[Crítica] «Fiesta»: La pasión y los celos marcan la tensión

Con un estilo aparentemente objetivo, vigoroso y despojado de la prosa tradicional del léxico romántico —según cuentan fue Ezra Pound quien enseñó a Hemingway a desconfiar de los adjetivos—, el autor estadounidense construye en esta novela una narración absorbente, hermosa, tiernamente absurda y desgarradora.

Por Eduardo Suárez Fernández-Miranda

Publicado el 7.8.2026

«Fiesta marcó el comienzo de una era… En 1926 Ernest Hemingway se convirtió en vocero de una generación que sólo podía estar orgullosa de sus heridas. Y ya nada sería como antes».
Juan Villoro

En algunas ocasiones, vida y obra de un escritor se entremezcla de tal forma, que lo narrado atrapa momentos de la vida real y, en raras excepciones, la propia vida se vive para poder ser plasmada en la obra. Así ocurre con Ernest Hemingway. Nacido en Oak Park (Illinois), es uno de los escritores que se han convertido en mito del siglo XX. No solo por su obra literaria, sino por su propia existencia.

Cazador, guerrillero, boxeador, adicto al alcohol, a los toros y a las peleas de gallos, se convirtió, por decisión propia, en uno de sus personajes de ficción. Su vida errabunda por los conflictos bélicos del siglo XX como corresponsal de guerra; su afición a la caza le llevó por el continente africano; y en Cuba y Estados Unidos practicó su otra gran pasión: la pesca, experiencia que utilizó para alguna de sus novelas más recordadas, recordemos El viejo y el mar.

La editorial Lumen, que ya había publicado Adiós a las armas; Por quién doblan las campanas; Verdes colinas de África; El viejo y el mar; París era una fiesta o sus Cuentos, acaba de reeditar —en la rigurosa traducción de Miguel Temprano— con ocasión del centenario de su publicación original, Fiesta.

 

La desilusión de una generación

Con un estilo aparentemente objetivo, vigoroso y despojado de la prosa tradicional del léxico romántico —según cuentan fue Ezra Pound quien enseñó a Hemingway a desconfiar de los adjetivos—, el autor estadounidense construye en Fiesta una narración absorbente, hermosa, tiernamente absurda y desgarradora convirtiéndola en una de las obras más refinadas y sobrias que ha producido su generación.

Nos situamos en la década de 1920, en París. Jake Barnes, un maltrecho veterano de la Primera Guerra Mundial trabaja como periodista. En la capital francesa cae rendidamente enamorado de Lady Brett Ashley, una mujer divorciada que goza de independencia y de su libertad. Su único objetivo en la vida es divertirse.

Siguiendo los pasos del propio Hemingway, los personajes de Fiesta viajan a España para contemplar las corridas de toros, durante los Sanfermines. Jake, Lady Brett y un grupo de amigos expatriados forman un conjunto donde la pasión y los celos marcan la tensión de la novela.

Fiesta es la primera novela del escritor norteamericano. Con un escenario que invita al jolgorio y la diversión, Hemingway analiza la desilusión de una generación que vivió el horror de la guerra muy de cerca. En 1957 fue llevada al cine de la mano de Henry King, con Ava Gardner y Tyrone Power en los principales papeles.

 

 

 

 

 

 

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Eduardo Suárez Fernández-Miranda nació en Gijón (España). Licenciado en derecho por la Universidad de Sevilla, realiza sus estudios de doctorado dentro del Departamento de Literatura Española e Hispanoamericana de la misma Casa de Estudios superiores.

Colabora como crítico literario en las revistas españolas El Ciervo, Serra d’Or, Llegir.cat, Gràffica y Quimera, donde lleva a cabo una serie de entrevistas a escritores, editores y traductores, nacionales y extranjeros.

Asimismo, escribe para las publicaciones americanas Cine y Literatura (Chile), La Tempestad (México), Continuidad de los Libros (Argentina) y Latin American Literature Today (University of Oklahoma). También, colabora de forma ocasional en los diarios asturianos El Comercio y La Nueva España.

 

«Fiesta», de Ernest Hemingway (Lumen, 2026)

 

 

 

Eduardo Suárez Fernández-Miranda

 

 

Imagen destacada: Ernest Hemingway en 1949.

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