[Ensayo] «Payaso»: El largo viaje de un personaje

Los grandes temas que pone en evidencia el poemario del autor chileno Lucas Palacios son la soledad, la marginalidad, la identidad, la memoria, la supervivencia, el sueño, la muerte, el amor, la violencia, el abuso, y el peregrinaje continuo.

Por Max Valdés Avilés

Publicado el 26.9.2026

Payaso, de Lucas Palacios Covarrubias (1974) es un extenso poema que parece construirse alrededor de una paradoja: su protagonista lleva el nombre de quien está destinado a provocar la risa, pero su existencia transcurre bajo el signo de la errancia, la contemplación y cierta forma de melancolía.

En efecto, Payaso parece no pertenecer enteramente a ningún lugar. Avanza, observa, recuerda, sueña y sobrevive. En ese desplazamiento permanente, el personaje adquiere algo del antiguo pícaro, aunque despojado de buena parte de su astucia y trasladado a un territorio más íntimo y contemporáneo: el de un niño/hombre que parece buscar su lugar en el mundo mientras el mundo, a su vez, parece no tener un lugar para él.

Payaso no es una simple sucesión de poemas. Se puede leer como una obra poética – narrativa, casi como un largo viaje de un personaje, y no como un poemario convencional.

Y surge la pregunta: ¿Qué clase de personaje es Payaso? ¿Es un sujeto lírico, un personaje narrativo, un antihéroe, un pícaro contemporáneo? ¿Qué significa su errancia? A partir de ahí podemos observar qué le ocurre al personaje, por dónde transita, con quién se relaciona, qué mira, qué recuerda, qué desea y, sobre todo, qué representa ese deambular: «Payaso duerme poco y sueña todo el día». Desde el inicio del poemario hay aquí una oposición muy interesante: vigilia/sueño, realidad/imaginación, sobrevivir/deseo.

Payaso parece ser un personaje de la marginalidad que atraviesa el mundo, un pícaro contemporáneo, pero cuya aventura exterior está acompañada por una permanente exploración interior.

Así como el pícaro deambula; Payaso deambula; el pícaro conoce diferentes ambientes sociales; Payaso puede convertirse en observador de distintos mundos; el pícaro sobrevive; Payaso parece enfrentarse a una existencia precaria; el pícaro suele estar situado en los márgenes; Payaso parece pertenecer a ese territorio de los desplazados; pero el pícaro tradicional suele utilizar el ingenio para sobrevivir, mientras que Payaso parece tener una dimensión mucho más contemplativa y poética: Payaso sería una suerte de pícaro sin picardía, o un pícaro existencial.

El lector se pregunta en cuanto al personaje: ¿Quién es? ¿Busca algo? ¿Huye de algo? ¿Ama? ¿Recuerda? ¿Qué teme? ¿Qué desea? Pero hay una pregunta todavía más importante: ¿Payaso tiene una identidad estable o se va construyendo a medida que avanza el poema?

 

Un tipo humano más amplio

Entonces aparece aquí una función simbólica: Si Payaso cambia de aspecto, de lugar, de comportamiento, de relaciones o incluso de personalidad, entonces estamos ante un personaje mutable, casi proteico.

De esta forma, Payaso deambula por: casa → calle → bar → trabajo → ciudad → campo → habitación → viaje →muelle →circo →escuela →cantina → etcétera. ¿Estos lugares son simplemente escenarios o modifican al personaje? La literatura picaresca se construye muchas veces mediante el desplazamiento: el protagonista entra en un mundo, lo abandona y entra en otro.

Por tanto posee una estructura itinerante. Incluso aunque el poemario no tenga capítulos, podría existir una estructura profunda: encuentro → desplazamiento → experiencia → pérdida → nuevo desplazamiento etcétera. Así el poema avanza cronológicamente. Hay infancia, adolescencia, adultez.

El presente provoca recuerdos del pasado. Payaso recuerda acontecimientos que el lector va reconstruyendo poco a poco. Es así como la ausencia de capítulos o nombres a los poemas podría ser deliberada. Puede producir una sensación de continuidad temporal, como si la existencia del personaje fuera un flujo ininterrumpido.

