatizado y desoído al loco. Quedémonos mejor con las precisiones de Foucault que establece: «… sin prohibición alguna, el loco, ni aun encerrado, pierde nada de su personalidad civil, y el Parlamento de París ha precisado que esta prueba de facto de la alienación que es el internamiento no cambiaba en nada la capacidad legal del sujeto».

Qué es, pues, la locura, parece que no es más que la claridad de sentirse vivo, insisto junto a Foucault: «El alma de los locos no está loca».

 

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Elvis Muñoz Cruz es el facilitador del Programa PACE de la Universidad Católica del Maule.

 

«Depresión intermedia», de Alejandra Moya Díaz (Litoraltura Ediciones, 2021)

 

 

Elvis Muñoz Cruz

 

 

Imagen destacada: Alejandra Moya Díaz.