La fotografía urbana —cultivada entre otros por los artistas nacionales Sergio Larraín, Marcelo Montealegre y Marcelo Montecinos— busca captar la vida cotidiana en lugares públicos y en forma espontánea, sin preparar escenas, e incluye tanto a las personas como el espacio que las rodea.
Por Jaime Hales Dib
Publicado el 28.9.2026
«Salgo a caminar por la cintura cósmica del sur», canta Mercedes Sosa en la radio del auto, mientras recorro la cintura alta, cósmica, misteriosa y pintoresca de la ciudad de Valparaíso, guiado por el instinto de «cazadora de rincones e imágenes» de Maru.
Como lo he dicho en estas mismas páginas, no soy hincha de esta ciudad, pero he aprendido a conocerla gracias a estos paseos por los cerros y el plan de la urbe, deteniendo el auto cada ciertos trechos y bajándonos. Ella toma fotografías y yo camino.
Trato de ver el mar, observo las casas que cuelgan (literalmente muchas cuelgan) de los cerros y de otras construcciones. Se combinan palacios con viviendas pobres y sencillas, restos de imitaciones francesas e inglesas con la espontaneidad del carpintero local.
Pongo atención a la vida de personas que se mueven en patios y balcones, terrazas insólitas, haciendo de todo. Tienden ropa, desmontan la bicicleta que cuelga de la ventana, buscan el sol esquivo de las 10 de la mañana en otoño, observan el infinito como si no hubiese nada más que hacer.
Estudiantes de secundaria que eludieron ir a clases, evitando encontrarse con esos otros que caminan en dos filas ordenadas en busca de algún parque o museo, guiados por sus docentes.
Bajo al plan y me detengo ante esos grupos de muchachos y muchachas de las universidades del sector tendidos en el parque de Avenida Brasil luego de constatar la ausencia o el retraso del profesor de Cálculo I o de Derecho Civil, según sea su proveniencia académica.
Ellos se topan con cargadores de frutas y otros bultos que van hacia distintos comercios, alternando la calle con enfermeras y enfermeros de los consultorios que salen a fumar dándose un respiro en su trabajo (lo cual, por cierto, es un contrasentido).
La vida cotidiana en forma espontánea
Una selección de esas fotos se expone en la Galería La Escala (calle Cochrane 533), un recinto increíble en el centro neurálgico de la ciudad; está cerca del puerto, en medio de callejuelas donde conviven restoranes populares, monumentos militares y turistas de las más diversas nacionalidades.
Bajo el título Callejeando Valparaíso, Maru Hernández-Celis —fotógrafa, poeta, tecnóloga médica y astróloga— nos dice que «Valparaíso no necesita el mar; es el mar quien necesita a él, porque sin su gente, sus sonidos de sirenas del puerto, turistas, su paisaje de casas colgando en lugares imposibles, a ese mar le faltaría vida».
La exposición presenta imágenes de esta ciudad, instantáneas de los espacios marcados por la presencia humana —que mayormente no se registra— en sus formas, colores y combinaciones de retazos de vida (como una bicicleta que cuelga de la ventana de un segundo piso).
Es lo que los analistas llaman «fotografía callejera o urbana», especialidad a la que se dedica Maru, quien se siente estrechamente vinculada a Vivian Maier, fotógrafa autodidacta neoyorquina, ícono de la fotografía callejera del siglo XX, cuya obra la inspira y acoge.
Admira a fotógrafos urbanos chilenos como Sergio Larraín, quien retrató admirablemente la vida que bulle en Valparaíso y también a Marcelo Montealegre y Marcelo Montecinos, fotógrafos urbanos de la ciudad de Santiago.
La fotografía de este estilo busca captar la vida cotidiana en lugares públicos y en forma espontánea, sin preparar escenas, e incluye tanto a las personas como el espacio que las rodea.
Personajes, construcciones, grafitis, colores, puertas, ventanas, techos, rincones, arte.
El ser humano se expresa en la ciudad y Maru Hernández-Celis da cuenta de ello al capturar instantes únicos: cuando la luz es especial, cuando el entorno relaciona al sujeto individual con la totalidad de la ciudad permitiendo al artista hacer un relato icónico, que será único y personal, fusionando lo objetivo con lo subjetivo de un modo peculiar.
La fotografía que se nos ofrece en esta exposición, como el gran archivo de Maru —parte del cual está en Instagram— es la crónica de lo humano hecha sin prejuicios ni formalidades, exhibiendo un ojo especial para capturar la esencia del tránsito por la vida.
Inspirado en este trabajo, vuelvo a las calles. Camino en solitario.
Observo los edificios antiguos que combinan su belleza, a veces decadente, con la fealdad del edificio que alberga el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, dejando claramente establecida la apreciación que los burócratas han tenido de esas tres menciones. Camino más allá y en la puerta del edificio de la Corte de Apelaciones vuelvo a ver esa estatua que ofende a la justicia: espada envainada, la venda no cubre sus ojos y la balanza carece de equilibrio.
Pero todo armoniza, porque finalmente, como dan cuenta las fotografías de esta exposición, Valparaíso es la belleza de la contradicción: la ciudad en la que el gran Pablo Neruda compró una casa lejos del mar, para mirarlo, para llevarlo a las alturas de los cerros Florida y Bellavista; allí está el mar, que necesita a la ciudad para estar vivo y poder soportar el puerto.
***
Jaime Hales Dib (1948) es un abogado formado en la Universidad de Chile, poeta, narrador y profesor.
En 1995 fundó la Academia de Estudios Holísticos SYNCRONIA, luego fue agregado cultural en México durante el gobierno del Presidente Ricardo Lagos Escobar. También formó parte del directorio y fue secretario general de la Sociedad de Escritores de Chile (Sech).
Además, integró el Consejo Nacional del Libro y la Lectura de Chile, participó en la comisión redactora de la Ley del Libro, fundó la Editorial Casa Doce, ha publicado varios textos de su autoría y ha dado recitales poéticos en diversas ciudades tanto de Chile como del extranjero (Francia, España, Estados Unidos, Colombia, Ecuador, Panamá, Uruguay, Argentina y México).

Imagen destacada: Valparaíso, 1963 (de Sergio Larraín).

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