Por otro lado el hablante lírico manifiesta una distancia respecto de Payaso. El personaje no parece decir «yo». ¿Por qué el poeta habla de Payaso en tercera persona?

Esa distancia puede significar varias cosas. Payaso podría estar observándose desde fuera; convertido en personaje de sí mismo; intentando distanciarse de su propia vida; funcionando como alter ego del poeta; representando a un tipo humano más amplio.

Lo importante es observar sistemáticamente qué efecto produce esa tercera persona. Y ahí nos llevamos varias sorpresas que dan cuenta de la calidad literaria de esta pieza poética.

Y hay algo más sorprendente aún: la voz que poetiza a Payaso le hace preguntas a su personaje. Y Payaso asimismo pregunta a esa voz: «¿Servirá el éxito para que me quieran? No, Payaso. Para eso se requiere otra cosa». Existen otros diálogos, como el del peregrino o andariego que le pregunta si está de paso por ese sitio; a lo que Payaso responde: «De paso, ¿como tú?» Lo que lo vuelve un poema dialógico en ciertos versos. Es ésta una apuesta interesante y al mismo tiempo controversial que se mantiene a través de las 184 páginas que constituyen este libro propuesto por Lucas Palacios.

Con todo, el tono poético posee una combinación potencialmente interesante: melancolía + extrañeza + marginalidad + contemplación. Y el propio nombre Payaso abre una contradicción. El payaso pertenece tradicionalmente al territorio de la risa, pero el personaje que aparece aquí: «está pensativo, observa las líneas de la mano, comprendiera un duelo, duerme poco». Parece estar mucho más cerca de la tristeza que de la comicidad.

Entonces: ¿Por qué se llama Payaso? ¿Es realmente un payaso? ¿Es alguien que hace reír? ¿Es alguien que representa un papel ante los demás? ¿El payaso es una máscara? ¿El mundo es el escenario? ¿La identidad del personaje consiste precisamente en ocultar su vulnerabilidad mediante una máscara?

Sin duda la construcción poética de Payaso nos habla de un sujeto melancólico, que busca una identidad: «Encontrar mi fe», dice Payaso. Sobre todo es altamente vulnerable: lo golpean en la escuela; lo golpean en las cantinas; en la cubierta de un barco. Payaso se pregunta, «quién soy». «Quiere ser quien siempre fue. Soy un poeta, un bailarín. Es un mendigo que duerme en callejones arrumbados».

Según la tradición literaria Payaso puede representar al antihéroe moderno y pertenecer a una tradición mucho más contemporánea de personajes desplazados, derrotados o marginales. O bien al vagabundo literario, personajes que recorren el mundo sin pertenecer completamente a él. Aun a la tradición del clown/trágico y es aquí donde se visualiza una oposición: risa / tristeza; máscara / rostro; representación / identidad; espectáculo / soledad.

Finalmente cuáles son los grandes temas que pone en evidencia el poemario de Lucas Palacios: soledad, marginalidad, identidad, memoria, supervivencia, sueño, muerte, amor, violencia, abuso, peregrinaje continuo.

Payaso es una lectura atractiva que sorprende al lector. Un viaje profundo y sensible que puede afectarnos por su brillante elaboración poética. Lucas Palacios tomó años en escribir la historia y el periplo de Payaso y vaya que lo hizo bien.

 

 

 

 

 

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Max Valdés Avilés (1963) es novelista, cuentista y escritor de literatura infantil. Asimismo es magíster en edición de la Universidad Diego Portales y máster en edición de la Universitat Pompeau Fabra de Barcelona. Actualmente es profesor de escritura creativa en la Universidad Andrés Bello.

 

«Payaso», de Lucas Palacios Covarrubias (Las Bacantes Editorial, 2026)

 

 

 

Max Valdés Avilés

 

 

Imagen destacada: Lucas Palacios Covarrubias.

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